e-rph 1, dic.07 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 1, diciembre 2007
Iniciativas ciudadanas
 
 
Ciudadanos para la defensa del patrimonio | Isabel Muñoz Sánchez

 
 
 

 

En estas Terceras Jornadas también hemos contado con la colaboración de la Universidad de Salamanca a la que hemos dedicado íntegramente uno de los días, ya que hay nuevo equipo rectoral y se ha creado una Comisión Asesora para el Patrimonio Universitario. Los profesores Martínez Frías y Azofra Agustín (respectivamente, presidente y miembro de esta Comisión) nos han explicado, en sus intervenciones, la filosofía de esta Comisión Asesora y las líneas de actuación que tienen previstas en algunos de los temas problemáticos que tiene pendiente la ilustre institución. Ha sido muy gratificante escuchar las críticas que vertían sobre sí mismos estos profesores, ambos del Departamento de Historia del Arte-Bellas Artes, tocante a lo poco que se involucraban en los problemas de la ciudad y al silencio que mantenía el Departamento al que pertenecen en asuntos patrimoniales. En su descargo, comentaron lo difícil que resultaba ponerse de acuerdo y pronunciarse públicamente. Algunos miembros de esta Comisión han entrado a formar parte de otra nueva Comisión Mixta que se ha creado: Universidad - Junta de Castilla y León. La creación de estas comisiones, de entrada, parece buena idea, nada que objetar. Bienvenidas sean todas las comisiones que vayan dirigidas a conseguir una mejor conservación de nuestro Patrimonio pero, sinceramente, albergamos muchas dudas sobre su efectividad. La experiencia nos dice que, tarde o temprano, los miembros de estas comisiones, si quieren ser honestos con ellos mismos y con el Patrimonio, van a tener que decir no y, entonces, ya veremos lo que ocurre...

Ha sido también muy interesante la intervención que este año ha tenido un arquitecto, José Elías, miembro de la Comisión Territorial de Patrimonio de la Junta de Castilla y León, a propósito de las restauraciones y los materiales y las técnicas que hoy en día se utilizan. Hemos visto como muchos de los males que padece nuestro Patrimonio, sobre todo el arquitectónico, son debidos a lo mal que se emprenden las restauraciones. Aquí choca frontalmente el sentido de respetuosa conservación con el abaratamiento y la duración de la propia restauración. Es muy frecuente utilizar en las restauraciones de edificios protegidos materiales no adecuados, que son más duraderos y más baratos pero que, sin embargo, a la larga, producen daños irreparables en el edificio a conservar. También la falta de expertos, dentro de los propios arquitectos y de los maestros de obras y albañiles, es muy preocupante. Por último, nos ha hecho recapacitar sobre cuestiones como el mantenimiento, fundamental para la buena conservación. Nos ha demostrado con numerosos ejemplos que, la mayoría de las veces, los motivos que han provocado las restauraciones reaparecen por una falta total de mantenimiento. La ley, a este respecto, tendría que ser más contundente con los propietarios de los inmuebles.

Denuncia: los casos del Patrimonio propiedad de la Iglesia, el Convento de las Madres Adoratrices, el Depósito de Aguas de Campoamor y la Plaza de los Bandos


El último tema tratado, la falta de mantenimiento del Patrimonio, nos obliga a tratar el gran protagonismo y responsabilidad que tiene la Iglesia Católica como propietaria de la mayor parte del mismo. Desde que el Patrimonio Eclesiástico, expresión y testimonio de la fe de un pueblo en el desarrollo histórico de una civilización y una cultura, ha entrado a formar parte del Patrimonio Histórico Español, el Estado tiene la obligación de custodiar y velar por su conservación, exigiendo a la Iglesia el perfecto mantenimiento de sus bienes. Los acuerdos firmados entre la Iglesia y Estado Español y posteriormente con cada uno de los Gobiernos de las distintas Autonomías, recogen, por ambas partes, una firme voluntad de inventariar, dar a conocer, conservar e impedir cualquier clase de pérdidas en el Patrimonio Eclesiástico, pero la realidad dista de ser la ideal. Debido a los grandes cambios en la liturgia y en las prácticas religiosas, se están eliminando en el interior de las iglesias una serie de elementos patrimoniales muy importantes. Y, lo peor, es que esto está ocurriendo con total impunidad.

Hace unos años nuestra Asociación dio la voz de alarma a este respecto a través de la denuncia de un caso puntual: El Obispado había retirado todas las estatuas del Altar Mayor de la Iglesia de Santa María de los Caballeros (BIC) porque ya no había culto en ella y ahora se utilizaba como sala de exposiciones y lugar de ensayo de un grupo musical... Los avatares de santa María de los Caballeros merecerían capítulo aparte... En lo referente al mantenimiento, me imagino que, al igual que ocurre en todo el territorio español, en Salamanca son constantes las restauraciones que se efectúan con dinero público en el Patrimonio Eclesiástico por la falta del mantenimiento exigible. Por contra, las contraprestaciones que tendría que aportar la Iglesia por estas restauraciones dejan mucho que desear. Aquí, también el Estado tendría que ser mucho más exigente. ¡Con la Iglesia hemos topado!

El capítulo de las denuncias en nuestra Asociación es sin lugar a dudas el más llamativo y el que más trasciende a la opinión pública. No es, sin embargo, como ya he dicho anteriormente, el objetivo al que la asociación le da más importancia. Las denuncias son innumerables porque innumerables son las infracciones que se cometen contra el Patrimonio Histórico o Cultural. Consultando estos días los archivos para ayudar a mi memoria, me he quedado muy sorprendida ante la lista de denuncias o escritos que hemos enviado al Ayuntamiento de Salamanca, a la Junta de Castilla y León, al Ministerio de Cultura, a ICOMOS, al Comité del Patrimonio Mundial, a las distintas Reales Academias, al Procurador del Común, hasta al mismísimo Rey...

Si que hay que hacer una valoración de estas denuncias o escritos, yo me atrevería a decir que es una valoración positiva porque, en primer lugar, con estas denuncias o escritos hemos sacado a la luz asuntos que hubieran pasado inadvertidos, es decir, que se hubieran colado por la puerta de atrás. No quiere esto decir que en todas las ocasiones hayamos evitado los estropicios, las heridas... No, por desgracia, no ha sido así, porque para evitarlas hubiera sido necesaria la denuncia judicial y, aun así, de no producirse la paralización cautelar no se detiene el desatino. Cuando llegan las sentencias ya es demasiado tarde. En lo tocante a las acciones judiciales, también hay que decir que son muy costosas y nuestra asociación no puede asumir en todas las ocasiones deseadas esta vía. La segunda valoración positiva es derivada de la primera. El saber que hay una asociación que está al tanto de todo cuanto se produzca respecto a la conservación del Patrimonio y que va a denunciar la más mínima infracción que observe, hace que los técnicos estudien con mayor precisión los proyectos y los representantes institucionales se lo piensen más a la hora de conceder licencias o aprobar modificaciones o derribos. Muchas veces pienso que somos más importantes por lo que evitamos que por lo que conseguimos. No obstante, las indebidas licencias se siguen concediendo, y asimismo aprobando las modificaciones y los derribos.

Por último, y aunque no sean muchas, he de mencionar las ocasiones en las que nuestras denuncias han llegado a buen puerto y hemos evitado el desaguisado. En este apartado no puedo por menos que mencionar la pretendida construcción de un auditorio por parte de la politizada Caja Duero, hueso duro de roer en Salamanca, en el Huerto del Convento de las Madres Adoratrices, situado en el corazón de la Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Nuestros repetidos escritos a los organismos nacionales y, sobre todo, a los internacionales, alertando sobre el desproporcionado proyecto en esa zona tan delicada, proyecto del que dicho sea de paso no tenían ningún conocimiento pues, una vez más, nuestros representantes institucionales ignoraban la Convención de Paris y sus obligaciones, no cayó en saco roto. Después del informe negativo que emitieron los delegados que envió el Comité del Patrimonio Mundial para valorar in situ el asunto, la Junta de Castilla y León dio marcha atrás. El asunto del Auditorio de Caja Duero daría para una novela. Valgan como notas anecdóticas que se rumoreó que altos representantes de la entidad financiera hicieron un viaje a Paris para “convencer” a quién correspondiera... O que a nuestra Asociación, y esto no es ningún rumor, se le nombró en un Pleno Municipal “Asociación non grata” porque no queríamos el progreso de nuestra ciudad. Lo más gracioso, si no fuera porque el asunto era para llorar, es que nadie, nadie, aun pensando que el proyecto era descabellado, se pronunció públicamente. Caja Duero y su Obra Social proporcionaba “unas ganancias” muy suculentas como para ponerse en su contra. Eso sí, cuando se dio marcha atrás, todos, todos dijeron que el proyecto no era adecuado. En otro Pleno Municipal, pedimos que se rehabilitara el buen nombre de nuestra Asociación y, como suponíamos, no se hizo. Tampoco nos importó demasiado... Actualmente, Caja Duero sigue en su empeño de construir en el Huerto de las Adoratrices, huerto al que, por cierto, las fuerzas vivas de Salamanca denominan solar. Ahora ya no es un auditorio lo que quieren construir, ahora es un edificio para acoger la Fundación que han creado. Parece ser que el nuevo proyecto no es tan agresivo. ICOMOS-España, sin embargo, en carta remitida al presidente de turno de la entidad financiera, Julio Hermoso, ex rector de la Universidad de Salamanca, le recomienda, por lo delicado de la zona, hacer un Jardín Botánico para el disfrute de la ciudadanía [Imagen 4].


Imagen 4. Recreación realizada por la Asociación de Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio del Huerto de las Adoratrices recogiendo la idea de un jardín Botánico como contraposición al empeño por parte de Caja Duero y los poderes locales de transformar el lugar en el Auditorio y sede de la poderosa entidad bancaria.

Esta recomendación de ICOMOS pone de manifiesto otro de los grandes problemas, ya apuntado, que sufre la ciudad histórica: la pérdida de lo que yo llamo “respiraderos del espíritu”. Esos lugares, pequeños remansos de paz para el ciudadano acosado por los ruidos, la contaminación y las prisas, en los que todavía se siente la ciudad como el lugar común donde los seres humanos crecen como personas y se relacionan. Poco a poco, sin apenas darnos cuenta, nos están robando la apacibilidad de la ciudad. La ciudad histórica, muy codiciada por los constructores, está colmatada con las nuevas construcciones en patios, huertos y jardines, y en cualquier otro lugar en el que aflore un espacio abierto al cielo. Las huellas que en la actualidad estamos dejando en la ciudad no son muy alentadoras.

Si los vestigios que esta generación está dejando sobre la ciudad no son muy alentadores, las perdidas que ha habido no lo son menos. Hay un caso de pérdida patrimonial que a nuestra asociación le ha parecido extremadamente doloroso: La destrucción del Depósito de Aguas que estaba situado en la avenida de Campoamor, de ahí el nombre con el que vulgarmente se le conocía: Depósito de Aguas de Campoamor [Imagen 5]. Pocas veces nuestra asociación ha luchado tanto, como luchó en el año 2002, para salvar este Depósito. Hagamos un poco de historia: A principios del siglo XX, Salamanca era una ciudad recogida y provinciana, en la que todo el mundo se conocía, y que conservaba, pese a los muchos avatares históricos y humanos que a lo largo de los siglos había padecido, un buen número de monumentos. También era una ciudad muy atrasada en la que sus poco más de veinte mil habitantes –más de la mitad, pese a la famosa Universidad, analfabetos-, malvivían sin alcantarillado y sin red de abastecimiento de aguas. Las epidemias y las hambrunas eran muy numerosas y, con mucha frecuencia, Salamanca encabezaba los índices de mortandad de España. A medida que el siglo avanzaba, comenzaron a ponerse en práctica, pero siempre por detrás de otras capitales españolas, ciertos planes de saneamientos y mejoras que, sin duda, consiguieron hacer más fácil la vida de nuestros antepasados.


Imagen 5. Recreación del Depósito de Aguas de Campoamor realizada por la Asociación mostrando cómo se conservaría si se hubiera adecuado y limpiado su entorno urbano. Fue un hito urbano de la ciudad, y de la propia historia de la ingeniería civil, recientemente destruido para urbanizar el área por parte de un promotor privado.

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