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No se sabe a ciencia cierta quién es el autor del Depósito de Aguas porque el proyecto que se conserva no está firmado, aunque se cree que fue obra de un ingeniero francés que murió por disparo de bala en la Primera Guerra Mundial. Fue proyectado con una capacidad para 4.020 metros cúbicos, contenidos en dos vasos circulares que podían funcionar de forma autónoma y contener, cada uno, una lámina de agua de 7 metros de altura. En su construcción se emplearon 300 toneladas de cemento y 800 de hierro. Hormigón armado, llamaron a la mezcla. La altura de las columnas, de 80 centímetros de diámetro, que sustentaban los dos vasos oscilaba, según la situación, entre los 22 y 23 metros. Sabemos que en 1915 ya estaba construido por un coste de 120.000 pesetas. Y que, en espera de poder instalar los motores eléctricos, se necesitó una máquina de vapor de 120 caballos para elevar el agua. El Depósito de Aguas fue un hito urbano de primera categoría en la historia de la ciudad. Como obra de ingeniería civil marcó un antes y un después en el uso del agua como elemento esencial en la vida de los salmantinos. A nuestros abuelos, les debió de parecer un milagro que con simplemente accionar la llave del grifo saliera el agua en abundancia.
En marzo del año 2002, nuestros representantes municipales con el alcalde, Julián Lanzarote, a la cabeza, condenaron a muerte al Depósito de Aguas de Campoamor. El único mal que el reo había cometido era estar en un lugar muy codiciado para la construcción, pues cuando iniciaron su demolición todavía cumplía con la función para la que fue construido. El Depósito todavía estaba en pleno uso y, de hecho, debido a su rápida desaparición, la ciudad soportó bastantes trastornos (reventones de tuberías y cortes de agua), ya que estaba proyectado que el Depósito fuera dejando su función paulatinamente, hasta que estuviera perfectamente comprobado que el nuevo método de abastecimiento de aguas cumplía su cometido.
Cuando hablo de rápida desaparición, me refiero a que tenían mucha prisa por destruirlo. “Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio” estaba realizando una masiva y exhaustiva campaña de sensibilización ciudadana, porque en la asociación éramos conscientes de que defender este bien patrimonial, por sus características estéticas, era mucho más difícil. En España, llevamos un atraso considerable en lo que a la protección y conservación del Patrimonio Industrial se refiere. La mayoría de los ciudadanos mal o bien entiende que hay que conservar una iglesia, una ermita, un palacio..., pero no llegan todavía a entender por qué hay que conservar una chimenea, una nave textil o un depósito. Una vez más desde el poder se manipuló el asunto y lo redujeron a la siguiente pregunta: ¿Quieren ustedes urbanizar esta zona o prefieren que se quede como está? La zona en cuestión, es decir el Depósito y su entorno, estaba desastrosa. Dejada de la mano de Dios, los roedores y demás bichos campaban a sus anchas entre la basura y las malas hierbas que crecían por doquier. De nada sirvió que desde nuestra asociación se dijera que la urbanización de la zona no era incompatible con la conservación del Depósito. Todo lo contrario. Adecentando éste -también dejado de la mano de Dios- y sus alrededores, el barrio en el que estaba instalado, ganaba una zona muy atractiva, ya que el Depósito en sí mismo era una joya y, además, por sus proporciones podía convertirse entre otras cosas en un nuevo “contenedor” (odio esta palabra) cultural que albergara, por ejemplo, un museo del agua. Un museo que podría ser único en esta categoría, pues se daba la circunstancia de que al lado se conservaban, en perfecto estado, los antiguos Aljibes Municipales.
A las instancias municipales no les interesaba escucharnos, entre otras cosas, porque la conservación del Depósito chocaba frontalmente con la venta de parte del terreno para la construcción de pisos, que el Ayuntamiento ya había negociado con un conocido constructor salmantino.
Por su parte, los medios de comunicación jugaron el papel que casi siempre juegan en estos casos: defendieron lo que defendía el poder político y económico. No obstante, no desfallecimos e intentamos todo lo que estaba en nuestras manos. Además de las campañas de sensibilización, promovimos, con un éxito aceptable, varias movilizaciones ciudadanas porque es justo decir que algunos ciudadanos pensaban como nosotros y les dolía profundamente la desaparición en el horizonte salmantino del Depósito de Aguas de Campoamor. En este caso, y sin muchas esperanzas, dado que no tenía ningún tipo de protección legal, llegamos a la denuncia judicial. Aquellos fueron días de mucha tensión en los que, incluso, se llegó a enfrentamientos con la policía local. Enfrentamientos que, en honor a la verdad, nosotros no propiciamos. La chispa saltó cuando vimos como algunos policías sacaban fotos a algunas de las personas que estábamos contemplando el estropicio. En el afán municipal por acometer la destrucción en un tiempo record y por impedir que cualquier cosa disminuyera el ritmo, utilizaban fórmulas que más tenían que ver con tiempos ya pasados y de nefastos recuerdos. Distintos miembros de nuestra asociación hacían guardia en las inmediaciones porque, como resultado de nuestra denuncia, el juez paralizó la destrucción. El gigante ya estaba herido de muerte, sin embargo, todavía se mantenía erguido, como negándose a desaparecer para siempre. Por estos misterios que tienen para el común de los mortales las acciones judiciales, a los tres días, y sin causa aparente que lo justificara, el juez levantó la paralización cautelar y, en cuarenta y ocho horas, el Depósito se convirtió en polvo...
Ahora el lugar está urbanizado. Se ha levantado, en los antiguos aljibes, un museo anodino –Museo del Comercio- por el poco contenido que alberga, y la zona vendida para construir viviendas, causa primera de la destrucción del Depósito, permanece desierta y abandonada. Una sentencia del Tribunal Superior de Castilla y León ha declarado ilegal la venta ya que como el solar era suelo público, solo destinado a favorecer los intereses públicos, el Ayuntamiento actuó contraviniendo la ley al vendérselo a un particular.
Los problemas todavía no han terminado y constructor y Ayuntamiento están enzarzados en una disputa. No tienen desperdicio las flores que se tiran públicamente. El constructor quiere que el Municipio le devuelva el dinero que dio en su día, pero actualizado a los precios del mercado vigente... La sombra de Marbella es alargada...
Cada año, al llegar marzo, mandamos un comunicado a la prensa recordando la vergonzosa desaparición del Depósito. Ahora, cuando ya se empieza a hablar en España y en nuestra Comunidad Autónoma de Patrimonio Industrial, y han llegado a nuestra ciudad algunos testimonios de personas muy cualificadas sobre la importancia del exponente destruido, es comúnmente aceptado que se trataba de un ejemplo único en su modalidad y en el uso del hormigón armado en España.
Nos tememos que con la Plaza de los Bandos [Imagen 6] va a ocurrir otro tanto. Que después de su destrucción para construir un aparcamiento subterráneo, nos lamentemos o se lamenten los que ahora están a favor de su construcción, o los que se mantienen en silencio y miran para otro lado.
El asunto de la Plaza de los Bandos tampoco tiene desperdicio y, una vez más, pone de manifiesto la falta de concienciación ciudadana, la mala gestión de la conservación del Patrimonio en las Ciudades Históricas, incapaz de entender el Patrimonio como un todo, y la política de intereses partidistas que hoy en día se practica.
La construcción de este aparcamiento es un asunto que viene de lejos. En 1997, el Ayuntamiento de Salamanca, con el mismo grupo político al frente, anuncia esta construcción. La oposición ciudadana enseguida se hace notar e inicia una campaña para evitar el desatino. Como se acercaban las elecciones, el alcalde vio peligrar su elección y, en un arranque de “sinceridad”, dio marcha atrás en el proyecto porque, según sus propias palabras, “había escuchado a la ciudadanía y no quería pasar a la posteridad como el alcalde que destruyó la Plaza de los Bandos”...
Hace dos años, el mismo alcalde, Julián Lanzarote, porque seguimos con el mismo grupo político, y en mayoría, al frente del Ayuntamiento, retoma el asunto y en una cena festiva con representantes de la Cámara de Comercio, promotores de esta construcción, por aquello de que esta infraestructura va a solucionar los problemas del comercio del centro, don Julián les promete el aparcamiento subterráneo. Antes de seguir adelante, conviene señalar dos cosas: La primera es que, por aquellos días, la relación entre la Cámara de Comercio y el Ayuntamiento se había enfriado porque este último había aprobado la llegada del Corte Inglés a la ciudad. Y la segunda, es que los problemas del comercio tradicional salmantino no se iban a solucionar con este aparcamiento, porque más tienen que ver con la llegada de las grandes superficies y con una falta de preparación, reciclaje y especialización.
De nuevo, la oposición ciudadana saltó y en ese momento con más motivo ya que desde el año 1997 habían aumentado considerablemente los aparcamientos subterráneos en el centro de la ciudad. Aparcamientos que, salvo en escasísimas ocasiones, tenían y tienen una utilización del cuarenta o cincuenta por ciento de su ocupación. Datos que ponen de manifiesto la veracidad de lo anteriormente expuesto respecto al comercio, puesto que si su problema radicara en los aparcamientos con la creación de todos los mencionados se hubiera solucionado.
Se observa también una gran hipocresía en la conducta municipal ya que el nuevo Plan General de Ordenación Urbana recomienda no construir aparcamientos subterráneos en el Centro Histórico. Con esta construcción contravienen, por tanto, sus propias recomendaciones. Además, para curarse en salud y evitar denuncias, este nuevo Plan ha hecho una modificación sustancial en la catalogación de la zona: la Plaza de los Bandos ha dejado de ser zona verde, como se consideraba en el antiguo Plan y, ahora, pasa a ser vial...

Imagen 6. Plaza de los Bandos, un lugar fundamental del centro histórico de Salamanca, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial, amenazado por la inminente construcción en su solar de un parking a la que, además, se opone la propia UNESCO y buena parte de la ciudadanía.
Para que las actuaciones encaminadas a impedir la destrucción de la Plaza de los Bandos tuvieran mayor efectividad, se creo una Plataforma Ciudadana compuesta por más de treinta colectivos. Conforman esta Plataforma desde partidos políticos, sindicatos y asociaciones vecinales hasta asociaciones culturales, ecologistas o de defensa del Patrimonio, como la nuestra.
Nuestra Asociación ha tenido y tiene un papel muy importante en esta Plataforma porque ocurre que, en la Plaza de los Bandos, a escasos cien metros de la Plaza Mayor de Salamanca, concurren varios Bienes de Interés Cultural además de otros edificios protegidos. Ocurre, también, que la Plaza de los Bandos toca la línea que demarca la Ciudad Patrimonio de la Humanidad y, por lo tanto, es una zona tampón, zona de máximo respeto. Además, esta Plaza alberga los restos de la antigua parroquia de santo Tomé y en uno de sus extremos los de la Vía de la Plata. Es también muy importante destacar su mobiliario modernista y, sobre todo, el consolidado arbolado que habita en la plaza desde hace cien años y que sirve de morada a distintas variedades de aves y otras especies animales. La pérdida medioambiental será, sin lugar a dudas, la pérdida más dolorosa, en caso de persistir este descabellado proyecto.
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