e-rph nº 1, diciembre 2007 Concepto | Experiencias
La protección del patrimonio cultural: ordenación del territorio y gestión del patrimonio en la alpujarra media granadina | Santiago Amaya Corchuelo, Laura Velasco García e Irene Santiago Pérez.
En unos casos se trata de acciones de agentes privados, generalmente relacionados con el sector servicios, aunque también encontramos algunas correspondientes al sector agrícola; otras son patrocinadas desde las administraciones públicas (8) y entre ellas hay que destacar por su tremenda trascendencia, la actual redacción de Planes Generales de Ordenación Urbanística para los núcleos de población del área.
Reflexiones
Este acercamiento que hemos hecho desde la empresa GESTO S.L. a un caso tan relevante de tutela del patrimonio, adolece de un análisis técnico que daría lugar a exponer, analizar y discutir un buen número de ideas. Sin embargo el escaso margen disponible nos constriñe y es obligatorio este gran ejercicio donde en apenas unas líneas debemos reflejar el trabajo de cinco años, los resultados, algunos de sus principales significados, etc. De cualquier modo no queremos dejar pasar la oportunidad para recapitular sobre algunas ideas.
Como es bien sabido por quienes nos dedicamos plenamente al ámbito patrimonial desde un punto de vista profesional, este mundo no se puede entender sin tener en cuenta la variable política. O dicho de otro modo, las decisiones que se toman respecto al patrimonio cultural, la tutela, intervenciones o cualquier medida de valorización, están directamente relacionadas con las decisiones que se toman desde el ámbito ejecutivo, el de los políticos, a muy distintos niveles. Este solo punto de por sí apasionante, nos llevaría a escribir un solo capítulo, pero lo traemos a colación para relacionarlo directamente con el siguiente planteamiento: por qué se ha delimitado concretamente esta área de la Alpujarra de Granada para su protección cuando, tal como nos han señalado en muchas ocasiones, gran parte de la Alpujarra –tanto granadina como almeriense- comparte los valores culturales que observamos en la zona protegida como Sitio Histórico? Es cierto que el Decreto 129/2007 de 17 de abril, por el que se declara este Bien de Interés Cultural (Boja, número 86 del 3 de mayo de 2007), deja muy claro la justificación sobre los extraordinarios valores que caracterizan concretamente a este territorio. También se exponen los criterios que fundamentan el establecimiento de un entorno de protección compuesto por tres polígonos. A pesar de todo ello, la influencia de las decisiones políticas en el caso no se puede despreciar, verbigracia, en los elementos que entraban a formar parte del BIC, o por dónde debía discurrir la delimitación de la línea del entorno, o si era “preferible” o no que algún municipio se incorporase o excluyese de la declaración. En definitiva, solo estamos corroborando no la ingerencia, sino el hecho de que no podemos entender la tutela del patrimonio sin la fuerte penetración de la política en cuestiones que puedan parecer objetivas y exclusivamente técnicas. Lo técnico y lo político a distintas escalas son variables inherentes en la realidad de la gestión administrativa del patrimonio cultural, y ello se siente especialmente desde el nivel empresarial cuando se participa en la redacción de un expediente como el de la Alpujarra Media Granadina.
El análisis de la lógica que ha dictado el mismo proceso de actuación nos ha permitido comprobar sobre el terreno cuestiones que están indisolublemente unidas a cualquier propuesta sobre el patrimonio, refieren a su carácter de representación social, a su naturaleza selectiva y a su carácter intangible. Aspectos, todos ellos, que se van a activar en el momento mismo en el que se establece cualquier intervención. De modo que lo que hoy entendemos por patrimonio, es también y además, fruto de esas mismas actuaciones políticas y va a estar regido por las directrices y normativas que emanan desde las instituciones internacionales. El análisis de esta normativa nos enseña que el mismo ámbito del patrimonio es un campo en continua construcción.
En este caso, y cambiando de posicionamiento, uno de los ejes centrales ha sido el carácter emblemático de bien cultural en sí que adquiere el territorio, contemplado no como un mero soporte sobre el que se reparten aleatoriamente una serie de elementos culturales, sino como un conjunto relacionado y vinculado a la actividad humana. Un territorio y un patrimonio, por tanto producido, construido, vivo y dinámico. En este sentido, contemplado por los nuevos agentes sociales del desarrollo como recurso económico y eje central de actuaciones. Estas actuaciones van a constituir la base de las nuevas formas de patrimonio que se generen: su gestión se convertirá en un buen laboratorio de estudio al que deberemos permanecer atentos.
Hasta ahora hemos analizado un modelo de intervención de carácter proteccionista generado por la misma administración, ante la fragilidad y la urgente necesidad de intervenir para la conservación de un conjunto donde la incidencia de los modelos exógenos habitacionales puede resultar catastrófica, tanto para la arquitectura como para el paisaje, a pesar de que se trata de elementos en pleno uso, actividades vigentes e inmuebles habitados y en transformación. Esta dinámica cultural es imparable y bajo ningún pretexto se puede arqueologizar o embalsamar, porque, entre otras razones, estaríamos impidiendo la generación de nuevos bienes culturales. Ahora bien, creemos que es prioritaria la creación de un órgano o gabinete técnico multidisciplinar que gestione y coordine in situ todas las acciones en estos municipios, que entiendan la naturaleza de conjunto que se da en el área, la interrelación entre naturaleza y cultura. Por ello, no solo en manos de la administración de cultura debe recaer esta gestión, sino que es absolutamente necesaria la coparticipación de ámbitos como el de medio ambiente, urbanismo, turismo y agricultura. Esto es obvio cuando nos encontramos un territorio buena parte del cual pertenece a un Parque Natural y otro tanto a un Parque Nacional, cuando las presiones urbanísticas de la población local y sobre todo de la foránea son muy altas, cuando la zona recibe un gran número de distintos tipos de turistas, o cuando debe mantenerse un tipo de agricultura autóctona, tradicional y característica de estos municipios.
El binomio cultura y desarrollo es una cuestión hoy recurrente y, por supuesto, ineludible. La asunción de este discurso a nivel institucional ha incidido en el mayor conocimiento, y lo que es más importante, en un cambio en la visión despectiva, en muchos casos ligada a la pobreza del pasado, con que frecuentemente eran miradas este tipo de manifestaciones. No cabe duda que ello ha promovido el reconocimiento del valor de lo propio, al tiempo que ha dignificado la cultura local [Imagen 8]; todo un logro en los tiempos de dominación de la cultura global en los que vivimos.
Imagen 8
Pero estos aciertos y ventajas conllevan otras tantas debilidades. Así, la subrayada vinculación entre patrimonio y desarrollo no deja de ser un discurso de intenciones de muchos de estos proyectos porque es evidente que su éxito teórico puede revertir muy negativamente en la pérdida de riqueza patrimonial del área en cuestión. Pensemos en la incidencia del turismo en tres poblaciones vecinas a las actualmente protegidas como Sitio Histórico de la Alpujarra Media Granadina. Nos referimos al Barranco de Poqueira, y cómo desde hace ya más de una década, tras la protección legal de tres términos municipales contiguos, su economía se ha terciarizado, sus habitantes han aumentado el nivel de vida, el material entendemos, porque si comparamos distintos elementos de su cultura tradicional, la pérdida de riqueza y variedad parecen evidentes.
Obviamente la acción proteccionista permitirá y facilitará que asistamos a cierta reactivación de sectores productivos locales, acogidos a acciones más amplias de promoción, recuperación y valorización del patrimonio cultural, con iniciativas que abren nuevos cauces. Trabajar con la cultura es una labor extremadamente delicada que tiene que partir necesariamente de su profundo conocimiento y que requiere de la participación activa de sus actores sociales. Por tanto, cualquier proyecto que no parta de estos principios irrenunciables, se situará en la mercantilización y venta de los valores culturales en que se están burdamente posicionando algunas de estas iniciativas.
Bibliografía
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