e-rph nº 2, junio 2008 Estudios Generales | Estudios
Legalidad, conocimientos y patrimonio inmueble urbano (1777-1865).
Ilustrados y románticos en la configuración del centro histórico de Granada
| Julio Juste
No existen representaciones gráficas y el proyecto es un diagnóstico descriptivo, seguido de una receta y una estimación del coste de la operación. El método es de un empirismo plausible, basado en el replanteo de la realidad, no más allá de lo necesario. Y no lo es menos en su etapa ejecutiva: cortar y bornear las fábricas, reimplantando los materiales estables (pilares de piedra y carreras de madera). Consecuentemente, las técnicas necesarias son las mismas que manejan los alarifes del siglo XVII, estudiadas anteriormente. El criterio propuesto es un retejido de la ciudad con sus propios materiales, mediante técnicas seculares. En el presupuesto, la cantería y la viguería resultantes de la demolición se estiman como haber y, en términos de apariencia óptica, la ciudad aparece como inmutable, renacida de sus propias cenizas, de modo pausado y sin sobresaltos.
[Ilustración 11]
Ilustración 11. Baltasar Romero, plaza de Mariana Pineda, esquina con calle San Matías, 1841.
Arquitectos. La secuencia romántica y liberal la protagoniza Juan Pugnaire. Arquitecto de origen francés, inicia muy joven su carrera y su prolongado ejercicio profesional le permite ensartar las décadas en las que se suceden los cambios significativos en la legislación decimonónica. De una proyectiva cuidada inspirada en modelos académicos, desarrolla una intensa actividad en instancias institucionales y en la demanda privada. En 1840, inicia un expediente, para la Comisión de Ornato cuyo título es en sí mismo un manifiesto liberal: Sobre variar los nombres de las calles y plazas que los tienen de nefasta memoria (AHMGR, 1840: C.01876.0019). Propone sustituir Inquisición por de la Revolución; de los Frailes por de los Libres; del Águila por Mariana Pineda; del Carmen por Milicia Nacional, entre otros [Ibidem, f 4 r y v]). En una secuencia breve, pero representativa, los cambios de nombres muestran un posicionamiento ideológico liberal y nacionalista, claves que coinciden con ciertas bases sobre las que se ha destilado sucesivamente el concepto moderno de patrimonio urbano: la interiorización del concepto de comunidad nacional, basado en la identidad de una experiencia pretérita, material y espiritual, que finalmente se acota territorialmente, y es asumida moralmente.
Sin embargo, está por ver cuál es la relación positiva que guardan los avances en la formación de estos arquitectos con el patrimonio doméstico, extensivamente superior al monumental y singular, y que, en nuestro pensamiento actual, resulta imprescindible en la armonía de patrimonio urbano, entre sus diversas escalas de valores. Observemos algunos datos para evaluar la relación que guardan los nuevos profesionales con el pasado y cómo lo asumen en tanto que identidad nacional y local.
[Ilustración 12]
Ilustración 12. El nuevo edificio, en 2008.
En abril de 1842, la Comisión de Ornato, “dispuesta a procurar el mejor aspecto de esta población cual lo exige su civilización y cultura” (subrayados del autor, J. J.), se dirige al Duque de Abrantes, propietario de la casa de la placeta de Tobar, para que en el plazo de 15 días proceda a la demolición “de la mala vista que ofrece el cobertizo de su casa” para “por este medio dar a dicha calle las luces de que carece” (AHMG, 1842: C.00003.0057). El propietario se encuentra ausente y la Comisión opta por encargar un informe a Juan Pugnaire. Desde su inicio comienzan las andanadas: “ ...ellos afean y oscurecen la población en los puntos en que están construidos, recuerdan épocas fatales de atraso y abandono” (Ibidem, f 4 v). Sin embargo, se da de bruces con lo más sagrado para un arquitecto del liberalismo, la propiedad privada urbana inmueble, cuando profundiza en el asunto y comprueba que estas construcciones están en pleno uso, y hacen practicables los accesos a las distintas propiedades ajenas que mantienen una relación engalaberno; esto es: la “incrustación de un inmueble en otro de distinta titularidad” (Medina de Lemus, 2000: 505). Esta abigarrada relación entre propiedades, y los cobertizos como árbitros de la independencia entre las mismas, lo lleva a la conclusión que son soluciones para “habilitar la comunicación de que tanto carencia la antigua Población Árabe” (AHMG, 1842: f 1 v).
La expresión regularidad de las fábricas (relativo a regular, es decir: ajustado y conforme a regla, y uniforme, sin cambios grandes o bruscos), es obsesivo especialmente en el siglo XVIII y se fortalece como argumento con los de civilización y cultura de corte liberal. En este contexto, según la RAE, civilización significa estadio de desarrollo del ámbito espiritual (ciencia, artes, ideas y costumbres); y cultura (si exceptuamos su acepción popular), conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo espiritual. Estadio de desarrollo y modos de vida son argumentos para marcar las distancias con la ciudad precedente, que resulta atrasada (insuficiencia de desarrollo en la civilización y/o en las costumbres), fea (que causa desagrado o aversión), y de fatales épocas (desgraciadas, infelices): se refiere lógicamente a la ciudad tardo pintoresca que emocionó a los románticos, y que se había instalado en sus imaginarios como estación de sus viajes, la misma que mantenían viva alarifes y maestros, en una ciudad en despegue perpetuo, basados en los patrones seculares de sus oficios.
[Ilustración 13]
Ilustración 13. Juan Pugnaire, Niñas nobles, plaza de Capuchinas, 1838.
Cambian los conocimientos y cambian los métodos, y entra en crisis la óptica de la ciudad. Paralelamente a la omnipresencia de la profesión de arquitecto en las relaciones de la construcción, las relaciones entre oficios y ramas especializadas, basadas en la confianza jerárquica entre juventud y aprendizaje, y entre experiencia y veteranía, se diluyen. Las distintas maestrías especializadas y oficios se arremolinan en la base sobre la que el arquitecto ejerce sus atribuciones y responsabilidades. Este es el momento culminante del primer objetivo constituyente de la Academia de San Fernando: “una nueva autoridad”. Así lo analiza Ignacio Henares Cuéllar:
“La Academia de San Fernando se constituye como una institución dirigida contra la organización corporativa —los poderosos gremios de artesanos—, pero a la vez rigurosamente controlada por la burocracia regia y por la nobleza. Con su fundación en 1752 alcanza la sanción jurídica una importante tradición reivindicativa de carácter estatutario constantemente ejercida ante la monarquía absoluta, a la vez que las relaciones corporativas eran relevadas por una nueva autoridad” (Henares, 1977: 17).
Lo que en la ciudad precedente era una consolidación o una mejora en clave de remedo e injerto, ahora es una demolición.
4. La suplantación de la ciudad o el tell viviente.
La ciudad tardoilustrada que dibuja Dalmau en 1796 tendrá vigencia durante todo el Romanticismo. Una serie de hechos impredecibles, y sin motivo aparente para considerarlos como parte de un sistema causal, se encadenan para escenificar, incluso físicamente, el fin de la ciudad mudéjar-castellana, en su estadio pintoresquista, en un compromiso entre coincidencias y simetrías de los acontecimientos.
[Ilustración 14]
Ilustración 14. Estado actual (2008).
Los historiadores señalan 1830 como culminación del Romanticismo. El año 1832, se da curso a un trámite administrativo: Baltasar Romero, maestro de obras que ha convalidado sus estudios como arquitecto en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, solicita asistir al arquitecto de la ciudad, Luís Osete (AHMG, 1832: C.00038.0010). Un poco antes de esta solicitud se inicia el flujo de una generación de arquitectos de nuevo tipo, que remodelará la ciudad bajo preceptos trigonométricos. En 1835, Girault de Prangey representa plaza Nueva, teniendo como fuga su lado E, con su pilar clasicista a manera de una membrana osmótica sobre el fondo de la depresión del río Darro y la iglesia de Santa Ana, al filo de su desaparición, ese mismo año, por una crecida del caudal del río Darro.
Con el proyecto de saneamiento del río Darro, en su curso por las antiguas tintorerías y su final embovedado como calle Reyes Católicos, comienza el desmontaje, de manera extrema, de la ciudad que había provocado la admiración de tardoilustrados y románticos, expresada en el elogio, la invención literaria y en la captación y difusión de sus vistas más representativas, y que no eran sino las consecuencias de las metodologías de los alarifes y maestros, que lograron una óptica de la ciudad basada en el reimplante sucesivo de sus estructuras. Una sensación de quietud alejada de la historia será sustituida por ritmos secuenciales, basados en las relaciones armónicas entre vanos y macizos de sus fachadas, y resaltes, horizontales y verticales, en ocasiones moldurados, de inspiración clasicista.
La actuación de estos arquitectos, así como el discurso de Pugnaire sobre los cobertizos, antes referido, puede resultar severa, y sería una visión parcial de su proceder. En las actuaciones de estos profesionales se perciben detalles de una preocupación por el carácter de la ciudad, y adoptan criterios que contribuirán a una nueva percepción de lo que hemos definido como centro histórico.
[Ilustración 15]
Ilustración 15. Antonio López de León, Universidad Literaria, 1847. Proyecto no realizado.
Así, respecto a las tipologías de la edificación doméstica, disponen de unos criterios, no escritos, para proyectar, según en qué cota característica de la ciudad. La comparación de los proyectos de un mismo arquitecto, según la situación de la propiedad, indica que proyectan sintetizando el entorno, recurriendo a simplificaciones extremas en zonas pintorescas (cotas altas), y a la retórica en zonas monumentales (cotas bajas).
En relación al patrimonio monumental, sus aportaciones son interesantes. En cuestiones estáticas, resuelven un tema preocupante que afectaba a la supervivencia de la Torre de Comares (Muñoz, 1991: p160-164). Para la reedificación de la Alcaicería, tras el incendio de 1843, optaron por una versión monumental de lo que fue una estructura comercial blanda, para lo que establecieron criterios estéticos, formales y cromáticos, basados en una canonización del orden nazarita.