e-rph nº 2, junio 2008 Estudios Generales | Estudios
Legalidad, conocimientos y patrimonio inmueble urbano (1777-1865).
Ilustrados y románticos en la configuración del centro histórico de Granada
| Julio Juste
Resulta imprescindible conocer detalles de la formación, metodología y mentalidad de los agentes que protagonizarán las operaciones de reajustes de las fábricas históricas singulares y su conservación , así como la edificación de la obra de nueva planta (que en su conjunto, forman el conglomerado urbano histórico-artístico), para comprender qué ha llegado a nuestros días como patrimonio y qué cualidades históricas y artísticas tiene. Pero es imprescindible comenzar por comprender el sentido práctico de las rehabilitaciones y el mantenimiento de las ciudades antes de que triunfaran las tesis recientes, por las que el patrimonio de la ciudad es objeto de protección y conservación.
2. Los alarifes del siglo XVII: profilaxis e injerto.
Detengámonos en un expediente de Policía Urbana de 1655. Se trata de una ronda de inspección del estado de seguridad de las fábricas del sector urbano que comprende las parroquias Principal (Sagrario) y San Gil, es decir, el centro social y comercial de la Granada del momento. El expediente se titula “Lista de casas ruinosas para los alarifes de la construcción” (AHMG, 1655: C.01930.1655).
Una comisión político-técnica, compuesta por el aguacíl de cuartel Luís de Aragón y los alarifes de construcción y carpintería, Matías Quadras y Diego Bartega, respectivamente, inicia una "visita" de inspección en la demarcación parroquial del Sagrario y San Gil, estableciendo un diagnóstico sobre el grado de conservación de las fábricas. La visita se realiza cumpliendo un "auto de la Junta", sin más indicación. El inventario de operaciones necesarias en las construcciones del sector demuestra que la demanda del mercado inmobiliario se centra en el mantenimiento del patrimonio edilicio disponible, revitalizando sus agotadas estructuras. Las operaciones más demandadas, según se deduce de este documento, son las siguientes:
[Ilustración 6]
Ilustración 6. En un bajo comercial de la calle Calderería Nueva (2008).
• Pilares: 30 casos. La situación más reiterada: un pilar de "en medio, quitarlo, apuntalar las carreras; sacarlo de cimientos, volverlo a sus plomos (...) con toda brevedad... porque necesita de diligencia" (Ibidem, f 4 r).
• Carreras: 10 casos. La siguiente cita muestra la situación más común:
“hechar carreras (sic) en un pilar medianero que coja las dos tiendas, porque la que tiene [pilar] no tiene entrada”. “Enderezar las columnas” (Ibidem, f 1 r).
• Cubiertas y aleros: 50 casos. Las situaciones denunciadas se refieren a cubiertas en mal estado, y especialmente al vuelo de los aleros y su estado de conservación. Se recomienda reiteradamente la reducción de su vuelo sobre la vía pública (Ibid).
• Otras operaciones: 25 casos. El inventario alude a las siguientes situaciones: cerramientos, poner a plomada muros y recalzamientos, denuncias de cobertizos y apuntalamientos (Ibid).
Estos datos, vistos desde su repercusión óptica, muestran una ciudad que somete su estructura a un continuo despegue, basado en el injerto, que permite una perpetuación secular de su edilicia y a una reposición clónica de los elementos que se deterioran. En términos generales, los casos reseñados afectan a cuestiones esenciales de las estabilidad de la edificación: estructura (pilares y carreras), cubiertas y aguas pluviales (tejados y aleros), cerramientos y muros maestros, y terminan por formalizar una caracterización de su identidad inequívoca. Una ciudad, en suma, recompuesta con sus propios materiales. Pero también muestra cómo parte de su caracterización, el extremado vuelo de sus aleros que marcaba profundamente la imagen de la ciudad del seiscientos, al igual que los alzados rítmicos de sus bajos apilastrados, así como los cobertizos, tienen sus días contados.
[Ilustración 7]
Ilustración 7. Objeto de demolición, en la calle Elvira (1999).
Si relacionamos todos estos datos con las atribuciones y conocimientos profesionales contemplados en las Ordenanzas de albañilería de la ciudad, encontramos una relación simétrica entre una parte de la práctica de estos alarifes y las operaciones legisladas en las mismas, así enunciadas:
• apuntalar,
• meter planchas para hurtar paredes,
• armar tejados y hechar [sic] vigas a los suelos.
Estas operaciones corresponden al grado de oficial de albañilería (Ordenanzas, 2000: ccxlj).
Nos encontramos con la primera respuesta envuelta en contradicción. La formación de los alarifes del siglo XVII, con un conocimiento inspirado en las ordenanzas renacentistas y mudéjares, se muestra eficaz desde el punto de vista del saneamiento de las estructuras funcionales de la edificación, y contribuyen, con sus conocimientos y métodos, a la perpetuación de la identidad de la ciudad. Por el contrario, las sucesivas reformas y mejoras de los ideales de las fábricas (regularidad y decoro) y la específica formación y legalidad práctica de los responsables de éstas, desde el reinado de Carlos III a la década moderada, darán como resultado las políticas de demolición del modelo de ciudad iniciado después de 1501, propiciadas inexcusablemente por la generalización de los planos de alineaciones desde mediados de la década de 1840. Asistimos a una situación de suplantación de un centro histórico por otro historicista, que se ha revelado como histórico con el paso del tiempo, y que se construyó paralelamente al proceso de elevación de la formación y atribuciones de los agentes especializados.
[Ilustración 8]
Ilustración 8. Antonio López de Lara, placeta de la Cruz Verde,1836.
3. Formación y mentalidad. Su repercusión en el patrimonio.
Vemos cómo la mejora de la especialización redunda en la concepción y conservación y/o destrucción del patrimonio; el estudio de los conocimientos y mentalidad de ilustrados auténticos y tardíos, así como románticos y liberales, nos adentrará en la ruta seguida por nuestro patrimonio urbano.
Profesores. No disponemos de expedientes que contengan proyectos firmados por profesores de matemáticas. En Granada, aparecen pocos profesores de arquitectura y tardíamente (por ejemplo, en 1822, José López, profesor de arquitectura [AHMG, 1822: C.00003.0044]). Pero al final del siglo XVIII nos encontramos con Francisco Dalmau, matemático que ejerce la docencia. Pedagogo (Juste, 2008a), su obra más popular es el Plano Topográfico de Granada de 1796, que lleva su nombre. De gran complejidad y excelente factura: dota a la ciudad, a la vez, de un retrato actualizado (en el que se registran las reformas más recientes), de un callejero y de un sistema de control catastral basado en la relación manzana/casa.
[Ilustración 9]
Ilustración 9. Edificio en Carcel Baja, esquina con Capuchinas.
Editor de la publicación Mensajero erudito y económico de Granada, es un matemático que se educa en los principios académicos como se deduce del estudio del expediente relacionado con el plano (AHMG, 1795: C.01876.0017). En primer lugar, el plano es una iniciativa personal que ofrece al Cabildo por una compensación por los gastos de la compleja producción. Su discurso insiste en legitimidades universales y trascendentes del arte de la representación gráfica, “un mapa topográfico que descubra a todo el Mundo su hermosura y feliz situación...” (Ibidem, f 1 v). A continuación reafirma la utilidad de conocer la ciudad y su inequívoca ubicación: “En efecto, ¿a quien que tenga una mediana instrucción en la historia civil de los Pueblos y Naciones podrá ocultársele la sensible y notoria utilidad de este tipo de Mapas? Ellos sirven para el arreglo político de los mismos Pueblos, y para hacer plausible su nombre á todos los siglos [memoria y posteridad] y a todas las gentes del Universo” [trascendencia y universalidad] (Ibid. Subrayados de autor, J. J). El emplazamiento y la situación, y su fijación óptica en un documento, son partes esenciales de la memoria: “¿En dónde estuvo Babilonia? ¿En dónde existió la famosa Nínive?” Este es un punto de opinión y de oscuridad?” (Ibid). Además, e implícitamente, el motivo de su proyecto es la grandeza del patrimonio de Granada (“edificios, plazas, calles, paseos, ríos, fuentes, entradas y salidas de Pueblo, con la Real fortaleza de la Alhambra...” [Ibidem, f 1 r]), retratado para la posteridad.
El patrimonio, su memoria y posteridad, y su trascendencia y universalidad, son las claves funcionales de su proyecto, que se sustancian en la representación y en la fijación del emplazamiento de la ciudad. Efectivamente, el caserío de Granada y sus equipamientos forman un todo artificial, a manera de un memorial, claramente diferenciado del hecho natural que lo rodea, e inequívocamente situado. En el discurso de Francisco Dalmau, existe una evidente simetría con las categorías en las que se fundamenta nuestra concepción actual de patrimonio.
[Ilustración 10]
Ilustración 10. Baltasar Romero, en la calle Portería del Convento de Santi Spiritu, 1839.
Por lo demás, el plano y el expediente muestran a un matemático cualificado que se ajusta con precisión a las exigencias de la legislación académico-ilustrada: regularidad y argumentos.
Maestros. Un maestro de obras tiene una mentalidad muy distinta; por ejemplo: Jerónimo de Palma, Maestro mayor de Granada. Para conocer su método necesitamos recurrir a otro expediente de la misma centuria, protagonizado por el propio de Palma. Se trata del expediente titulado "Reforma de calles y plazas" (AHMG, 1764: C.00001.0077), aunque su contenido se reduce a la calle Escudo del Carmen. Los vecinos de la mencionada calle solicitan, en 1766, al intendente de provincia ampliar la latitud de la calle por motivos funcionales, para el acceso de carruajes, toda vez que han hecho fuertes inversiones en sus casas que son "principales", y se encuentran privados de ciertos servicios (Ibidem, f 1 r). Un segundo pedimento de los vecinos, un año más tarde, acelera la intervención del maestro mayor Jerónimo de Palma, cuya declaración y tasación nos suministra diversos datos sobre el método aplicado (Ibidem, f 5 r). El maestro examina el lugar y señala las medidas a tomar: situar, de acuerdo con las ordenanzas, los elementos salientes del plano de la fachada (rejas y balcones), para evitar interceptar la vía pública. Ampliar la latitud con la demolición de determinados inmuebles, teniendo en cuenta el estado de ruina, las reducidas rasantes y la sección de la calle (se prefiere la alineación S). Igualmente se tienen presentes las propiedades con espacios abiertos, sin densificar, medianeros con la alineación (corralones).