e-rph nº 1, diciembre 2007 Instituciones | Estudios
La museología ante los retos del siglo XXI | Francisca Hernández Hernández
Tanto los que apuestan porque el medio ambiente entre en los museos, como los que se deciden por abanderar una nueva forma de concebir la museología, denominada biomuseología, son conscientes de que los museos han dejado de ser simples contenedores de objetos para convertirse en espacios sensibles a cualquier realidad ambiental, educativa, de género, social, cultural y natural que afecte a las sociedades y a los ciudadanos. En el fondo, se trata de que los museos sean medios eficaces de inclusión social donde toda realidad humana sea acogida en un intento de contribuir a la transformación de la sociedad. Pero, para que esto sea así, es necesario que las colecciones no vengan dadas desde fuera, sino que sean las mismas comunidades, instituciones y dinámicas educativas quienes, teniendo en cuenta los aspectos históricos y culturales propios de cada lugar, decidan musealizar aquellos registros que mejor reflejen el sentir y el ser de los pueblos.
Los Centros Culturales
El gran desarrollo que alcanzaron los museos y centros de arte contemporáneo en las últimas décadas del siglo XX, cuyo paradigma fue el Centro Pompidou, ha dado paso a una nueva generación de contenedores que van a ser referente de los gustos, expresiones y creaciones de la sociedad contemporánea. En el Código de Deontología del ICOM para los museos, revisado en la 20ª Asamblea General del ICOM, celebrada en España en el año 2001, se revisaron y actualizaron los estatutos que se publicaron en el 2002. Una de las novedades más importantes es la inclusión dentro del concepto de museo de “los centros culturales que faciliten la conservación, la continuación y la gestión de bienes patrimoniales materiales e inmateriales (patrimonio viviente y actividades informáticas creativas)” (Art.2 b.VIII). Esto supone un reconocimiento explícito del patrimonio inmaterial y del arte digital.
Estos centros pretenden tener una proyección multidisciplinar que incluya todas las manifestaciones culturales contemporáneas -danza, música, teatro, arte-, pero sobre todo el arte digital que comprende diversas creaciones como el arte interactivo, el net.art, las instalaciones multimedia, la realidad virtual, por citar sólo algunas de las expresiones más significativas. Todas estas obras son el resultado final de las estrechas relaciones que se producen entre arte, ciencia y tecnología y que les confieren una carácter dinámico, inmaterial e, incluso, interactivo muy diferente al arte tradicional.
Será en los umbrales del siglo XXI cuando estas creaciones comiencen a incorporarse a las colecciones de algunos museos como el Witney Museum y el Guggenheim de Nueva York, la Tate de Londres o el Pompidou de París, al tiempo que surgen nuevos centros que apuestan por el arte más vanguardista, en un intento de separarse del museo convencional. Así, en París, el Palacio de Tokio, tras su remodelación, se abrió al público en el año 2001 como Centro de creación contemporánea. Montaner (2003) lo define como “una plaza pública dedicada a las experiencias artísticas más innovadoras y al debate estético abierto”. Esta misma orientación han seguido otros centros como el Delfína de Londres y el Mattatoio de Roma.
Un caso especial lo constituye el PS1 Contemporary Art Center, en Queens, Nueva York, inaugurado en 1976. Fue proyectado por el Instituto para el Arte Contemporáneo, una organización sin ánimo de lucro creada por Alanna Heiss en 1971. Este centro ha sido fiel a su espíritu original convirtiéndose en un referente de la creación artística contemporánea, crítica y anticonvencional, filosofía que ha mantenido hasta nuestros días. Es de alabar que haya sabido conservar su espíritu de independencia y su carácter vanguardista como impulsor de las creaciones más emergentes, a pesar de que en estos últimos años está gestionado por el museo de Arte Moderno de Nueva York.
España no es ajena a esta nueva corriente y lentamente se va incorporando a la creación de nuevos centros culturales. Hace muy poco tiempo se acaba de inaugurar el de Gijón y están en proceso de gestación el de Madrid y San Sebastián. Todos ellos se han instalado en edificios antiguos que han perdido su uso original. Se trata de grandes contenedores, muy adecuados para desarrollar una multiplicidad de actividades. Uno de los primeros proyectos surgió en el año 2001 impulsado por tres instituciones públicas: el Gobierno Vasco, la Diputación de Guipúzcoa y el Ayuntamiento de san Sebastián. Se eligió como sede el edificio de Tabacalera, construido en 1913 y que cuenta con una superficie de 21.244 m². Recientemente se ha definido su programa y ha sido presentado como “una fábrica de cultura visual” que acogerá cine, televisión, arte contemporáneo y diseño, al tiempo que albergará tres instituciones con gestión propia como son la Filmoteca Vasca, la Biblioteca Nacional de Euskadi y el futuro Instituto Etxepare para la difusión del euskera y la cultura vasca en el extranjero (Lafont, 2007).
En el mes de marzo de 2007 acaba de inaugurarse en Gijón el LABoral Centro de Arte y Creación Industrial (CACI), que constituye el primer centro de estas características que se ha abierto al público en España [Imagen 7 y 8]. Se ha instalado en el edificio de la antigua Universidad, construido en 1945, y que ocupa una superficie de 17.000 m². Aunque la iniciativa ha surgido del Principado de Asturias, la financiación del mismo correrá a cargo del Principado, quien aportará el 50% del presupuesto, mientras que el otro 50% lo aportarán las empresas y las entidades que forman parte del Patronato (Lafont, 2007). Uno de los objetivos principales del centro es la apuesta por la creación y las artes visuales, así como convertirse en un espacio de investigación, producción y desarrollo de los talleres de los artistas.
Imagen 7. Laboral Centro de Arte y Creación Industrial (CACI), que se abre hoy en Gijón.
Imagen 8. Sala de Laboral Centro de Arte y Creación Industrial (CACI), que se abre hoy en Gijón.
El centro Cultural de Madrid, conocido como el “Matadero”, comenzó a gestarse en el año 2003, momento en el que se inicia una primera formulación teórica del proyecto. Se fija como sede el antiguo matadero de Legazpi que consta de varias naves construidas en ladrillo entre 1900 y 1925 [Imagen 10]. Se trata de una enorme superficie de 85.183 m². edificados sobre un espacio de 143.300 m². El día 13 de marzo de 2006 se presentó el plan director que definió el centro como un “gran espacio de creación actual, multidisciplinar y abierto a la ciudadanía” (Rivas y Gutiérrez, 2006). Según estos autores, las actividades de dicho centro van a girar en torno a tres ejes: formación, creación y difusión. Las obras de rehabilitación de las naves durarán varios años y su inauguración está prevista para el año 2011. Para ello, cuenta con un presupuesto de 110 millones de euros, de los cuales el 75% lo aportará el Ayuntamiento y el 25% el Ministerio de Cultura, Ifema, la Fundación Sánchez Ruipérez y otras empresas privadas. Se trata de un proyecto muy ambicioso, con espacios laboratorio orientados al arte, teatro, música, danza, diseño, arquitectura y creaciones digitales. También están previstos espacios para exponer la colección Arco, así como la casa del lector.
Imagen 10. Dos niñas jugaban ayer en la explanada del viejo matadero de Arganzuela, futuro gran espacio cultural.