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e-rph 1, dic.07 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 1, diciembre 2007
Difusión | Estudios
 
 
La difusión del patrimonio. Actualización y debate | Marcelo Martín Guglielmino
 
     

 

Las instituciones educativas apenas reparan en esta disciplina, y aunque la conocen y la quieren ver descrita en sus programas, no hacen nada por adecuarse a generar sistemas reglados para su estudio. Las administraciones públicas nacionales, autonómicas y locales, saben de sobra de su existencia, pero no forman a sus técnicos, quienes son luego los encargados de exigir calidad en los equipamientos y dotaciones de uso público, en espacios naturales protegidos o en museos o centros de visitantes de amplia temática que asolan los territorios españoles.

Uso Público (12)


La dinámica introducida por las renovadas demandas de ocio por parte de la sociedad, turismo cultural y de naturaleza, tienen, en su mejor proyección, una respuesta adecuada en el universo del patrimonio natural que esperamos sea compartida por los gestores culturales territoriales: el concepto de uso público.

Se trata de la ordenación de actividades producidas por la demanda de naturaleza con fines recreativos, educativos y turísticos, a la que podemos agregar ahora también respuestas a la demanda socioeconómica de las poblaciones locales.

Según EUROPARC España, el uso público es el conjunto de equipamientos, actividades y servicios que, independientemente de quien los gestione, debe acometer la administración del espacio natural protegido con la finalidad de acercar a los visitantes a sus valores naturales y culturales, de una forma ordenada y segura, que garantice la conservación y difusión de éstos a través de la información, la educación y la interpretación ambiental (13).

Siguiendo con esta definición, el uso público cumple una serie de funciones básicas relacionadas con la visita de los ciudadanos a los espacios naturales protegidos: divulgación, información-orientación, recreación, interpretación del patrimonio, educación ambiental, comunicación, seguridad, turismo (oferta complementaria), señalización, etc. Además, puede llevar una serie de funciones asociadas a las anteriores: capacitación, publicaciones, promoción y comercialización.

La pregunta que cabe hacerse es ¿por qué los gestores del patrimonio cultural disperso en el territorio carente de protecciones especiales no promueven este concepto, incluso cuando existe el conocimiento de la alta fragilidad de los recursos patrimoniales tangibles e intangibles?

Hay una gran carencia en el ámbito de la gestión cultural y patrimonial, la falta de planificación, o, lo que es lo mismo, el acometer proyectos de restauración, recuperación de emergentes materiales de otras épocas, realización de equipamientos culturales de difusión patrimonial (museos etnográficos, ecomuseos, parques culturales, rutas o itinerarios, centros de visitantes mal llamados de interpretación, etc.), sin conexión con el territorio ni estudios históricos que apunten a la contextualización de dichos equipamientos y los recursos tangibles e intangibles de un territorio.

La planificación es el primer paso antes de programar actuaciones.

Tanto los “naturales” como los “históricos” se ven superados por las demandas y muchos diseñan sus programas de instalaciones de acogida, difusión e interpretación, gabinetes pedagógicos o aulas de naturaleza sin haber tenido la precaución de analizar los aspectos prioritarios del uso público: tipo y cantidad de visitantes, situación, tipología, diversidad y accesibilidad física e intelectual de los recursos naturales y culturales susceptibles de convertirse en productos culturales de consumo, y, por ende equipamientos de uso público; algo insospechado como la capacidad de acogida (en algunos monumentos como la Alambra recién se tuvo en cuenta este concepto hace muy pocos años), tanto de los espacios naturales como de los recursos patrimoniales; conocimiento del grado de desarrollo de la oferta turística que les afecta; sistemas de transporte privado y público no sólo en parques naturales sino también en territorios culturalmente frágiles con poblados históricos carentes de infraestructuras; etc.

La demanda turística se centra habitualmente en los lugares más emblemáticos del territorio con los consiguientes impactos negativos e insatisfacción de los visitantes, caso que hace muy difícil un cambio de sentido debido a una falta primigenia de planificación.

La aplicación del concepto de uso público en territorios no protegidos significa organizar lo disperso, encauzar las actividades no reguladas, aprovechar las sinergias que producen los programas de desarrollo local. En síntesis, nuestros poblados históricos o comarcas con una fuerte identidad cultural no pueden carecer de uso público, no pueden mantener la falta de regulación de la estancia y actividades de los visitantes, aún cuando a veces existen equipamientos y servicios, pero irracionalmente localizados, como tampoco carecer de una serie estudiada y planificada de mensajes, tanto los estrictamente informativos como los de carácter interpretativo y educativo, que permitan mejorar el sentido de responsabilidad del ciudadano de forma que acreciente su sensibilización y actitud de respeto hacia el patrimonio.

Después de trabajar varios años en la administración de cultura de la Comunidad Autónoma de Andalucía, creo oportuno hacer un llamado a los gestores de patrimonio acerca de tres acciones básicas que podrían tender a comprender e implementar un sistema de uso público en territorios no protegidos: proponer delimitaciones territoriales sustentadas en homogeneidad territorial, cultural y productiva (comarcalización); realizar inventarios patrimoniales (tangible e intangible) relacionados con dichas delimitaciones; realizar una planificación cultural e interpretativa de dichos territorios y, finalmente, fomentar la coordinación de administraciones de forma que la realización o adecuación de recursos patrimoniales, la construcción de nuevos equipamientos culturales complementarios, la difusión e interpretación, los programas educativos y la oferta turística se organicen de forma coherente y relacionada con el territorio tanto en su pasado como para su futuro.

Debemos intentar, “naturales” e “históricos”, abandonar la sustitución de la programación por la planificación. Podemos afirmar que se trabaja en programas donde se reúnen un conjunto de actuaciones en las diferentes áreas de la gestión (conservación, documentación, difusión, interpretación, educación, señalización, ejecución de equipamientos, etc.), pero sin disponer de un diagnóstico de partida o una estrategia general para la gestión (por no introducir el concepto de falta de modelo de gestión, que requeriría de un análisis más profundo para el que no hay espacio en este artículo). Tareas y acciones carentes luego de compatibilidad, coherencia argumental y de objetivos, dispersión territorial, falta de eficacia y otros sesgos que no enumeramos para no abrumar más al sufrido lector.

Frente a la perspectiva planteada hasta el momento, conviene concluir con una serie de propuestas prioritarias para el desarrollo o aplicación de la interpretación. Valgan éstas como aportaciones que permitan enriquecer la gestión del patrimonio natural y cultural en el territorio, reforzando su implantación y desarrollo.

La interpretación del patrimonio debería estar contemplada en los planes y programas de uso público, mediante criterios incluidos en los modelos específicos y como línea de actuación claramente delimitada. Para ello, consideramos oportuno incluir criterios interpretativos en los planes y programas de uso público, así como inventariar y evaluar la potencialidad interpretativa de sitios y rasgos en los territorios culturales y espacios naturales protegidos.

Es básico poner en marcha un programa de “buenas prácticas” en interpretación del patrimonio; para establecer un modelo de interpretación, donde queden definidos los objetivos de servicio y de comunicación, los indicadores, las herramientas para llevarlo a cabo y los medios para su evaluación.

Para alcanzar una visión integradora y de conjunto se propone la utilización de tres temas generales: el paisaje, el patrimonio integral y el desarrollo sostenible.

Debería mostrarse el patrimonio natural y cultural a través del paisaje para relacionar e integrar el patrimonio natural y cultural vinculado e identificar los procesos de evolución del territorio. En este sentido, podrían identificarse los paisajes representativos a partir de las regiones ecológicas ya identificadas. A partir de aquí, y para los espacios naturales protegidos de cierta magnitud y diversidad (parques naturales), se pasaría a identificar los paisajes significativos de cada uno. Además de estos paisajes se individualizarían los sitios y rasgos naturales y culturales asociados (relacionados con el patrimonio etnográfico).

El ámbito geográfico de aplicación de estos temas no debería ceñirse siempre a los límites del espacio natural protegido o la delimitación histórico cultural del territorio en cuestión. Esto dependerá de las relaciones de influencia que se quieran mostrar con respecto al resto del territorio. De igual manera, algunos espacios protegidos por su uniformidad paisajística no permiten una aproximación desde el punto de vista paisajístico, sino que requieren de la identificación de rasgos relevantes en su territorio.

Se debería, asimismo, mostrar el desarrollo sostenible a través de los usos y la conservación del espacio protegido para sensibilizar acerca de la necesidad de que se compatibilicen ambas visiones y contribuir a amortiguar los efectos indeseables derivados de las actividades turísticas y recreativas.

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