e-rph nº 2, junio 2008 Patrimonio y Desarrollo | Estudios
De la gloria de Bizancio a la Capitalidad Europea de la Cultura. Estrategias de intervención urbana en Estambul | María Pilar García Cuetos
Está claro que los grandes programas de conservación por sí solos no resolverán el problema de la preservación de las casas de madera de Estambul y que es preciso completarlos con proyectos de otra índole, especialmente los vinculados a iniciativas ciudadanas. En este campo, cabe destacar la campaña Save Our Roofs, organizada por la TTA (Turkish Timber Association) (44), que recibió apoyo gubernamental y se basaba la idea de recuperar casas tradicionales con labores de reparación de bajo coste y que se inició en la zona de Zeyrek. Esta loable iniciativa ha conseguido salvar unas pocas casas, pero sus proyectos chocan con la falta real de apoyo y la dificultad de gestionar adecuadamente los fondos recibidos, si bien, su modelo ha sido imitado por las autoridades locales de algunos distritos como el de Suleymaniye, Fatih o Eminonu. Se trata de potenciar la recuperación de casas de personas con pocos recursos mediante obras de intervención de coste limitado, manteniendo la población y generando una alternativa a la vivienda de índole social, que la UNESCO ha señalado como un camino a seguir (45). Además, recuperar las casas tradicionales supone una alternativa al mayor coste que conllevan las construcciones de nueva planta, y la prueba de ello está en la recuperación de tres casas en Zeyrek, promovida por la TTA, cuyo presupuesto de obras fue mucho menos oneroso que el que suponía la alternativa de la demolición y reconstrucción, y con la ventaja añadida de que de esa forma se garantiza la conservación de la autenticidad, que se basa en el uso de los materiales y las técnicas, tradicionales, así como en la conservación del grueso de la estructura. Pero apoyar las iniciativas de particulares para mantener sus viviendas de madera presenta problemas a los que hay que buscar soluciones y será preciso también buscar fondos para desarrollar esta política. En primer lugar, hay que tener en cuenta el gran número de casas de madera que se conservan. Cuando se pueden recuperar con una inversión mínima es fácil obtener fondos, pero las intervenciones de mayor envergadura precisarán el apoyo del Fondo del Patrimonio Mundial y de otras instituciones y sociedades. Igualmente, las entidades municipales deberían establecer un sistema de ayudas financieras a los propietarios de los edificios históricos. Pero si el dinero es un problema, no lo es menos la necesidad de asesorar y apoyar técnicamente las iniciativas particulares de recuperación, y para ello será preciso contar con profesionales formados, con los que en este momento no se cuenta. Otro problema añadido es el de los residentes en régimen de alquiler y los que ocupan ilegalmente las viviendas. Como vengo repitiendo, en el caso de los propietarios es más sencillo encontrar soluciones como créditos o subvenciones, pero los inquilinos arrendatarios dependen de la aprobación de los propietarios, en muchos casos interesados en que las casas de madera sean sustituidas por otras más capaces y, por tanto, más rentables. Considero que una posible solución en estos casos estaría en un sistema de apoyo económico a los propietarios para que puedan recuperar las casas a cambio de mantener a los inquilinos de baja renta.
Con sus errores, con sus fracasos, todo este cúmulo de iniciativas que han ido marcando la recuperación y la conservación de las viviendas tradicionales de madera en Estambul ofrecen una última esperanza para conservarlas. Pero también habrá que preguntarse sobre la posibilidad de aplicación de las directrices internacionales en tan complejo contexto. La compleja solución del caso de las degradadísimas zonas de Sulemaniye y Zeyrek sigue pendiente y no se ha superado el peligro de la ruina que parecía irreversible hace apenas unos años. Con todo, algo ha cambiado, y creo que es lo más decisivo: debe admitirse que el significado profundo de identificación entre la ciudad y sus casas se ha recuperado, puesto que constituyen todo un símbolo para Estambul, y no debe olvidarse que si ese significado no se recupera en las zonas en las que se va a intervenir, ningún plan dará resultado. Es necesario romper la dinámica de la “discontinuidad cultural”, porque si se logra invertirla, los valores culturales de las casas tradicionales, como elemento propio, original y significativo de la ciudad y una buena parte de orgullo colectivo, se habrán recuperado con ellas. Igualmente, el terremoto sufrido recientemente por la ciudad ha puesto de manifiesto la mejor resistencia de estas estructuras, que responden a una experiencia acumulada y de adaptación a las características del territorio, frente a los evidentes riesgos que comportaron la arquitectura contemporánea y el uso del hormigón, muchas veces inadecuado (46). Las casas no serán más auténticas en el caso de tener claramente señalados todos los elementos repuestos, como señalan las disposiciones internacionales sobre intervención en estructuras históricas de madera, sino en la medida en que se respeten las formas constructivas tradicionales y se recupere el rico legado cultural de la construcción de madera estambulí; en la medida en que las casas, los barrios, vuelvan a tener significado para sus habitantes [Imagen 10] y no sean sólo apreciadas por los turistas partidarios de confundir pobreza y marginación con pintoresquismo. En el camino de la recuperación de esta arquitectura, creo que el riesgo está en que su uso con fines puramente turísticos determine que las restauraciones se lleven a cabo con técnicas industriales y no artesanales. También es cierto, pese a las recuperaciones exclusivamente turísticas que alteran la autenticidad de esta arquitectura, que es posible que una parte de la misma pueda rehabilitarse con fines hoteleros u hosteleros, acogiendo a un turismo que busque acercarse a la ciudad histórica, al Estambul que tiene en sus casas tradicionales su seña de identidad más notable, mestiza en su fusión de tradiciones y herencias, hermosa y pragmática, como la misma ciudad que, aún hoy, nos sigue atando definitivamente a ella, como lo hiciera con los románticos europeos, por su compleja, rica, integradora, contradictoria y auténtica realidad cultural y material.
Ilustración 10. Una de las viviendas restauradas en el programa Fener-Balat, a la derecha, en un entorno que comienza a recuperarse para sus habitantes tradicionales. Es, sin duda, el camino a seguir.