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e-rph 1, dic.07 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 1, diciembre 2007
Difusión | Estudios
 
 
La difusión del patrimonio. Actualización y debate | Marcelo Martín Guglielmino
 
     

 

¿Cuál es la distancia que media entre lo que filosofamos en torno del patrimonio y la proyección que su explotación y disfrute tiene para la sociedad real?

No cabe duda hoy, de que el siglo XX fue un tiempo de reconocimiento de la importancia de la defensa y conservación de la biodiversidad, la hora de mirar con curiosidad y protección la diversidad cultural de todos los pueblos del planeta. Reconocimientos que se materializaron en leyes, convenciones internacionales y acciones directas.

Se ha superado el concepto de patrimonio como objeto, tesoro histórico y estético, para ingresar en una concepción más amplia que incluye el contexto físico, social y cultural y el reconocimiento del valor de uso del patrimonio, todo ello como referente y comprensión del sentido de pertenencia y de identidad de una comunidad (1).

Aunque compleja es aún la rémora que traemos de aquella época del patrimonio tesoro, donde la valoración de los recursos está en función de su tamaño, originalidad, antigüedad, monumentalidad, pintoresquismo, tradicionalismo, escasez, excepcionalidad. Complejidad que persiste en la selección y profundidad en investigación del patrimonio; con las modalidades para su conservación, y con las formas de gestión e inversión de recursos para la difusión.

En tal sentido es interesante el análisis del mercado formativo de postgrado en gestión del Patrimonio, amplísimo y diverso. Un somero estudio de los programas de cursos y maestrías que se ofrecen nos permite afirmar que la distancia entre las técnicas de conservación y restauración, las de documentación y las de marketing y comunicación se han disparado respecto de los avances en metodologías de investigación o en técnicas de difusión.

Esta distancia marca la tendencia, y con ello me refiero a la diversidad de temas e inclusión de prácticas nuevas que arriban de disciplinas que no están, todavía, muy asentadas en los programas de licenciaturas universitarias. Un gran aparato técnico científico para restaurar conservar, un espectro técnico expresivo y mediático avanzado para comunicar. En los extremos, el conocimiento y la difusión de ese conocimiento, en esencia parece relegado respecto de la parafernalia anterior, todo ello sin desmerecer en nada su efectividad particular.

Abordaremos entonces en este artículo el tema de la difusión del patrimonio, lo cual, como ya habrán observado (y quizá discutido) separo del de la comunicación. Me remito para ello a la definición que hiciera en 1996:

Difusión es una gestión cultural mediadora entre dicho patrimonio y la sociedad


Gestión porque implica un proceso complejo que abarca documentar, valorar, interpretar, manipular, producir y divulgar no ya el objeto en sí, sino un modelo comprensible y asimilable de dicho objeto en su relación con su pasado histórico y su medio presente. Cultural porque se opera con la obra del hombre, tangible e intangible, pasada y presente, que rodea e influye en el ciudadano de hoy hasta ser parte misma de su historia y por tanto de su identidad. Mediadora porque requiere de una técnica y un soporte material independiente del objeto y ajena al sujeto que la recibe.

Caigo en la cuenta de que ha transcurrido más de una década, que ha hecho su entrada en escena la interpretación del patrimonio, la dinamización del patrimonio, la inclusión social, las nuevas tecnologías, conceptualizaciones tales como patrimonio como factor de desarrollo, accesibilidad, sostenibilidad, virtualidad, etc.

Por tanto, es momento de plantearse una reelaboración o ampliación de aquella definición.

La Difusión es uno de los tres pilares en los que se sustenta la gestión del patrimonio y su misión es establecer el necesario vínculo entre el Patrimonio y la Sociedad




En este esquema de la dinámica de la gestión patrimonial observamos las relaciones especiales de la difusión en dicha gestión. Difusión en su doble vertiente de dar, por una parte, accesibilidad al uso y disfrute del patrimonio a la sociedad y, por otra, como una actividad de transferencia de conocimiento. La musealización y la interpretación son las disciplinas para la presentación del patrimonio al público, tanto en su contexto, en un yacimiento arqueológico o centro histórico, por ejemplo, como fuera de su contexto, en un museo o un centro de visitantes. El objetivo fundamental es la concienciación de la sociedad de los conceptos de fragilidad: el patrimonio puede perderse; de pertenencia: el patrimonio es de la sociedad; y de perdurabilidad: el patrimonio debe legarse a las generaciones futuras.

El Patrimonio pertenece y es producto de la sociedad, tanto en su materialización original como en su contextualización actual. Pero no siempre la sociedad es consciente del valor de pertenencia que posee ni del alcance del reconocimiento de todo lo que definimos como Patrimonio. Esta es la clave de la importancia que establecemos en nuestra nueva definición de dicho vínculo, al que nosotros equiparamos con reconocimiento. Es decir, que la misión de la Difusión es establecer un re-conocimiento del patrimonio por parte de la sociedad.

Este vínculo implica dotar a la relación patrimonio/sociedad de accesibilidad física e intelectual y de sensibilización frente a los conceptos de fragilidad, perdurabilidad y pertenencia que aquejan al patrimonio.

La eficacia en el vínculo implica un trabajo en forma directa e indirecta con la sociedad:

Directa cuando se gestiona a través de las instituciones del patrimonio: museos, archivos, bibliotecas, centros históricos, yacimientos arqueológicos, espacios naturales protegidos, jardines botánicos, reservas o jardines zoológicos y todos aquellos otros agentes culturales públicos o privados en cuyo trabajo se incluya la gestión del patrimonio natural o cultural.

Indirecta: cuando la difusión se incluye en planes o programas de formación y/o divulgación profesional; en la relación con los medios de comunicación social; en programas de promoción e información cultural a nivel general y/o en estrategias turísticas.

Volvamos a establecer, desde otra perspectiva, qué es la difusión: es la actividad que permite convertir al objeto patrimonial en producto patrimonial, a través de un proyecto que integre la interpretación en si, es decir la materialización de la definición conceptual del bien convertido en mensaje apropiable e inteligible, y la transmisión, comprendida como un proceso de identificación y satisfacción de las necesidades del usuario, y que implica un conjunto de actividades destinadas a dar a conocer, valorar y facilitar el acceso a la oferta cultural.

La difusión debe de estar en todo el proceso de gestión, es decir, desde el primer momento en que se obtienen resultados en una investigación sobre un bien patrimonial, éstos deben ser ofrecidos al ciudadano mediante exposiciones, medios de comunicación, visitas, concienciación en distintos ámbitos de la ciudad (asociaciones de vecinos de distintos barrios, colegios, institutos, asociaciones de mayores, etc.). Este proceso de vinculación no debe de cesar hasta que llega el momento de ofrecer terminada la intervención, la puesta en valor, la musealización o la interpretación en donde se brinde una visión holística y asequible a múltiples públicos (2).

En todo el proceso de gestión deben de abrirse las puertas al ciudadano para que sea testigo y protagonista de lo que está ocurriendo con un bien que le pertenece, por ello debe de tener acceso al estudio histórico-artístico, a la excavación arqueológica o a los resultados e hipótesis que se han obtenido de ella, etc.

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