e-rph nº 1, diciembre 2007 Instituciones | Estudios
La museología ante los retos del siglo XXI | Francisca Hernández Hernández
Cuando un visitante entra en el museo deja de ser mero espectador para convertirse en verdadero actor y artífice de su propia visita. De ahí que el museo tenga que transformarse en un lugar lúdico e interactivo, donde sea posible entrar con facilidad y se le permita disfrutar libremente de la contemplación de las obras, reinterpretándolas según su propia visión y conocimiento de las mismas. Pero esto significa que el museo deja de ser un lugar sagrado para convertirse en un foro donde es posible exponer las diferentes visiones y opiniones sobre las escenografías con las que se nos presentan las exposiciones, como si de una auténtica teatralización se tratara, y en la que es posible expresar los sentimientos y las emociones que experimentan los visitantes a lo largo de su recorrido [Imagen 5].
Hoy la comunicación del museo pasa necesariamente por la elaboración de un discurso museográfico en el que la imagen y la escenografía, no sólo en la manera de presentar los objetos, sino también en el modo de construir su propia arquitectura, tengan un protagonismo relevante. La escenografía del espacio expositivo, junto con el carácter simbólico de la arquitectura, han de convertir el museo en un espacio vivo, dinámico y creativo, capaz de suscitar el que afloren las experiencias vitales más profundas. Se trata de potenciar la didáctica y el arte de saber mirar y contemplar la realidad que nos circunda también dentro del museo y de tener oídos para las sugerencias que nos regalan las obras cuando, libres de elucubraciones y palabras, nos acercamos a ellas con una actitud libre, abierta y agradecida. Tal vez, eso sea lo que nos quiere transmitir Jean Nouvel con el diseño y realización del museo etnográfico de Quai-Branly y su cultura en trompe-oeil o de la apariencia: una nueva forma de situarse ante la realidad con libertad y sin prejuicios, abiertos siempre a un mundo cada vez más multicultural (Jeudy, 2005) [Imagen 6].
Imagen 6. Museo etnográfico de Quai-Branly, obra de Jean Nouvel, ejemplo de la importancia que ha adquirido actualmente la arquitectura que alberga las colecciones y contenidos de los museos.
Los museos científicos y su apuesta por la Biomuseología
A lo largo de su historia los museos de ciencias naturales han ido experimentando una profunda crisis que les ha llevado a replantearse los principios fundamentales de la museología científica desde una perspectiva crítica de la cultura moderna. Si analizamos la trayectoria de museos tan significativos como el de Historia Natural de París o el de Ciencias Naturales de Madrid, observamos cómo eran fruto del coleccionismo privado y de los gabinetes de física o de ciencias naturales y que, pese a ello, solían considerarse como centros científicos porque se dedicaban a la clasificación de especimenes y a la profundización de la investigación. Pero pronto entraron en crisis como el resto de museos de historia natural tradicionales y muchos de ellos se vieron obligados a cerrar sus puertas porque necesitaban una profunda transformación de sus instalaciones y una no menos significativa renovación científica, metodológica y expositiva.
Ante dicha situación de crisis los museos científicos han de hacer frente a una nueva etapa de transición que les exige adaptarse a las exigencias de las nuevas tecnologías y crear nuevas relaciones con los visitantes si quieren seguir conservando un papel fundamental como verdaderos centros científicos dentro de la sociedad actual. James Bradburne (1998:71 ss.) está convencido de que es necesaria una renovación en profundidad de dichos museos si pretenden responder a las necesidades de los visitantes que se acercan a ellos. Dichos museos han de apostar, en primer lugar, por un verdadero cambio que esté en consonancia con la aparición de las nuevas tecnologías y con las exigencias de una continua renovación capaces de responder con rapidez y eficacia a los cambios que se van sucediendo dentro de la sociedad. El visitante que se acerca a los museos de ciencias desea participar activamente en cada una de las exposiciones y ponerse al día en las novedades científicas y tecnológicas.
Visitar un museo científico supone pasar un intervalo de tiempo suficiente para enriquecerse con una serie de actividades y de experiencias directas a través de los objetos expuestos. De ese modo, los visitantes dejan se serlo para convertirse en protagonistas activos que tratan de adaptarse a las necesidades de las nuevas tecnologías, explorando así nuevas formas de aprendizaje. Para ello es imprescindible servirse de los nuevos medios de comunicación, de manera que la ciencia y la tecnología ocupen un lugar apropiado capaz de favorecer y promover las experiencias de aprendizaje, tanto formal como no formal, que tengan en cuenta las características medioambientales que les rodea. Se trata de potenciar el aprendizaje continuo ofreciendo la posibilidad de explorar nuevas formas de conocimiento.
Si en algo se distingue la sociedad del siglo XXI es precisamente por su sensibilidad ecológica y medioambiental. Inmersos en un mundo globalizado, descubrimos que nos resulta difícil caer en la cuenta de que nuestra tierra se encuentra en grave peligro de degradación. No es extraño, por tanto, que museos como los de ciencias naturales, centros científicos, parques naturales, ecomuseos, centros de interpretación, zoos, acuarios, centros de exposición y museos de sociedad se interesen por los problemas relativos a la degradación del medio ambiente, a la habitabilidad del planeta y a la reconstrucción de ecosistemas, a la desaparición de las especies, a la capa de ozono o al problema de los desechos y a la urgencia de su reciclaje.
Ya la American Association of Museums (1971), a través Comité Medioambiental, publicó un libro titulado Museums and the Environment: A Handbook for Education, en el que se hacía eco de las experiencias realizadas dentro de los museos en relación con el medio ambiente. En esa misma época surgieron con fuerza los ecomuseos en Francia y el ICOM publicó un número especial de la revista Museum sobre Museos y Medioambiente. A partir de ese momento, museólogos, científicos, ecologistas, biólogos, etnólogos, enseñantes, sociólogos, conservadores y arquitectos tratan de analizar las relaciones existentes entre los museos y el medio ambiente y las implicaciones que aquellos han de asumir a la hora de plantearse los problemas ecológicos y medioambientales (Davallon et alii, 1992). Es decir, los museos entran en una nueva dinámica en la que no son ajenos a una sensibilidad ecológica, están dispuestos a abordar los temas medioambientales utilizando una museografía apropiada y un modo de gestión capaz de hacer frente a los problemas planteados en la conservación del planeta.
En la actualidad, algunos autores como Cristiano Silva Cardoso y Rita de Cássia Oliveira Pedreira (2005, 2006) comienzan a utilizar el término Biomuseología para referirse a la necesidad que la sociedad actual tiene de elaborar una base que facilite la construcción metodológica de aquellos campos del conocimiento que tratan de preservar no sólo los objetos o bienes culturales, sino también todos sus agentes, en un intento de trascender la valoración de la cultura material y adentrarse en la realidad social concreta que nos toca vivir y asumiendo la gestión del patrimonio social, cultural y ambiental de las diferentes comunidades. Si bien estos autores elaboran toda su teoría de cara a la realidad brasileña, aquella puede ser aplicada, salvando las distancias propias de cada lugar, a otros países, máxime cuando nuestra sociedad globalizada nos permite corroborar que compartimos las mismas inquietudes, necesidades y urgencias respecto al medio ambiente y a los problemas ecológicos del planeta. Partiendo de un objetivo tecnológico e interdisciplinar dentro de las ciencias humanas aplicadas, no existe impedimento alguno en servirse de otras ciencias como la pedagogía, las ciencias de la información, la administración, antropología, ecología, etnología, geografía, ciencias políticas, biología, sociología, biotecnología, agronomía y economía solidaria, con el propósito de crear en la sociedad una sensibilidad especial que eduque a las nuevas generaciones de cara a la necesidad de articular diferentes maneras de transmitir, adquirir y aplicar los conocimientos desarrollados por las diferentes ciencias a las estrategias administrativas de conservación y preservación de una economía inmaterial fundamentada en el bien de la sociedad.