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e-rph 1, dic.07 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 1, diciembre 2007
Concepto | Estudios
 
 
El futuro del Patrimonio Histórico: la patrimonialización del hombre | José Castillo Ruiz
 
     

 

d) La dificultad para establecer jerarquías de valores, niveles y grados. La subrogación que, como antes decíamos, la disciplina patrimonial está haciendo en lo referido a la conceptualización del Patrimonio Histórico, está provocando un gran desorientación en cuanto a la necesaria labor de diferenciación, selección o graduación que requieren los bienes culturales, primero en cuanto a su declaración formal y, segundo, en cuanto a la fijación del régimen de protección. En este sentido, las disciplinas, que serían las que deberían determinar los criterios de selección en el ámbito de los valores, en la mayoría de los casos carecen de ellos, ya que su mecánico y acrítico trasvase al ámbito patrimonial lo que ha producido es que se proceda simplemente a renombrar sus objetos de estudio bajo el término patrimonial (así los objetos integrantes de la Historia del Arte se han convertido en patrimonio histórico-artístico), por lo que no caben criterios que permitan determinar la mayor o menor relevancia y la condición patrimonial o no de sus objetos. Por otro lado, si nos trasladamos al ámbito de los significados, resulta muy difícil situar aquí el procedimiento y los criterios para proceder a esa selección, ya que puede resultar contraproducente, pues podría sustituirse la necesaria selección por la inaceptable discriminación.

Derivado de todo lo expuesto podemos concluir que una de las deficiencias más importantes que presenta el concepto de Patrimonio Histórico es la dificultad para determinar no tanto lo que es como lo que no es patrimonio histórico, ya que, como consecuencia del comportamiento antes descrito de las disciplinas, la tendencia que se está imponiendo en la actualidad es no reconocer el “no patrimonio”, produciéndose en cierta manera una “arqueologización” del mismo, en el sentido, como sucede con esta masa de bienes, de que cualquier objeto del pasado (incluso del presente), por el hecho de serlo (incluso de haberlo sido), ya es Patrimonio Histórico (4). [Ilustración 3] [Link 3 y 4]


Ilustración 3. La arqueologización del patrimonio histórico. Restos de la Plaza de Toros de la Real Maestranza (1768) hallados en la Avda. Constitución (Granada). Desmonte y posterior reconstrucción (¿?) en la 1ª planta del parking. Predominio de su condición arqueológica frente a los valores histórico-urbanísticos, que desaconsejaban su desmonte.

e) Desconsideración de la condición global y unitaria del Patrimonio Histórico frente al reconocimiento fragmentado o singularizado de tipos de bienes. Consecuencia sobre todo del inadecuado comportamiento de las diferentes disciplinas en el campo patrimonial y la falta de una correcta acción tutelar interdisciplinar, cada vez es más patente la escasa consideración (al margen del ámbito estrictamente legal) que merece el patrimonio histórico en su conjunto (extensible a las política tutelares, cada vez más fragmentadas y compartimentadas) y, por el contrario, la creciente atención prestada a diferentes tipos o masas patrimoniales.

La necesidad de mantener y potenciar la consideración unitaria y global del patrimonio histórico no necesita muchos argumentos, decir simplemente que sin ella no existiría ni el propio concepto ni las políticas tutelares, por lo que queda fuera de toda duda lo inadecuado de este proceder sectorializador.

f) Falta de correspondencia entre la fundamentación del patrimonio histórico en el interés general y el verdadero interés manifestado hacia él por los ciudadanos. Aunque pronto tendremos un conocimiento exhaustivo sobre la consideración social del patrimonio histórico en España (en este mismo número de e-rph se anticipan ya los primeros resultados de un amplio estudio que la Fundación Caja Madrid está realizando sobre esta cuestión y cuyos resultados finales se presentarán el año próximo), si tomamos como referencia lo que sucede en otros países (5) nos encontramos con que la actitud general de los ciudadanos (extrapolable, creemos que sin mayor problema, a nuestro país) hacia su legado histórico es la de desconocimiento, desinterés, desafección, etc. [Ilustración 4] [Link 5, 6, 7 y 8]. Resulta por tanto imprescindible, como se realiza en otros ámbitos relacionados con la vida, con los derechos fundamentales de los ciudadanos (Medio Ambiente, recursos naturales, accidentes de tráfico, etc.), que las administraciones públicas apliquen políticas y programas destinados a la concienciación, lo cual ayudaría a convertir en efectivo un derecho fundamental todavía muy alejado de la realidad. [Link 9 y 10]


Ilustración 4. Casa de Cuesta de Carvajales 3 (Albaicín, Granada). Noviembre 2006. Pintadas y deterioro general del edificio. Responsabilidad social y del propietario. Proceso de rehabilitación impulsado por el ARC del Bajo Albaicín.

En este sentido, una cuestión de enorme calado es la necesidad de respetar una de las premisas básicas en la relación patrimonio histórico-sociedad: la de la igualdad, entendida en el binomio democratización y universalidad. La escasa implicación ciudadana sobre el patrimonio histórico, unida a la enorme relevancia social, cultural y económica del mismo, está provocando que en los últimos años esta necesaria comunicación patrimonio-ciudadano también se vea sometida a una fragmentación derivada de su cada vez mayor instrumentación. Nos encontramos así que frente al interés general se contrapone el interés (o intereses) de los residentes, de la población local, de los usuarios, de los turistas, de los consumidores, etc. Especialmente trascendentes son los cada vez más habituales procedimientos de participación pública en la definición de las políticas tutelares, los cuales están produciendo una legitimación de la pertenencia de los bienes culturales, por lo general entendidos como recursos culturales, a la población local donde éstos se sitúan, lo cual puede tener un efecto reduccionista del interés patrimonial que choca frontalmente con la dimensión universal, o sea ciudadana, del mismo.

A la luz de todas estas carencias, confusiones, limitaciones, etc. que presenta el concepto de Patrimonio Histórico, todo ello al margen de las tendencias que se advierten como mutaciones futuras del concepto y que ahora analizaremos, consideramos que es necesario que se aborde desde los fundamentos de la protección una correcta y adecuada caracterización de este concepto, la cual debería acercarse a esta definición: el Patrimonio Histórico es el conjunto de bienes materiales e inmateriales relacionados con la actividad del hombre a lo largo de la historia, los cuales disponen de significados para los ciudadanos en el presente, lo que exige su protección. Consideramos que esta definición recoge algunas de las claves que estimamos imprescindibles en la caracterización del Patrimonio Histórico:

- Su fundamentación en el interés que éste tiene para los ciudadanos.
- La condición unitaria, holística de todos los bienes.
- Su vinculación con los bienes materiales e inmateriales realizados por el hombre a lo largo de la historia, de ahí el término patrimonio histórico.
- La necesidad de unir la identificación de los objetos patrimoniales a la actuación sobre ellos, a la protección, la cual se define como acción realizada en el presente sobre los bienes históricos con la finalidad de satisfacer las demandas reclamadas socialmente. De nuevo se justifica y legitima el término patrimonio histórico.


Tendencias en la caracterización del Patrimonio Histórico. La patrimonialización del hombre

Todos estos presupuestos o premisas en cuanto a la construcción del concepto de Patrimonio Histórico nos permiten situar y contextualizar el análisis que, de forma específica, queríamos abordar en este artículo: las claves que identifican en el momento presente su caracterización y, sobre todo, las tendencias futuras que se perciben. En este sentido, hay una idea que va a marcar nuestra reflexión: la constatación de que asistimos en estos últimos años al inicio de una profunda reorientación de este concepto, convirtiéndose en el principio de lo que a la larga puede convertirse en el final de su evolución: la patrimonialización del hombre. Esta transmutación del papel desempeñado por el hombre en el patrimonio histórico, pasando de sujeto patrimonial (fundamentador y destinatario de las políticas tutelares) a objeto patrimonial (el hombre como objeto de protección), de consolidarse y desarrollarse, implicaría una serie de cambios muy trascendentales en lo que hoy entendemos por este concepto, entre ellos, su desmaterialización y desterritorialización o descontextualización.

Para realizar este análisis sería necesario partir de la identificación de las claves que, de forma más o menos consensuada por la doctrina patrimonial, determinan la caracterización del Patrimonio Histórico en los últimos años. Son varias:

- La primera, y quizás más visible y atendida, la conexión o consideración unitaria de los bienes culturales y naturales. Al margen de la identificación de nuevos valores que permiten unificar en una misma masa patrimonial estos dos tipos de bienes (como por ejemplo el de la identidad), esta interrelación de bienes lo que está propiciando es que el ámbito físico en el que ésta se produce, el territorio, acabe reclamándose como ámbito de protección propio, proponiéndose incluso nuevos términos como el de Patrimonio, Patrimonio Territorial (6) y, en menor medida, el de Paisaje. Esta nueva conceptualización podríamos considerarla, además de un paso más en la constante ampliación o extensión de los tipos de bienes a proteger, como una profundización en lo que constituye una de las aspiraciones de la historia de la tutela, la contextualización de los vestigios históricos, aunque en este caso, traspasando incluso los objetivos de esta contextualización al convertirse este contexto en el propio objeto de protección. Como acertadamente señala Celia Martínez Yáñez, hemos pasado de la territorialización del Patrimonio a la patrimonialización del territorio (7). [Ilustración 5]


Ilustración 5. Vega de Granada. La plataforma Salvemos la Vega y el OPHE ha solicitado formalmente que se incoe el expediente de declaración de la misma como BIC, Sitio Histórico.

- La segunda, una ampliación sin precedentes de los bienes susceptibles de proteger. No sólo la interrelación de bienes culturales y naturales conforma esta ampliación, sino que dentro de los bienes culturales asistimos al reconocimiento de nuevos valores y tipos de bienes: el patrimonio material e inmaterial etnológico, el patrimonio arquitectónico del siglo XX [Link 11 y 12], el patrimonio industrial y minero, el patrimonio audiovisual, en especial el cinematográfico, el de las minorías étnicas y sociales, patrimonio de género, el paisaje, los bienes técnicos y científicos, el patrimonio de la obra pública, en especial el ferroviario, etc.

- La tercera, y que afecta indirectamente a la caracterización del patrimonio histórico, la modificación en los objetivos de la tutela, sustituyendo el acceso a la cultura o el disfrute de los bienes culturales por el aprovechamiento productivo. Desde esta perspectiva el Patrimonio se entiende como un recurso, como un factor de desarrollo capaz de generar riqueza en el ámbito geográfico o espacial, preferentemente local, en el que éste se sitúa, y desde una perspectiva sostenible tanto social, territorial como temporal a través de los diversos efectos económicos directos, indirectos, tangibles e intangibles (Herrero Prieto, 1998: 239-267) que éste puede generar, especialmente a través del turismo cultural (8) [Ilustración 6] [Link 13 y 14]. Para conseguir estos objetivos, resulta esencial, por un lado, la fusión o combinación de todas aquellas masas patrimoniales que permitan un uso turístico global de la zona (la referida unión de espacios naturales y culturales tendría aquí una nueva justificación instrumental) y, por otro lado, un modelo de gestión donde la iniciativa privada tenga una presencia más relevante, tal y como sucede en cualquier otro ámbito y proceso económico, especialmente a través de iniciativas de revalorización (la Interpretación del Patrimonio se convierte así en la principal herramienta). [Link 15]


Ilustración 6. Turismo de meditación en Machu Picchu (Cuzco, Perú) (agosto 2006).

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