Un fondo patrimonial de la sombra: la Linterna Mágica
| Francisco Javier Frutos Esteban y Carmen López San Segundo
1. Introducción
Durante el invierno de 1895, mientras los parisinos "estrenaban" el Cinematógrafo Lumière, alrededor de catorce mil espectáculos de linterna mágica se ofrecieron en todo el territorio galo, sin incluir las sesiones organizadas por sociedades educativas o instituciones religiosas (Mannoni, 1994). Este dato sólo quiere ilustrar la existencia de un tipo de espectáculo audiovisual, basado en la proyección de imágenes y uso sincrónico de sonidos, que ofrecido en las plazas, salones, music-halls, pequeños teatros o cafés, tenía a finales del siglo XIX una significativa trascendencia cultural. Se trataba de un espectáculo con dos siglos de tradición a sus espaldas, en el que el linternista, a modo de maestro de ceremonias y acompañado de uno o varios ayudantes, mantenía viva la atención del espectador mediante la dirección de una puesta en escena que combinaba simultáneamente las imágenes proyectadas por la linterna mágica, la recitación de textos y la interpretación de alguna melodía musical. Los textos figuraban tanto en la pantalla como impresos en pequeños programas ilustrados que se repartían antes de la función y en los que se detallaban los números que componían la velada. La música, al tiempo que creaba una atmósfera apropiada, servía para aislar al espectador del ruido del sistema o de los comentarios del público. Normalmente eran fragmentos de piezas de repertorio, separados por intervalos de silencio, y que, en cualquier caso, estaban siempre subordinados al relato visual y a las intervenciones del maestro de ceremonias. Junto a la música, los efectos acústicos, al acompañar una acción, un golpe o una caída, completaban la creación de un ambiente sonoro expresivamente intencionado.[Ilustración 1]
Ilustración 1. 1825. Anónimo. The Proscenium of the English Opera House in the Strand.
La historia de la linterna mágica se inició con la aplicación durante el siglo XVII de una serie de principios físicos que permitieron la proyección de imágenes. Pocas décadas después, la linterna mágica emergió como un dispositivo que se consolidó e institucionalizó como medio de comunicación en los primeros tres cuartos del siglo XIX. Tras su industrialización y comercialización en serie, acaecida en el último cuarto de dicho siglo, sobrevino la decadencia de la linterna mágica durante la primera década del siglo XX. Varias razones han dificultado un acercamiento teórico y metodológico apropiado para el estudio sistemático de las proyecciones audiovisuales mediante linterna mágica. En primera instancia, el obstáculo que supone la amplitud cronológica de su historia, que discurre durante más de tres siglos. También la controvertida interpretación histórica que ha ocasionado la adscripción de la linterna mágica al término 'precine' ha supuesto un freno a la hora de considerarla como un objeto relevante de estudio. Tampoco ha ayudado que sus referencias bibliográficas sean tan desiguales como fragmentarias, y que siempre aparezcan incluidas en trabajos de mayor envergadura relacionados con su contexto mediático. Asimismo ha supuesto un problema la dispersión de los repertorios patrimoniales que están relacionados con las proyecciones mediante linterna mágica, hasta el punto de provocar que los mismos hayan sido infrautilizados como fuentes de investigación. Ante tal panorama, el presente trabajo tiene un doble objetivo: Localizar dónde pueden estar salvaguardados los repertorios patrimoniales relacionados con la linterna mágica y proponer una tipología de dichos fondos.[Ilustración 2]
Ilustración 2. 1890. Anónimo. The Children's Evening Party.
2. Definición de fondo patrimonial y de sus términos asociados
El término patrimonio proviene del latín patrimonum, que significaba para los romanos todo lo que procedía del pater familias y que reconoce a la patrimonialidad como un término técnico-jurídico que engloba una valoración económica de un conjunto de bienes agrupados por su pertenencia a una persona jurídica o natural, o a un fin específico. En Europa, en el siglo XIX, a la par del desarrollo de los Estados modernos se originó un marco legal que, junto a la creación de Historias y Museos Nacionales, permitió el nacimiento de una nueva acepción del concepto de patrimonio, que se añade a la puramente económica. La herencia conservada es juzgada como valiosa por sus poseedores, quienes consecuentemente deben actuar en defensa de una tradición, cuestionada por las revoluciones sociales y políticas, que por esa época también surgen.
De esta manera, el concepto de patrimonio comenzó a ser un instrumento de lo privado y lo cotidiano, y también a tener un sentido público y universal, como el testimonio de un grupo humano que hace referencia a la construcción de una identidad. Desde este punto de vista, el patrimonio es una construcción socio-histórica que nace para conservar las propias formas de vida, para construir un pasado común como sujetos y para dotar de esquemas de interpretación del mundo. Mediante la constitución de patrimonios culturales las naciones modernas legitiman su identidad, al presentarse como colectivos históricos sucesores de las generaciones anteriores y responsables hacia las futuras.
Tras la Segunda Guerra Mundial emergen los conceptos claves asociados al patrimonio cultural. El término bien cultural aparece por primera vez en el texto del 14 de mayo de 1954 de la Convención de La Haya para la protección de bienes culturales en caso de conflicto armado. En ésta y en posteriores elaboraciones se tienen como pertenecientes al patrimonio cultural de la nación los bienes que hagan referencia a su historia. Paulatinamente, el precedente histórico que asociaba de forma unívoca el patrimonio cultural al concepto de monumento -como una entidad físicamente reconocible, material y tangible-, y que concedía un altísimo valor a los productos de las actividades creativas fue superado para dar cabida a la dimensión intangible de la herencia social. De este modo se inicia la salvaguarda de los espacios culturales populares que incluyen el patrimonio oral o se inauguran programas de la UNESCO como el "Proyecto para el paisaje sonoro del mundo" -que comenzó a recoger un legado de sonidos en trance de desaparición-, hasta llegar a programas como el de “Memoria del mundo”, que define el patrimonio documental de la humanidad como todo aquello donde reside un propósito intelectual deliberado.
En este contexto de continua expansión, el concepto de patrimonio cultural incorporó cualquier manifestación de la cultura humana y provocó que algunas instituciones empezaran a incluir en sus acervos actividades y elementos provenientes de la cultura popular, como los espectáculos y medios relacionados con la imagen y el sonido -linterna mágica, fonógrafo, cine, radio o televisión-, surgiendo en la mayoría de los países occidentales los archivos relacionados con los medios de comunicación audiovisual. Un proceso que culminó el 27 de octubre de 1980, durante la XXI Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, reunida en Belgrado, cuando la UNESCO reconoció las imágenes en movimiento como una expresión de la personalidad cultural de los pueblos, y que debido a su valor educativo, cultural, artístico, científico e histórico, debían formar parte del patrimonio cultural de una nación.
Sin ser el más nuevo de los patrimonios culturales, el patrimonio audiovisual es aún objeto de definición. El término audiovisual comenzó a usarse para designar ciertos productos procedentes del vídeo y la televisión, que pronto llegarían a convertirse en lo que ahora se conoce como "vídeo-arte" o, más recientemente, artes electrónicas. Solamente cuando el registro simultáneo de la imagen y el sonido en cinta magnética se popularizó con la aparición masiva del vídeo, el término audiovisual comenzó a ser usado. Y es que cuando el cine sonoro logró reunir en un solo soporte la banda de sonido y la imagen en movimiento, no se habló de audiovisual. Curiosamente, el término se acuñó cuando el cine se había ya consolidado como una manifestación cultural determinante. Y tampoco el nacimiento de la televisión fue reconocido como un hecho audiovisual trascendental... En la actualidad, con alguna que otra connotación, el adjetivo figura en los títulos de los archivos y asociaciones profesionales más relevantes, y ha sido el adoptado por la UNESCO para agrupar a los archivos que tienen que ver con los medios dirigidos a los sentidos de la vista y/o el oído. Por ello, no parece incoherente que se incluya a la linterna mágica como parte integrante del patrimonio audiovisual
Se utiliza una amplia gama de términos para describir los objetos materiales que alojan las colecciones o fondos patrimoniales de carácter audiovisuales. Algunos de ellos se encuentran en plena evolución, y otros son propios de instituciones o países concretos. A continuación se definen los términos más destacados asociados al patrimonio audiovisual, sobre los que se ha llegado a un cierto acuerdo internacional.
Una definición de patrimonio audiovisual puede obtenerse del informe Memoria del Mundo: Directrices para la salvaguardia del patrimonio documental (2002) y puede aplicarse a la linterna mágica, pues comprende todos los repertorios culturales relacionados con las imágenes y/o sonidos reproducibles y registrados en un soporte cuya grabación, transmisión, percepción y comprensión requiere un dispositivo tecnológico, cuyo contenido visual y/o sonoro tiene una duración lineal, y cuyo objetivo es la comunicación de ese contenido, no la utilización de la tecnología con otros fines. La gestión para la salvaguarda del patrimonio audiovisual está relacionada con los tres pilares básicos del área: 1) el acopio, que incluye desde la investigación sobre su ubicación y existencia, hasta la recolección e inventario inicial; 2) la conservación, que implica no solamente su almacenamiento adecuado, sino también los procesos de restauración, copiado y duplicado; 3) el acceso a los repertorios que forman parte del patrimonio audiovisual, que incluye su catalogación e indización para una adecuada consulta, divulgación y reutilización.
Una obra audiovisual es definida por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) como toda creación expresada mediante una serie de imágenes asociadas con o sin sonorización incorporada, que esté destinada esencialmente a ser mostrada a través de aparatos de proyección o cualquier otro método de comunicación de la imagen y de sonido, independientes de las características del soporte material que la contiene. Una definición en la que se evidencia la mediación tecnológica como intrínseca a la obra audiovisual, desde su registro y producción hasta su presentación final.
La obra audiovisual, entendida como entidad intelectual autónoma, se emplea en el patrimonio cultural en cuanto principal componente básico de los catálogos de los museos y archivos audiovisuales, públicos o privados. La obra audiovisual presupone la capacidad de percibir una película o un programa de televisión como una entidad independiente y de organizar la información que posee en torno a dicho concepto. En el caso de las proyecciones mediante linterna mágica, una obra puede constar de muchas placas divididas en grupos lógicos. Por ejemplo, una obra de linterna mágica puede estar contenida en uno o varios soportes o placas, como una obra cinematográfica tiene varios elementos como el negativo de las imágenes y del sonido o el positivo de la copia original, o una serie de televisión de varios programas o capítulos. Este enfoque se ajusta perfectamente a la práctica profesional, a las necesidades de los usuarios y a la gestión de los fondos patrimoniales.
Según Kofler (1991) el patrimonio audiovisual abarca, además de lo que se considera la obra audiovisual, los objetos materiales y los elementos inmateriales relacionados con los medios audiovisuales. Así comprende también los materiales producto de sus industrias culturales como las publicaciones, las ilustraciones, los materiales publicitarios, la información periodística, los manuscritos y creaciones diversas o los elementos asociados con la reproducción y presentación escénica. [Ilustración 3] Por ello, se suele emplear el término colección -literalmente, un grupo de objetos o documentos reunidos- al referirse a una entidad administrativa integrante de una organización más grande, habitualmente, de un patrimonio privado, de un museo, de una biblioteca o de un archivo. Según el contexto, el término puede presentar distintas connotaciones. Desde el punto de vista institucional, el vocablo pone de relieve su dependencia con respecto a una organización o concepto más amplio, en detrimento de la idea de organización por derecho propio. Por ejemplo, una colección de placas de linterna mágica remite a un conjunto de obras aleatoriamente formado que es propiedad de un particular o una institución, y que suele estar integrada en un fondo patrimonial. Por tanto, el término colección entendido como ese amplio espacio simbólico donde es susceptible de verse reunido cualquier patrimonio debe aplicarse de forma juiciosa y no dogmática. De hecho, hay que indicar que aunque las colecciones privadas no sean organizaciones o no se las considere como tales, si se gestionan de conformidad con la definición indicada, por ello han sido tenidas en cuenta en nuestro estudio.