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Javier García Fernández
   
     
   
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e-rph 1, dic.07 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 1, diciembre 2007
Legislación | Estudios
 
 
La regulación y la gestión del Patrimonio Histórico-Artístico durante la Segunda República (1931-1939) | Javier García Fernández
 
     

 

Bibliotecas (Decreto de 16 de diciembre de 1932; G.M., núm. 352, de 17 de diciembre de 1932).

Descendiendo a la situación de Bibliotecas singulares hay que señalar, en primer lugar, que la Biblioteca Nacional se dotó de un órgano encargado de formar el Índice General Bibliográfico Español (Decreto de 11 de abril de 1933; G.M., núm. 112, de 22 de abril de 1933). En segundo lugar, la Orden ministerial de 6 de junio de 1933 (G.M., núm. 160, de 9 de junio de 1933) incorporó la Biblioteca de la Academia de San Fernando al Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Además, la Orden ministerial de 1 de febrero de 1935 (G.M., núm. 42, de 11 de febrero de 1935) acordó ampliar la Biblioteca Popular del Distrito de Chamberí, en Madrid.

Museos. La gestión de Museos discurrió, fundamentalmente, por tres ámbitos, a saber, la creación de nuevos Museos, la regulación de su acceso para dar más facilidades a los visitantes y, sobre todo, a la reorganización de sus órganos gestores mediante la reforma y creación de Patronatos.

Creación de nuevos Museos. La República creó, en primer lugar, el Museo de Aranjuez que era uno de los Palacios del Patrimonio de la República y cuya dirección se encargó al Conservador General del Tesoro Artístico, como hemos visto más atrás, mediante el Decreto de 27 de enero de 1932. También se transformó el antiguo Museo Arqueológico de Barcelona en Museo Epigráfico por Decreto de 3 de marzo de 1932 (G.M., núm. 66, de 6 de marzo de 1932) y por Orden del Ministro del ramo de 6 de abril de 1932 (G.M., núm. 93, de 7 de abril de 1932) se establecieron requisitos para la aceptación de material destinado al nuevo Museo. También se reformó el Museo Provincial de Soria que se convirtió en Museo Celtibérico por Decreto 2 de junio de 1932 (G.M., núm. 156, de 4 de junio de 1932). Con el fin de crear el Museo y la Biblioteca Galdosiana, la Ley de 8 de octubre de 1932 (G.M., núm. 296, de 22 de octubre de 1932) autorizó al Gobierno a adquirir la casa de Pérez Galdós en Santander y ordenó constituir el correspondiente Patronato si bien éste no se constituyó hasta mucho más tarde, por Decreto de 3 de mayo de 1934 (G.M., núm. 125, de 5 de mayo de 1934). En el ámbito militar, el Decreto de 16 de diciembre de 1932 (G.M., núm. 352, de 17 de diciembre de 1932) creó el Museo Histórico Militar que fundió los distintos Museos históricos militares de Madrid, encargando su custodia al Cuerpo de Inválidos Militares, cuya Autoridad superior ejercería la dirección del mismo. Otro Museo que también se creó es el Museo Arqueológico Provincial de Almería que lo fue en virtud de Decreto de 28 de marzo de 1933 (G.M., núm. 94, de 4 de abril de 1933). Naturalmente se dotó al nuevo Museo de un Patronato encargado de “la instalación, conservación y administración” que presidía el Presidente de la Diputación Provincial. A iniciativa directa del Director General de Bellas Artes, Orueta, no se creó pero sí se transformó el antiguo Museo Provincial de Valladolid al que el Decreto de 29 de abril de 1933 (G.M., núm. 121, de 1 de mayo de 1933) elevó a la categoría de Museo Nacional de Escultura y al que más adelante, como veremos, se dotó de su correspondiente Patronato.

Ya en 1936, con el primer Gobierno del Frente Popular, se creó el Museo de la Torre del Oro, en Sevilla al que una Orden del Ministro de Marina de 21 de marzo de 1936 (G.M., núm. 85, de 28 de marzo de 1936) configuró como filial del Museo Naval. Dicha Orden estableció el Reglamento del Museo y creó el inevitable Patronato con una composición mayoritariamente civil. El último Museo creado antes del golpe militar fue el de Armas y Tapices, que reuniría piezas procedentes de los palacios del Patrimonio de la República (Armería del Palacio Nacional, Fábrica de Tapices, Estufa de las camelias en el Campo del Moro, etc.). Se creó por Decreto de 5 de mayo de 1936 (G.M., núm. 127, de 6 de mayo de 1936), dependiente del Consejo de Administración del Patrimonio de la República, previéndose la construcción de un edificio adecuado en la calle de Bailén de Madrid y que se nombraría por concurso un Conservador facultativo para determinar los fondos a trasladar.

Más curiosa fue la creación del Museo del Encaje, constituido dentro del Museo de Artes Decorativas a partir de los fondos que poseía la Fundación García Cabrero. El Decreto de 16 de mayo de 1934 (G.M., núm. 139, de 19 de mayo de 1934) adscribía al Museo el Taller-Escuela del Encaje y tenía entre los Vocales de su inevitable Patronato a Carmen Baroja de Caro, a Dolores Moya de Marañón y a Luis de Hoyos Sáinz. Sin embargo, el nuevo Museo estaba destinado a tener una vida efímera pues el Decreto de 26 de julio de 1934 (G.M., núm. 209, de 28 de julio de 1934) creó el Museo del Pueblo Español que recogía los fondos del Museo del Traje Regional e Histórico, los del Museo del Encaje y los del Museo de Arte Popular que en realidad eran los fondos del Seminario de Etnografía y Artes Populares depositados en el Museo de Artes Decorativas.

Otro curioso caso de creación en el papel fue el del Museo Nacional del Coche. Creado por Decreto de 13 de marzo de 1934 (G.M., núm. 73, de 14 de marzo de 1934) tras la demolición de las caballerizas del Palacio de Oriente y para “la conservación del riquísimo tesoro de carrozas, cuyo valor arqueológico no es necesario ponderar”, se le dotó, naturalmente, de su correspondiente Patronato. Sin embargo, en la misma reunión del Consejo de Ministros que aprobó el Decreto de creación del Museo de Armas y Tapices se aprobó otro Decreto derogando el de creación del Museo Nacional del Coche (G.M., núm. 128, de 7 de mayo de 1936).

Sin conexión directa con la creación de Museos pero sí como antecedente de un unas tendencias culturales que llevarían a la creación, en plena guerra civil, del Museo-Biblioteca de Indias, hay que señalar el Decreto de 2 de diciembre de 1933 (G.M., núm. 339, de 5 de diciembre de 1933) que ordenó celebrar en Sevilla, en 1934, el Congreso Americanista de Geografía e Historia. El Comité organizador estaba compuesto por muy relevantes figuras de la cultura. Finalmente, la Orden ministerial de 1 de diciembre de 1934 (G.M., núm. 336, de 2 de diciembre de 1934) ordenó aplazar el Congreso hasta 12 de octubre de 1935. El punto de conexión entre este Congreso y el nuevo Museo-Biblioteca de Indias recae en la colección de arte inca que Juan Larrea adquirió en Perú y, tras su exposición en París y en Madrid, fue presentada, junto a su catálogo, por la Academia de la Historia en el Congreso de Sevilla. Tras el Congreso, la colección Larrea quedó depositada en el Museo Arqueológico Nacional y el propio Larrea constituyó en Madrid la Asociación de Amigos de la Arqueología Americana que elevó al Gobierno la petición de creación del Museo de Indias. Posteriormente, dice Paz Cabello Carro, “el Gobierno escuchó las peticiones de los intelectuales y proyectó la creación de este Museo de Indias. Mientras disponía y redactaba su creación, proyectó construir el museo en la Ciudad Universitaria y le encargó los planos al arquitecto Luis Lacasa; entretanto estalló la guerra civil”.

Acceso a los Museos. La entrada a los Museos y demás Monumentos se declaró gratuita para todos los profesores, doctores colegiados y alumnos que les acompañaran, como estableció un Decreto de 29 de mayo de 1931 (G.M., núm. 150, de 30 de mayo de 1931). Una Resolución del Director General de Bellas Artes de 24 de abril de 1936 (G.M., núm. 129, de 8 de mayo de 1936) publicó los modelos de pase de favor.

Gestión de Museos. En la gestión ordinaria de los Museos hay que señalar la intercambio que realizó el Arqueológico Nacional con el Fogg Art Museum, de Cambridge, Mass., de Estados Unidos. Este Museo estadounidense donó el sarcófago de Alfonso, hijo del Conde Pedro Ansúrez y en reconocimiento por el regalo el Museo español donó una columna románica del siglo XII, procedente de un Monasterio gallego, un doble capitel románico procedente de una iglesia de Aguilar de Campóo y una colección de objetos ibéricos procedentes de varios yacimientos de la Provincia de Jaén. El Decreto autorizando la donación se aprobó el 22 de octubre de 1932 (G.M., núm. 300, de 26 de octubre de 1932). En la política de consolidar e instalar adecuadamente los Museos, la Orden ministerial de 17 de noviembre de 1934 (G.M., núm. 323, de 19 de noviembre de 1934) aprobó el proyecto de instalación del Museo Arqueológico Provincial de Salamanca. Ya con los Gobiernos del Frente Popular, la Orden del Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes de 11 de marzo de 1936 (G.M., núm. 92, de 1 de abril de 1936) aprobó el proyecto del arquitecto Luis Moya para realizar obras en las Salas Americanas y en la Sala Egipcia del Museo Arqueológico Nacional y la Orden del Ministro de Instrucción y Bellas Artes de 27 de abril de 1936 (G.M., núm. 137, de 16 de mayo de 1936) aprobó un proyecto de reparación del Museo del Prado por importe de 49.377’16 que había preparado el arquitecto adscrito al Museo, Pedro Muguruza, que fue más adelante uno de los arquitectos más influyentes de la dictadura.

Patronatos y órganos de gestión de los Museos. En materia de órganos de gestión de los Museos, el Gobierno republicano empezó a actuar con gran rapidez. Si empezamos por el Museo Nacional del Prado hay que recordar que tras la primera medida relativa al Conserje del Prado, de la que hablaremos más abajo, se nombró Director por Decreto de 13 de mayo de 1931 (G.M., núm. 134, de 14 de mayo de 1931). El nombramiento recayó en el novelista Ramón Pérez de Ayala y si ello ya llamaba la atención, la continuación resultó casi grotesca pues el Decreto de 18 de mayo de 1931 (G.M., núm. 140, de 20 de mayo de 1931), tras constatar que el mismo Pérez de Ayala había sido designado también Embajador de España ante el Reino Unido acordó reservarle el cargo de Director del Museo “por tratarse de un caso especialísimo”, autorizarle a ausentarse de España y ordenar que ocupara interinamente el cargo el Subdirector de la pinacoteca Francisco Xavier Sánchez Cantón. Posteriormente, el Decreto de 28 de agosto de 1931 (G.M., núm. 238, de 26 de agosto de 1931) aumentó en dos más el número de Vocales del Patronato del Museo Nacional (entre ellos Gregorio Marañón) y el Decreto de 27 de junio de 1934 (G.M., núm. 180, de 29 de junio de 1934) nombró un Vocal intuitu personae, el Secretario del Patronato que ejercía el cargo desde 1912.

Siguiendo por el Museo Nacional de Arte Moderno hay que recordar que un mes después de establecerse el nuevo régimen, el Gobierno provisional se encontró con la dimisión colectiva de todo el Patronato de este Museo Nacional, dimisión que se aceptó por Decreto de 27 de mayo de 1931 para, en el mismo Consejo, nombrar otro Patronato por Decreto de la misma fecha (ambos Decretos en (G.M., núm. 148, de 28 de mayo de 1931). Además, el Gobierno aprovechó la dimisión colectiva y reformó, por Decreto de la misma fecha, 27 de mayo de 1931, el Decreto de 19 de febrero de 1915, de creación del Patronato del Museo, para abrir el mismo a otras personas de cualificación profesional (publicado también en (G.M., núm. 148, de 28 de mayo de 1931). Sin

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