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e-rph 1, dic.07 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 1, diciembre 2007
Gestión | Estudios
 
 
Los nuevos planteamientos de la gestión del patrimonio cultural en el ámbito urbano: planes estratégicos y distritos culturales | Celia Martínez Yáñez
 
    

 

Para Luciana Lazzeretti, la generación de distritos culturales es un proceso de desarrollo económico sostenido con base en la cultura (16). Ella ha estudiado la creación de distritos en el caso concreto de las ciudades del arte particularizando este modelo de gestión en la aplicación del mismo a la ciudad de Florencia y al sub-cluster de la restauración [Imagen 7]. La ciudad del arte se caracteriza por ser un lugar connotado por su gran dotación de recursos culturales y patrimoniales y por constituir una unidad de análisis de las complejas relaciones de naturaleza productiva y socio-económica que caracterizan a una red de actores (económicos, no económicos e institucionales), centrados en la gestión y puesta en valor del patrimonio equilibrando la alternativa entre su conservación y su revalorización económica. “El conjunto de los recursos y agentes involucrados constituyen un cluster de alto nivel cultural” (17).


Imagen 7. Mantenimiento y rehabilitación del duomo de Florencia.

En el caso de Florencia, el estudio partió de un profundo análisis del patrimonio de la ciudad en el que se analizaron los siguientes componentes del mismo: el artístico, y dentro de él las estructuras monumentales y arquitectónicas, obras de arte, museos y galerías de arte; el natural y medioambiental, formado por el paisaje cultural y el paisaje natural, las calles, plazas, vecindarios y jardines; el cultural, como las artes y oficios, universidades, instituciones culturales y ferias, y, por último, el valor simbólico que muchos elementos tienen tanto a nivel internacional (el David de Miguel Ángel, la Catedral, los Ufizzi, etc.), como a nivel local (la flor de lis, el filete de ternera “alla florentina”, etc.). También se identificaron muchos otros distritos culturales de la ciudad del arte, así el de los museos, el del arte de representación, el del turismo cultural, el de las actividades artesanales, etc., para, finalmente, centrar la atención en el sub-cluster de la restauración artística y considerar sus efectos positivos en términos de empleo, de los recursos activados, de su papel como conservador de la herencia cultural y mediador para que la misma sea accesible, y por su estrecha relación con la propia imagen de Florencia y su promoción exterior.

El cluster de la restauración se ubica en torno a los vecindarios de Santa Croce, Santo Spirito, San Frediano y San Marco [Imagen 8]. Desde el punto de vista de la localización, la concentración de estas empresas en torno a los componentes más valiosos de la ciudad indica, para Lazzeretti, el doble papel de los restauradores como ejemplo de la mejora económica de los “recursos productivos artísticos” y como recursos del componente cultural del patrimonio (18). Otro factor que indica que se ha formado un distrito local en base al factor de las actividades relacionadas con el patrimonio cultural, es el prestigio exterior de los servicios de restauración que se realizan en Florencia, que se percibe, especialmente, en la demanda de clientes externos y, como consecuencia de ello, en la potenciación de la imagen simbólica de la ciudad. El principal catalizador de dichos efectos, el restaurador, fue caracterizado como un agente que explota directamente el factor productivo del patrimonio en su componente material y artística y, a la vez, como un actor que genera una relación de pertenencia al lugar donde desarrolla su actividad y crea la atmósfera que se respira en los vecindarios del centro de la ciudad, puesto que es en él donde se ubican la inmensa mayoría de los talleres, generando un valor de tipo sensorial, inmaterial, un valor añadido al del patrimonio cultural histórico, artístico y arquitectónico.


Imagen 8. Panorámica del Centro Histórico de Florencia.

Otro buen ejemplo de distrito cultural en el que, además, la cultura y la rehabilitación del patrimonio han conseguido la regeneración de todo un sector de la ciudad, lo proporciona el del barrio de Temple Bar en Dublín [Imagen 9]. El mismo sufrió una fuerte degradación en los años setenta como consecuencia del abandono de muchas propiedades y, por ello, en 1991, los poderes locales se propusieron convertirlo en un distrito cultural [Imagen 10] contemplando de forma conjunta la rehabilitación del patrimonio, la construcción y el urbanismo, el desarrollo cultural, la estabilización de la población, la creación de puestos de trabajo y la mejora de la calidad de vida. Para ello se creó un sistema mixto de financiación pública y privada y se consideró la implantación de las siguientes actividades y equipamientos culturales: talleres para más de cien artistas, instalaciones relacionadas con la música, galerías de exposiciones, archivos fotográficos nacionales, un centro para las actividades cinematográficas, un teatro y un centro de interpretación de los bienes culturales. El objetivo final era que la puesta en marcha de dichas actividades generará otras nuevas y atrajera a nuevos inversores, y tuvo éxito. En 1996, con un presupuesto de 190 millones de euros procedentes de la financiación pública y privada, se completó el programa que coordinaba todas estas actividades dando como resultado la recuperación de una treintena de edificios industriales, la mejora del pavimento de todo el barrio y de su iluminación, la creación de un nuevo mobiliario urbano y de un buen número de equipamientos culturales (19). Los efectos inducidos han sido especialmente beneficiosos en términos de empleo: se han creado 500 puestos de trabajo a tiempo completo en actividades culturales y unos 1500 relacionados con la llegada de nuevas actividades que representan a más de cuatrocientas empresas. Y, lo que es más importante, se ha conseguido no sólo la rehabilitación del barrio y la mejora de la calidad de vida de sus habitantes, muchos de los cuales se han beneficiado de estos puestos de empleo, sino también la renovación de la propia imagen de la ciudad de Dublín que se contempla hoy día como un modelo de desarrollo y gestión de la cultura tanto en el entorno nacional como en el internacional (20).


Imagen 9. Vista de Temple Bar.


Imagen 10. Logotipo Temple Bar Cultural Trust.

La idea de distrito cultural puede aplicarse a muchas otras actividades productivas -así Garreau ha estudiado la industria del cine en Los Ángeles, Porter la del vino en California, etc. (21)-, y también al conjunto del territorio.

Para el profesor Romano Toppan, en este marco más amplio, el territorial, el cluster se define como “la fórmula organizativa que da soporte institucional a la acción del marketing territorial” (22), y, en concreto, el distrito turístico y cultural como “una forma de coalición entre municipios de un área intermedia, sobre todo de áreas rurales, que sepan encontrar un proyecto común de desarrollo local sostenible” (23). Como ejemplo del buen funcionamiento de este tipo de estrategia, propone el de su región, el territorio rural de la Venecia Oriental, en la que la Conferencia de los Alcaldes puso en marcha un cluster que ha permitido el diseño de un modelo territorial integrado en el que los elementos más importantes en torno a los que se gestiona el marketing de todo el territorio y el medio ambiente rural son los ríos, las lagunas, y las costas. Estos elementos del patrimonio natural y otros recursos territoriales se han unificado en una sola propuesta turística, a través de la realización de corredores verdes a lo largo de todos los recorridos de las aguas, que ha tenido una gran aceptación entre los visitantes y, en cierta medida, coadyuvado a solucionar los graves problemas ambientales y tutelares que plantea la masificación turística de Venecia (24).

El concepto de distrito cultural basado en el patrimonio y su valor productivo y simbólico abre pues tres temas de interés en relación con la gestión y la caracterización del patrimonio urbano:

- La importancia de los elementos inmateriales del patrimonio como factores de desarrollo económico y cultural, al extender el abanico de las variedades de consumo hacia los activos artísticos y la imagen de la ciudad (25).
- La función emergente del patrimonio y las actividades que genera como diferenciador de la imagen de la ciudad de cara a su proyección y competitividad en un mercado internacional globalizado en el que la potenciación y renovación del valor de lo particular, lo local, genuino, etc., que se apoyan en los elementos tangibles e intangibles de la cultura y el patrimonio, actúan como revulsivos cada vez mas demandados en un mundo que tiende a la homogeneización cultural.
- Las estructuras organizativas y fórmulas de gestión más adecuadas para la gestión y proyección exterior del patrimonio urbano, entre las que sin duda adquiere un gran protagonismo la creación de microrredes de diferentes actores que explotan la dimensión productiva del patrimonio cultural.

Conclusiones


El aspecto más destacado de la gestión cultural en el seno de los distritos culturales y los planes estratégicos caracterizados por desarrollar actividades relacionadas con los bienes culturales, aunque no exclusivamente, es que con los mismos se pasa de gestionar el patrimonio urbano atendiendo prácticamente sólo al factor turismo y su movilidad a centrar la atención, especialmente, en el entendimiento de los mismos en un contexto mucho más amplio en el que patrimonio y cultura sirven como catalizadores de nuevos sectores económicos e industrias culturales y como el punto de encuentro entre la economía, la cultura y la sociedad. En este sentido, la gestión cultural tiende, como ya hemos señalado, a potenciar la interacción existente entre patrimonio y cultura con otros sectores económicos en alza, entre ellos el de las telecomunicaciones, los multimedia, la publicidad, la moda, la construcción, y las actividades de restauración y mecenazgo del patrimonio que llevan a cabo bancos y otras instituciones análogas (26).

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