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e-rph 1, dic.07 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 1, diciembre 2007
Instituciones | Estudios
 
 
La museología ante los retos del siglo XXI | Francisca Hernández Hernández
 
     

 

Los Museos de Sitio


Esta tipología de museos se explica dentro de la concepción de la museología como ciencia del patrimonio. Hoy estamos asistiendo a un fenómeno mundial de la “puesta en valor del patrimonio” cuyo objetivo final es la conservación y presentación “in situ” del patrimonio cultural y natural para que pueda ser comprendido y disfrutado por un público cada día más amplio. Son exposiciones muy atractivas que relacionan los sitios patrimoniales con su entorno.

Ahora bien, cuando hablamos de un museo de sitio, ¿a qué nos estamos refiriendo? Por supuesto, el término implica la existencia de un museo que se encuentra ubicado en un lugar específico, ya sea éste arqueológico, histórico o ecológico. Así lo confirmó el ICOM cuando, en 1982, publicó un informe sobre los museos de sitio arqueológico definiendo el museo de sitio como “un museo concebido y organizado para proteger un patrimonio natural y cultural, mueble e inmueble, conservado en su lugar de origen, allí donde este patrimonio ha sido creado o descubierto”.

Estos museos pueden darse en cualquier lugar que “por su interés ecológico, sociológico, científico e, incluso, por el testimonio que da sobre la cultura y la historia de una comunidad humana, forma parte del patrimonio natural o cultural de dicha comunidad, ya sea local, regional, nacional e internacional”. De ahí que pueda hablarse de una diversidad de museos de sitio, siendo el propio Informe del ICOM quien destaque los de carácter ecológico, etnográfico, histórico y arqueológico. Nosotros añadiríamos los industriales y los de arte, incluyendo en estos últimos las intervenciones de algunos artistas contemporáneos en la naturaleza, como los trabajos de Ibarrola o de otros artistas alemanes y nórdicos que han creado los denominados “parques de esculturas”.

La adecuación de un sitio patrimonial para su visita al público exige la elaboración de un proyecto integral donde se tenga en cuenta la investigación, conservación, exposición y comunicación. Es necesario elaborar un discurso museográfico y desarrollarlo espacialmente, diseñar itinerarios en los que se fijarán los puntos de mayor interés con las informaciones convenientes y los dibujos con las reconstrucciones. Igualmente, es necesario crear infraestructuras en las que tengan cabida los centros de interpretación y los centros de visitantes. Será en el espacio de acogida donde se explicará el sitio y se ofrecerá la información y orientación necesarias para la visita. En una zona próxima se situará el parking, el área de descanso, cafetería, restaurante, tienda y otros tantos servicios como sanitarios y de guardarropa [Imagen 2]. Es importante que el visitante encuentre un ambiente cálido y acogedor.


Imagen 2. La adecuación de los lugares patrimoniales para la visita pública debe incluir información gráfica sobre los bienes culturales y naturales y las infraestructuras de todo tipo existentes en su entorno, como se aprecia en este ejemplo del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.

En consecuencia, cualquier proyecto de estas características ha de ser el resultado de una investigación seria y rigurosa y, en la elección del sitio, deben primar los valores históricos, artísticos y científicos sobre los intereses meramente políticos. Deben seleccionarse los sitios más representativos evitando caer en una superabundancia de los mismos, pues hemos de pensar que su funcionamiento y mantenimiento son costosos. Y, por último, no debemos olvidar que pueden tener una rentabilidad cultural y económica importante, sobre todo si se encuentran situados en zonas rurales deprimidas, puesto que suponen un atractivo para el turismo cultural. De este modo, se ofrece un servicio cultural y se intenta obtener una rentabilidad económica. La visita, además de generar recursos con el precio de las entradas, venta de objetos y restaurante, sirve para intercambiar y transmitir conocimientos, deleite y fruición. Además, puede proyectarse en áreas más amplias del territorio, generando infraestructuras hoteleras, restaurantes y otros servicios demandados por el incremento turístico.

No podemos olvidar que, paralelamente al desarrollo de estos museos de sitio, están surgiendo los parques culturales temáticos. Se trata de presentaciones al aire libre, basadas en reconstrucciones que, con frecuencia, van acompañadas de exposiciones espectáculo y cuyo objetivo es difundir la cultura científica entre los visitantes [Imagen 3 y 4]. Países como Inglaterra o Francia cuentan con una larga tradición en este sentido. Un reciente estudio (Roy, 2005) analiza la evolución que este tipo de sitios arqueológicos ha tenido en Francia. El primer sitio se creó en 1972 y es conocido como El Espacio Cro-Magnon de Thot (Thonac, Dordoña). Se trata de un parque de carácter recreativo, situado en la región más rica de sitios prehistóricos donde abundan las cuevas de arte rupestre, que pretende conciliar la conservación del patrimonio y el desarrollo del turismo local. Su filosofía se basa en tres aspectos principales:

1) Reemplazar los originales demasiado frágiles por facsímiles.
2) Crear un entorno al aire libre, un microclima prehistórico, acompañado de un parque de animales.
3) Reconstruir escenas de carácter etno-arqueológico.
En los primeros momentos de su apertura tuvo muchas críticas por el uso de la copia en lugar del original y por su ambientación lúdica que recordaba a los parques de ocio.


Imagen 3. Recreaciones propias de los parques temáticos como un hábitat prehistórico y ambiente artificial en Le Biodome, Montreal (Canadá).


Imagen 4. Recreaciones propias de los parques temáticos como un hábitat prehistórico y ambiente artificial en Le Biodome, Montreal (Canadá).

En 1978 se inauguró el Archéodromo de Beaune (Borgoña) que servirá de prototipo para los futuros parques de estas características como el de Beynac (Dordoña), Samara (Somme, Amiens), Asnapio (Villeneuve-dÁscq, Lille), etc. Los más recientes han incorporado en sus presentaciones las nuevas tecnologías, las imágenes virtuales o en 3D con el fin de reconstruir, de una manera hiperrealista, las formas de vida de las primeras comunidades, pues su misión es hacer revivir la Prehistoria, convertir la arqueología en espectáculo y al visitante en actor.

Para realizar las reconstrucciones se han basado en la arqueología experimental apoyada en los datos científicos de manera que se puede conocer el proceso de fabricación de los útiles, de las estructuras de hábitat o la explotación de los recursos naturales. Al mismo tiempo, intentan presentar la arqueología de un amplio territorio más que un yacimiento aislado, ofreciendo una visión dinámica desde los tiempos prehistóricos hasta la época medieval. Todos estos proyectos intentan ser una alternativa al museo tradicional, centrado en las colecciones y orientado más a los investigadores que al público. Por esa razón, la misión fundamental de estos parques es difundir la arqueología mediante el descubrimiento personal y la participación activa del visitante.

Las Presentaciones espectáculo


Con la aparición de la museología del enfoque o punto de vista (Hernández, 1998: 259), se trata de integrar al visitante dentro de las exposiciones y conseguir que su relación con ellas sea significativa, asignándole para ello un papel y espacios propios. El visitante se convierte en el actor social por excelencia y, en consecuencia, no serán ni los objetos ni los saberes los que constituyan la base de la relación entre el visitante y la exposición, sino que será el visitante mismo quien trate de implicarse activamente. Esto significa que las instituciones museísticas están experimentando una serie de cambios no sólo en sus formas de concebirlos, sino también en sus maneras de hacerlos funcionar. Los objetos y saberes son concebidos como elementos que contribuyen a crear un entorno hipermediático o ambiente propicio en el que se le ofrecen al visitante diversos puntos de vista desde los que puede contemplar las exposiciones. En este aspecto, el visitante es considerado como parte integrante de la escenografía y, en torno a él, se configuran cada uno de los registros tecnológicos como son las reconstrucciones, las técnicas de vídeo, los films, las vitrinas, los cascos infrarrojos, las animaciones teatrales y las escenificaciones.

Con esta nueva forma de presentar las colecciones ya no se trata de entrar en contacto con la realidad a través de los objetos expuestos, sino que será la misma realidad la que nos sirva para llevar a cabo el reencuentro con los mismos. Esta nueva forma de entender la museología y su puesta en escena museográfica es fruto de una nueva manera de entender la vida y la cultura en un mundo globalizado que tiende a la uniformidad pero que, al mismo tiempo, hace que la visión de la cultura tradicional entre en crisis con la aparición de las numerosas industrias del ocio y tiempo libre. Esto significa que hoy la dinámica de las exposiciones debe ser considerada a partir de la reflexión global sobre los conocimientos culturales que tienen lugar en nuestros días. Y uno de ellos es la espectacularización y representación del arte como consecuencia de la cultura de la diversión y de la sociedad de consumo. No tenemos más que ver la proliferación de recorridos históricos, espectáculos multimedia, sitios reconstruidos, escenografías realistas y una gran diversidad de parques naturales, arqueológicos, de aventuras y ocio cultural, para darnos cuenta de que algo está cambiando en la manera de entender el arte y la cultura. Y, aunque algunos advierten del peligro de la “disneylandización” de las exposiciones dentro de los museos, no hemos de olvidar que, durante mucho tiempo, se ha dado una fuerte confrontación entre la cultura entendida como el reducto propio de los sabios y eruditos y la cultura popular a la que se le otorgaba un valor muy secundario e insignificante. Hoy, sin embargo, nos vemos obligados a asumir que, por muy importante que nos parezca el enriquecimiento cultural, las personas apuestan de manera preferente por el consumo de los productos que dicha cultura nos presenta.

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