e-rph nº 1, diciembre 2007 Estudios Generales | Experiencias
El diálogo entre la gestión cultural y del patrimonio en España: una visión desde la profesión | David Roselló Cerezuela
¿Y el futuro?
La figura profesional del gestor del sector cultural, patrimonio incluido, está en el camino de alcanzar unos niveles de reconocimiento social considerables, teniendo en cuenta cual era el punto de partida 20 años atrás.
Nos va a pasar (o ya ocurre) lo mismo que a otras profesiones: el avance en consolidación se acompaña de un efecto de anquilosamiento. Se pasa de una fase frenética, energética, dinámica pero a la vez poco estable, definida y nada consolidada a una fase normalizada, rutinaria, establecida, pero menos creativa e inquieta.
¿No buscábamos la consolidación de la profesión? Pues aquí la tenemos, para bien y para mal. Pero todavía no hemos llegado a todo.
Estamos mejor en formación académica, al menos cuantitativamente hablando. Existe un número de cursos de postgrado en gestión cultural presenciales y virtuales que permite a quien quiera formarse para la profesión. Algunas universidades incorporan ya la gestión cultural como especialización en el desarrollo de alguna carrera.
Se ha avanzado en literatura formativa, sobre todo en el sector del patrimonio. Buenas editoriales han sacado interesantes colecciones sobre la gestión del patrimonio y sus especificidades. Se publican revistas y boletines especializados que nos permiten estar a la última de lo que pasa. Y esto va a más.
Progresamos en conciencia asociativa. Aunque están sometidas a los vaivenes de toda entidad, existen ya una decena de asociaciones en la geografía española. Casi todas las naciones o regiones de España tienen la suya, existe una coordinadora o federación que las intercomunica, existe específicamente una asociación de gestores del patrimonio cultural, además de las ya consolidadas asociaciones de bibliotecarios y museólogos.
Nos organizamos y nos conocen. Ya es más normal que un estudiante quiera profesionalizarse en la gestión de la cultura, es habitual que se cuente con los gestores culturales en los debates sobre política cultural, etc.
Nos queda otra asignatura pendiente pero que todavía no está suficientemente madura ni siquiera dentro del colectivo profesional: la exigencia de un título para ejercer la profesión. Si en todas las profesiones que se tienen por tales hace falta un título para ejercerla, ¿por qué en la gestión cultural basta con ser un titulado en cualquier cosa? En este sentido, hay que reconocer que quien mejor lo tiene es quien más años lleva en ello: el sector de las bibliotecas y, en menor medida, el de los museos.
Vendrá el día en que el INEM y otras agencias de empleo se podrá identificar uno como gestor cultural y no lo pondrán en el epígrafe de otros de otras ocupaciones.
Así, vamos asistiendo a una consolidación progresiva de la gestión de la cultura que nos permite avanzar en una normalización de la profesión.
Ya será más fácil explicar a alguien que trabajamos en la gestión cultural y que nos entienda.