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e-rph 1, dic.07 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 1, diciembre 2007
Gestión | Estudios
 
 
Los nuevos planteamientos de la gestión del patrimonio cultural en el ámbito urbano: planes estratégicos y distritos culturales | Celia Martínez Yáñez
 
     

 

Introducción


En la actualidad, las tendencias emergentes de la gestión del patrimonio cultural no se circunscriben únicamente al ámbito de los bienes culturales singularmente considerados, sino que tienen también una importante presencia en grandes ciudades y asentamientos urbanos y rurales que han diseñado diversas estrategias de renovación de su imagen mediante lo que se denomina la gestión creativa del patrimonio y la conexión de ésta con otras actividades culturales y económicas que, en su conjunto, aportan una nueva dimensión cultural, identitaria y económica a la ciudad y su territorio.

En todos los casos, el patrimonio pasa de estar concebido como un conjunto de elementos de valor artístico, histórico, cultural, etc., variable, que deben ser protegidos, a convertirse en un factor clave para dinamizar y potenciar el desarrollo de ciudades y territorios.

En este artículo vamos a tratar la relación que se establece entre gestión del patrimonio y aprovechamiento productivo del mismo en el ámbito de la ciudad, contemplando especialmente como patrimonio y creatividad se han unido de cara a resituar a las ciudades en el panorama internacional mediante la puesta en marcha de diversos planes y programas que se encaminan, por una parte, a situar a la cultura y el patrimonio como sectores clave del desarrollo económico y social y, por otra, a redefinir o crear una imagen de marca de la ciudad. Imagen de marca que se identifica con su capital simbólico y en la que el patrimonio ocupa un lugar primordial al actuar como signo de identidad y reclamo publicitario de la misma. Entre este tipo de estrategias destacaremos el concepto de cluster y los planes estratégicos que han puesto en marcha diversas ciudades analizando el papel, protagonista o secundario, que adopta el patrimonio en los mismos.

Características generales y objetivos de la gestión del patrimonio cultural


La gestión del patrimonio se enmarca en el contexto más amplio de la gestión cultural cuyos orígenes pueden situarse en un periodo comprendido entre finales de los ochenta y principios de los noventa, en el que se desarrollan los servicios culturales municipales y estabilizan los equipos de gestión. Desde entonces hasta ahora, la actividad cultural se ha especializado y profesionalizado y los planteamientos socioculturales de la misma se relacionan especialmente con el territorio, el patrimonio, la economía, la comunicación, la producción artística y el apoyo a la creación (1). A grandes rasgos, podemos considerar que estas áreas y su interrelación se han convertido también en cuestiones prioritarias de la actual gestión del patrimonio cultural que, lejos de centrarse en los bienes culturales en sí mismos, presta también una especial atención a cuestiones como la comunicación, la relación entre el legado cultural y la cultura contemporánea, el marketing y la creación de nuevos productos y servicios de consumo, la atracción del turismo en sus diversas tipologías y variantes, etc.

Los postulados de la gestión del patrimonio, al margen de las características concretas de los proyectos y modelos a los que dan lugar, se enmarcan, pues, en el concepto más amplio de valorización del patrimonio en términos de eficiencia tanto económica como social. Desde un punto de vista más amplio que la simple proyección del patrimonio en el mercado, y más cercano a la filosofía tutelar, ello supone dos cambios fundamentales: la consideración del patrimonio como recurso económico de naturaleza productiva y la gestión mixta, público-privada del mismo. La valorización y gestión del patrimonio y su contextualización en el marco más amplio del resto de las políticas culturales, sobrepasa así el límite de la tutela que, normalmente, se ha situado al margen del mercado y de la economía y, por lo tanto, se ha proyectado no hacia el mercado de los consumidores, sino hacia un universo de usuarios indefinido y abstracto, la sociedad en su conjunto, en el que se incluyen incluso las generaciones futuras. Frente a este universo de usuarios que abarca a toda la sociedad, en el sentido más amplio posible, la gestión del patrimonio cultural es finalista y debe diseñarse en función de una determinada tipología de usuarios, aunque ésta sea potencialmente muy amplia y heterogénea. Así lo expresan claramente las Bases para una Carta de Patrimonio y Desarrollo en Andalucía en su principio sexto:

“Es necesario conocer para quiénes y de qué modo es importante el patrimonio. Toda reflexión sobre el patrimonio debe tener bien presente su polivalencia. Saber quiénes usan el patrimonio y qué partido sacan de él es fundamental para ordenar esta utilización y asegurar su provecho futuro. Además, un bien patrimonial puede tener distintos tipos de usos compatibles. Así, tan importante como un buen inventario de recursos sobre el patrimonio es una relación de usos y usuarios, actuales y posibles, del mismo” (2).

El estudio del mercado de los usuarios del patrimonio y la función que éste desempeña como motor económico, se han convertido pues en dos factores claves de su gestión.

Como indica Marcelo Martín, la actual gestión del patrimonio debe preocuparse por: “potenciar, facilitar, promover, editar, estudiar, elaborar, diseñar y hacer accesible”, así como por “convertir al sector marginal en estratégico, pasar del conservacionismo a la adaptabilidad, de lo sectorial a lo global, del freno al motor, del control jerárquico a lo subsidiario, de la coerción a la participación, de gastar a invertir, de la lamentación a la formación de nuevos profesionales y de ser el patrimonio un recurso improductivo a uno productivo” (3). La finalidad última de este conjunto de acciones y herramientas será transmitir un mensaje positivo sobre los valores de los bienes culturales y su utilidad para los ciudadanos y los visitantes, mensaje que va más allá de la difusión o concienciación, para dotar al patrimonio de unas potencialidades hasta ahora poco visibles, así su capacidad para mejorar la cohesión social, su dimensión económica y productiva, su idoneidad como eje vertebrador del territorio, su potencialidad para atraer nuevas inversiones y mejorar la distribución de recursos y equipamientos, etc. Estos objetivos han sido muy bien resumidos por Piselli, para quien la valorización y gestión del patrimonio tienen como fin, en definitiva, hacerlo útil para el uso y disfrute de los individuos, convirtiéndolo en un “productor de cultura, gustos y crecimiento cívico” (4).

Resultado de la heterogeneidad de estos objetivos, de la interrelación positiva entre patrimonio y otras políticas culturales, y de esta situación de su gestión a medio camino entre la protección, la difusión y el desarrollo, es la gran variedad de modelos de gestión del patrimonio cultural existentes en la actualidad. Sin embargo, pueden destacarse determinados objetivos comunes de los mismos que nos ayudan a enmarcar las características de la gestión del patrimonio en la ciudad, objeto de este artículo:

-Conseguir una organización del patrimonio que permita su conservación y acrecentamiento, por una parte, y su puesta en valor social y económica, por otra, mediante modelos de gestión y protección más flexibles que los establecidos por el marco jurídico que regula a los bienes culturales formalmente declarados.
-Establecer nuevos vínculos entre patrimonio cultural y economía mediante la creación de marcos alternativos de referencia que estudian y miden, a través de diversos indicadores, la relación entre ambos.
-Promover la cooperación entre los múltiples agentes que confluyen en las diversas acciones que se realizan en torno a los bienes culturales, estableciendo vínculos con la iniciativa privada y concediéndole un protagonismo fundamental en la gestión de los mismos.
-Incentivar la participación ciudadana, la cohesión social y la integración de los colectivos más desfavorecidos en los procesos de interpretación y puesta en valor del patrimonio.
-Identificar nuevos recursos patrimoniales y sacar el máximo provecho del carácter plural del patrimonio mediante programas y planes que implican tanto su protección efectiva como su rentabilización económica y cultural.
-Introducir en la difusión y gestión del patrimonio las nuevas tendencias culturales y de consumo de la sociedad lo cual se basa, en buena medida, en el empleo de herramientas, por ejemplo las nuevas tecnologías, que conectan al patrimonio como herencia del pasado con los gustos e intereses de la sociedad del presente.
-Poner en valor el patrimonio desde el punto de vista económico contemplándolo como motor de desarrollo de otros sectores de la economía de la ciudad y del territorio.
-Formular nuevas metodologías de planificación integrada de las que se derivan criterios de tipo normativo, recomendaciones, herramientas de actuación, etc.

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