e-rph 20, jun. 17 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 20, junio 2017
Gestión | Estudios
 
 
La gestión comunitaria del agua en la cara norte de Sierra Nevada: Acción colectiva y saberes etnoecológicos en los sistemas de riego de origen andalusí | José Francisco Ruiz-Ruiz, José María Martín Civantos
 
    

 

6.- Saberes y prácticas comunitarias para la gestión del agua

La gestión del agua en el Marquesado del Zenete se realiza de acuerdo a conocimientos tradicionales de un hondo arraigo histórico y cultural, que han sido depurados durante generaciones y de acuerdo a las características ecológicas de la cara norte de Sierra Nevada. En este sentido, la escasez estival es el reto ambiental mas importante que los regantes afrontan en la región y ha sido decisivo en la organización humana para el aprovechamiento del recurso. Las comunidades de regantes cuentan con un sistema de reparto del agua denominado tanda, que se pone en práctica durante los meses de mayor sequía (de mayo a septiembre) y cuyo objetivo es establecer un reparto equitativo y ordenado del agua entre todos los regantes. La tanda de cada sistema de riego establece en qué momento el agua pertenece a cada pago y a cada una de las parcelas que lo componen. Cada tanda tiene una duración variable según lo extensa que sea la vega que riega. Así, existen varias casuísticas dependiendo de las características de cada sistema de riego. El caso más sencillo es el de pueblos que poseen una única vega con una tanda, como ocurre en Ferreira que tiene una única tanda de 11 días, o Huéneja que reparte el agua de su única captación en una tanda de 14 días. También existen casos en los que el sistema de riego posee varias captaciones y por tanto riega varias vegas que tienen diferentes tandas. Esto ocurre en Dólar y en Jérez del Marquesado. Este cuenta con tres tandas para las tres vegas que posee: una tanda de siete días en la vega regada por la acequia de Alcázar, una tanda de diez días en la vega regada por la acequia de Jérez y una tanda de catorce días en la vega regada con la acequia de Alrután. Finalmente, se da el caso de tandas compartidas en aquellos pueblos que comparten el agua de una misma captación. Así sucede en Aldeire, que tiene una tanda compartida con La Calahorra para repartir las aguas del río Benéjar en la que el primero tiene seis días y el segundo cuatro. Aldeire también tiene una tanda propia de ocho a diez días en la vega regada con las aguas del río Benabre. Lanteira y Alquife también responden a este modelo.

Pero además de definir el orden en el acceso al recurso, es necesario delimitar la cantidad que cada parcela puede emplear, especialmente cuando el agua del deshielo comienza a escasear. Por ello, el funcionamiento de la tanda hace necesario que durante los meses más secos se realicen monitoreos continuos de la cantidad de agua que circula por los ríos, acequias y balsas que permitan a los regantes establecer la cantidad a usar en cada parcela. Para medir el agua en la región se emplea una medida local conocida como golpe de agua, que los locales saben calcular y reconocer sin necesidad de aparatos de medida. Durante el estío, en cada sistema de riego es necesario calcular diariamente los golpes de agua totales con que cuentan los regantes para a partir de ahí establecer cuántos minutos de agua podrá usar cada parcela según su superficie. Se calculan sumando los golpes de agua que circulan por las acequias madre y los que proporcionan las balsas de almacenamiento. Esta cantidad de agua puede variar a lo largo del día, aumentando por factores como el aumento del deshielo, lluvias ocasionales, etc., o disminuyendo a medida que las balsas se van vaciando, el deshielo merma, etc. Todo ello obliga a que el monitoreo deba realizarse de forma constante durante la jornada y que la cantidad de agua por superficie de tierra deba recalcularse si las condiciones cambian por encima de cierto umbral. Mientras la tanda establece el orden de riego, el monitoreo define la cantidad de agua por superficie.

La tanda es una forma de organización social para el reparto del agua cuyo funcionamiento está totalmente adaptado a las condiciones ecológicas locales. En este sentido, podría afirmarse que la tanda es la conexión socio-ecológica central en estos sistemas de riego. Es la única fórmula organizativa capaz de procurar un abastecimiento de agua a partir del deshielo de Sierra Nevada lo suficientemente sostenible a nivel social y ambiental como para que el sistema no entre en colapso.

Además de la tanda, existen otros saberes y prácticas etnoecológicas que permiten “domesticar” las condiciones hídricas de la cara norte de Sierra Nevada. Relacionada con la prevención de la escasez estival, existe una técnica de manejo del agua nival en cotas altas de la ladera que permite garantizar la abundancia de agua cotas abajo, gracias a las filtraciones que tienen lugar por las fracturas de los esquistos del manto nevado-filábride que funcionan a modo de canales naturales (Fernández et al., 2008). La técnica es conocida como el careo, y existen datos documentales de su funcionamiento en Sierra Nevada ya en el año 1139 (Espinar, 1987).

Consiste en derramar agua de las acequias más altas (situadas entre los 1.800 y los 2.000 msnm) en determinados lugares con la intención de que esa agua se introduzca en el circuito subterráneo que la llevará hasta lugares concretos de la media ladera. Esto tiene importantes funciones agrícolas, ganaderas y de cara al abastecimiento humano. Carear el agua durante los meses de invierno y primavera hace que las fuentes y manantiales situados en cotas inferiores reciban un aporte de agua que les permite prolongar su abundancia hasta los meses de julio y agosto, cuando más severa es la escasez. Con ello, los manantiales y arroyos que alimentan a los sistemas de riego reciben un suministro adicional de agua cuando los cursos principales se encuentran disminuidos, con lo que el riesgo de insuficiencia de agua para los cultivos en verano disminuye notablemente. También las fuentes de los pueblos prolongan su capacidad de abastecimiento, consiguiendo mantenerse hasta la llegada de las nuevas lluvias. Por su parte, los pastores y ganaderos también se aprovechan de los careos y de las amplias zonas de pastos que estos generan.

Básicamente el objetivo del careo es retener el agua en la montaña el mayor tiempo posible, lo cual requiere de un conocimiento exhaustivo de la sierra y sus características hidrogeológicas. Los careos no se realizan en cualquier lugar, sino que existen determinados puntos, denominados simas o caladeros, por los que los regantes carean el agua sabiendo perfectamente el efecto que dicho careo tendrá cotas abajo. Como es lógico suponer, ha sido necesario un largo proceso de experimentación por parte de las comunidades locales hasta llegar a depurar una práctica tan elaborada.

En el Marquesado del Zenete las acequias de careo se concentran en la parte oeste de la comarca (Jérez del Marquesado, Lanteira y Aldeire). Aunque algunas de ellas se han abandonado coincidiendo con la crisis de la actividad agraria, en los últimos años la cuestión de los careos está tomando un nuevo impulso. Incluso el propio Espacio Natural de Sierra Nevada ha descubierto la importancia de esta técnica de gestión del agua y recarga de acuíferos en ladera, no solo por sus efectos agrícolas, sino también ecosistémicos(12). Las propias comunidades de regantes de Sierra Nevada, que en los últimos años están padeciendo los efectos del cambio climático y se enfrentan a contextos cada vez más secos, están recuperando las acequias de careo en desuso para aprovechar los deshielos al máximo.

Además de estas formas de manejo del agua, los regantes poseen estrategias que les permiten prever cada año la disponibilidad hídrica que tendrán durante el deshielo. Para ello ponen en práctica un monitoreo de la cantidad de nieve que cae durante el invierno, empleando referentes geográficos claros como son los picos de la sierra, determinados barrancos o grandes rocas. Si durante el invierno la nieve cubre un determinado pico u oculta una zona rocosa concreta, se sabe, de acuerdo a la experiencia histórica acumulada, que ese año el deshielo será más o menos generoso. De la misma manera, el ritmo del deshielo es importante para prever el tipo de verano que se avecina. Si la nieve aún está presente en ciertos lugares de la sierra en fechas concretas, el verano será abundante en agua.




Ilustración 11. Figura 11. El deshielo estival en las cumbres de Sierra Nevada da lugar a concentraciones de agua que van formando arroyos y ríos. Esta foto se tomó en julio de 2015 y aún continuaba el deshielo. Autor: J. F. Ruiz Ruiz.

En Jérez del Marquesado el referente territorial es el conocido como Picón de Jérez, una cumbre de 3.090 msnm en cuyo flanco oriental nace el barranco del Alhorí. Los regantes de Jérez saben que si llega el mes de junio y aún queda nieve en las rocas de la base del pico, el verano será abundante en agua, ya que ese deshielo cae directamente al río Alhorí y de éste a la acequia de Cogollos o de Jérez. En Lanteira y Alquife, en cambio, la referencia es el Alto de San Juan (2.786 msnm), ya que por su flanco oeste nace el barranco del río del Barrio que da agua a ambos pueblos. Este río recibe los deshielos de los ventisqueros de las inmediaciones del pico y los conduce hasta la acequia Alta.

Pero no solo importa la cantidad de nieve, sino también su tipología:

La nieve en polvo se derrite muy rápido, esa no es la buena. La buena es la que va soplada, la que va con viento, porque se mete en los ventisqueros, se aprieta y se hace hielo, y el hielo tarda mucho en derretirse. A veces dura de un año para otro (Presidente de la CR de Lanteira. 06/02/2012).

Como también es importante la orientación de los ventisqueros y su ubicación con respecto a los salientes de las rocas. Aquellos orientados al norte y que se ubican al abrigo del sol suelen generar deshielos más lentos. Muchos de ellos continúan helados incluso en los meses de julio y agosto, cuando los demás cúmulos de nieve ya se han derretido y el calor es más extremo. Son las únicas reservas de nieve y hielo capaces de resistir hasta la llegada de las nuevas nieves, por lo que son un referente ecológico claro para los regantes de la región.

No es de extrañar que los saberes en relación a la nieve, sus tipos, las vertientes de la sierra, los cursos de los deshielos o sus tiempos, sean especialmente elaborados, si se tiene en cuenta que de ella depende el abastecimiento hídrico. El monitoreo y la previsión anual son fundamentales en este tipo de regadíos, ya que permiten emprender acciones encaminadas a paliar los efectos de los años que se prevén secos. En estos casos se recurre a estrategias como intensificar los careos, controlar el cultivo de especies de gran demanda hídrica como el maíz o tomar decisiones comunitarias como el sembrar solo el 50% de cada parcela, con lo cual las necesidades de agua descienden enormemente.

En cualquier caso, queda claro que la organización del colectivo no puede ser ajena a las condiciones naturales de cada año. Cuestiones como el funcionamiento de las tandas, las gestión de los careos, la limpia de las infraestructuras y otras más, aún siendo cuestiones que forman parte del ámbito social y organizativo, adquieren forma a partir de las condiciones ecológicas. Para los regantes de la cara norte de Sierra Nevada el valor de los conocimientos etnoecológicos radica no solo en su utilidad a la hora de comprender e interpretar el medio ecológico en el que se ubican, sino también en su relevancia para organizar la acción colectiva en un sentido o en otro.

7.- Conclusiones

La agricultura de regadío ha sido decisiva en la configuración territorial de la cara norte de Sierra Nevada. A través de los sistemas de riego, las comunidades locales han logrado crear agroecosistemas que han transformado profundamente el paisaje serrano y que han definido los patrones de asentamiento históricos de la región. Estos regadíos se basan en un modelo concreto de gestión comunitaria del agua que ha permitido a las poblaciones locales establecer un diálogo sostenible a largo plazo con su medio natural. En estos sistemas lo social y lo natural se encuentran tan estrechamente relacionados que no pueden entenderse de forma aislada, sino como un mismo sistema socio-ecológico. Para entender la complejidad de las relaciones existentes entre naturaleza y cultura en los sistemas de riego se hace necesario recurrir al análisis etnográfico de los conocimientos, prácticas y creencias que los regantes ponen en práctica, así como de sus formas de organización comunitaria.

A pesar del valor de los regadíos tradicionales en la configuración histórica del paisaje de Sierra Nevada, actualmente se ven afectados por amenazas de carácter global que tienen un impacto muy notorio en el contexto local. Tanto la Directiva Marco Europea del Agua, como las normativas de conservación de la naturaleza aplicadas desde el Espacio Natural de Sierra Nevada, hacen que los usos tradicionales se vean cada vez más marginados y perseguidos. La administración medioambiental e hidráulica mantienen un conflicto de saberes con las comunidades locales que desde antaño han sido las responsables de mantener la sierra y sus recursos. Sin embargo, la conservación de los paisajes culturales pasa irremediablemente por desarrollar políticas integradoras que permitan que los locales formen parte del modelo de gestión del territorio. Los saberes etnoecológicos, los repartos tradicionales y los usos y costumbres en relación al agua constituyen un patrimonio inmaterial de un valor incalculable para la conservación de los paisajes irrigados.

 

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