e-rph nº 2, junio 2008 Estudios Generales | Estudios
Legalidad, conocimientos y patrimonio inmueble urbano (1777-1865).
Ilustrados y románticos en la configuración del centro histórico de Granada
| Julio Juste
Mis investigaciones sobre color urbano muestran una concepción cromática de la ciudad del liberalismo muy armónica, basada en principios topográficos: tonos de similar intensidad en la ciudad baja y valores que se van diluyendo conforme ascienden las cotas, hasta el blanco (Juste, 1998b).
La legislación liberal sobre proyectos exige el levantamiento de planos detallados de los edificios objetos de remodelación, para evaluar los aspectos artísticos de los mismos que convengan conservar. Este paso resulta decisivo en la identificación de patrimonio como monumento, en ausencia de un catálogo, y la estimación de lo artístico como valor añadido al uso, en tanto equipamientos del Estado (BOPG, 1860).
Estos arquitectos, estilísticamente hablando, comienzan en el neoclasicismo romántico, para desembocar en el historicismo. Versados en estilos, pueden proyectar en gótico, como Juan Pugnaire, que argumenta las cualidades materiales y espirituales de gótico aplicado a la edificación religiosa (Guillén, 1990: 336) o canonizar el alhambrismo. Antonio López de Lara, Baltasar Romero, Juan Pugnaire y Salvador Amador, Santiago Baglieto, o Cecilio Díaz Losada son arquitectos formados en las bellas artes, con anterioridad a la escuela y su actividad abarca desde el año 1830 hasta bien entrada la década moderada, incorporándose sucesivamente al debate. Implantan, inicialmente, un modelo palatino urbano romántico, expresado en una escala acorde con la parcelación extremadamente reducida del suelo urbano en Granada. Formalmente parecen conectar, salvando las escalas, con modelos del Vitrubius Britannicus. Entre los años 1835 y 1855 es el periodo en el que más claramente se perfila la opción romántica.
[Ilustración 16]
Ilustración 16. Juan Pugnaire, casa del Marqués de Villalegre, 1856.
5. Conclusiones.
a. La ciudad regular. «Regularizar», para las administraciones del momento, quiere decir, en términos prácticos, construir un nuevo centro. Pero la drástica renovación urbana es relativamente cierta. Aunque la metodología de los planos de alineaciones es implacable, su aplicación propiedad a propiedad, según su estado de conservación, da tregua a la renovación de la ciudad; como sólo la ruina, denunciada por agentes municipales o vecinos, comporta un expediente de demolición y/o reparación, el componente tiempo administrativo, y el derivado de la escasez de presupuesto, hace que las actuaciones propias de la ciudad de los alarifes, resentida y leída en clave pintoresquista, se sigan practicando: en 1878 se dictan normas para diagnosticar si un pilar amenaza ruina; los arquitectos asumen las responsabilidades y los procedimientos de las maestrías obsoletas. En cierto modo, la ciudad de los alarifes y maestros mayores sigue vigente.
[Ilustración 17]
Ilustración 17. Estado actual (2008).
b. Un tell viviente. Los resultados de estas experiencias (basadas en los nuevos métodos y criterios administrativos, en relación al patrimonio urbano), es un supracentro histórico montado con nuevos criterios estéticos sobre la experiencia histórica precedente, que sirve de basamento. La consecuencia es un tell viviente en él que las tramas urbanas son coincidentes, pero en el que de los meandros del trazado de sus alineaciones se verán sustituidos por líneas quebradas, susceptibles de un cálculo trigonométrico, hasta lo irreducible. ¿Pero cómo son los muros de dicho tell viviente? La ciudad es un traslapo de pasadas y reciente experiencias, y de métodos que se confrontan entre proyectos que perviven, más o menos retocados y otros que nacen bajo principios románticos. Una lucha por la supervivencia, una frágil síntesis entre admiración y animadversión.
[Ilustración 18]
Ilustración 18. Antonio López de Lara, Proyecto para el Marqués de Villamena, 1867.
c. La rentabilidad de usos preside la dialéctica pervivencia/renovación. En las ciudades, hacer tabla rasa es poco rentable. En sentido estricto, la formalización de los centros históricos ha tenido un recorrido lento basado en el solapamiento de estructuras, quizá diversas y contradictorias, cuyo cambio y/o pervivencia es una lucha basada en la objetividad de la vigencia de los usos, su eficacia y rentabilidad. La síntesis entre pervivencia y renovación marca nuestro patrimonio urbano actual.
d. La inviabilidad de la ciudad de los alarifes. En clave plausible, una pregunta: ¿las estructuras de las piezas urbanas menudas podían responder a un desarrollo temporal más allá del protagonizado en las centurias pretéritas? Sin las intervenciones de que fueron objeto, sin duda, no. Las técnicas dominantes (poca piedra en relación a la abundancia del aparejo mudéjar: cajas de tierra y cal e hiladas de ladrillo), hacen pensar en su fragilidad. En una encuesta urgente entre arquitectos con experiencia en la rehabilitación de edificios domésticos singulares coincidieron en sus respuestas a la pregunta ¿qué duración eficaz puede estimarse en la edificación de estas características? En ningún caso llegaron al siglo.
e. La relación Romanticismo/ciudad se interpreta en términos contradictorios. Como ya he adelantado, la paradoja central del debate son los sentimientos que suscita la ciudad pintoresca: frente a la atracción de los viajeros, la animadversión que provoca en los arquitectos románticos, aunque por la misma causa, su obsolescencia. Para el viajero, la ciudad romántica es la autenticidad secularmente recompuesta, mientras que para los arquitectos es la aplicación del rigor neoclásico de sus modelos; es decir, la autenticidad clásica recompuesta sobre la objetividad que brinda la razón. Pero lo que se debatía en el fondo era poner límites, para su posterior desmontaje, a la ciudad tardopintoresca, que había prevalecido por obra de los alarifes y, con ella, y esto es muy importante, la supresión de los títulos y oficios sustentados en el alarifazgo y en las ordenanzas castellano mudéjares. Casi sesenta años de legislación y pedagogía fueron suficientes para liquidar una práctica secular y su expresión física urbana, y encontrar la autoridad máxima en la figura del arquitecto.
[Ilustración 19]
Ilustración 19. Mariano Díez Alonso, Ermita de San Juan de Dios, calle Elvira, 1879.
f. Una nueva epistemología en el gobierno de las fábricas. Los cambios de valoración que pueden percibirse comparando los textos legislativos de la administración absolutista y del estado liberal se concreta en una modificación de la epistemología, que podemos ejemplificar en la sustitución de la concepción antropocéntrica por el discurso deductivo y demostrativo. Este detalle puede observarse en las unidades de medida de las escalas de los proyectos: de la relación de escalas pies/dedos (la anatomía humana es modélica), a la relación centímetros/milímetros, que responde a un patrón de deducción telúrica compleja. Igualmente resulta revelador el paso decisivo entre el planteamiento heurístico de los maestros y las soluciones verificables trigonométricas de los arquitectos; entre el uso de plantillas y operaciones con base matemática. Pero los nuevos arquitectos se enfrentan con algunos problemas. Como es sabido, la triangulación de la superficie de una propiedad inmueble, en este caso urbana, es una operación básica para definir su perímetro y calcular su superficie. Al aplicar los planos de alineaciones, aparecen quejas de los vecinos. Para mayor certeza en la tasación de la aplicación de la servidumbre de alineación, se prefiere el empirismo de la demolición del edificio, antes que la abstracción del cálculo; el titulo del expediente generado por ciertas irregularidades en las tasaciones, es revelador: “El arquitecto Juan Pugnaire, sobre que las líneas que se den después de que los dueños hayan derribado su finca” [AHMG, 1865: C.00017.0021]). Por su parte, maestros y alarifes disponían, en el terreno de la geometría práctica, de equivalencias de superficies poligonales y medios para reducir a triángulos superficies irregulares (Toajas, 1989: 185), cuya práctica demostraba su eficacia. Mesura y tasación son prácticas que permanecerán como atribuciones de los maestros de obras (BOPG, 1864: 1).
[Ilustración 20]
Ilustración 20. Florentino Zavala Amátrica, edificio en la calle Elvira; en sus bajos se encuentran las Bodegas Castañeda,1884.
En sus composiciones, los arquitectos románticos aplicaban el Teorema de Tales para dotar de armonía los ritmos de sus proyectos. Como es sabido, su aplicación permite obtener armonías entre el todo y las partes. La relación proporcional entre vanos y macizos es áurea, e hipotéticamente podemos pensar en una receta que conduce a soluciones acertadas, para evitar deslices en la composición; un modo de educar y encauzar el subjetivismo del autor, garantizando una mayor objetividad de los resultados compositivos de su trabajo: contra la deformidad, las proporciones debidas, términos omnipresentes en sus discursos. Los logros formales de sus proyectos marcan las distancias proyectivas con los alarifes.
Creo que hay condiciones para afirmar que la atracción que ejerce el centro histórico de Granada —y pienso que podríamos hacerlo extensivo a otras ciudades— es la consecuencia de la tensión que produce un compromiso precario entre una reforma plausible y un pasado que se resiste a desaparecer.
[Ilustración 21]
Ilustración 21. Estado actual. Obsérvese la limpieza del proyecto, exclusivamente técnico, y el repertorio decorativo, aplicado en la fase de acabados.
Documentos
(1801) Real provisión de los Señores del Consejo por la cual se manda guardar lo dispuesto en las Reales Órdenes que se refieren sobre los requisitos que han de concurrir en los Arquitectos y Maestros de Obras, y los que han de preceder a la aprobación de los diseños o planos para obras públicas, en la forma que se expresan. Madrid: Imprenta Real.
AHMG, 1814: C.00002.1814
AHMG, 1655: C.01930.
AHMG, 1764: C.00001.0077.
AHMG, 1795: C.01876.0017.
AHMG, 1822: C.03452.0044.
AHGM, 1840: C.01876.0019.
AHMG, 1842: C.00003.0057.
AHMG, 1832: C.00038.0010.
AHMG, 1865: C.00017.0021.
AHMG, 1836-1877: C.00059 [En esta pieza se conservan los ejemplares de los BOPG citados].
BOPG. Granada, jueves 5 de abril de 1860, nº 82.
BOPG. Granada, domingo 16 de agosto de 1863, nº 190.
BOPG. Granada, domingo 8 de agosto de 1864, nº 203