e-rph 21, dic. 17 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 21, diciembre 2017
Difusión | Estudios
 
 
Documentación, conservación y difusión de un retablo a través de la Geomática: el retablo barroco de la Iglesia de San Miguel en Murcia
 
     

 

1.- Planteamiento

Los datos que proporcionan la fotogrametría y el láser escáner son esenciales para la documentación del patrimonio y las piezas artísticas (Yastikli, 2007). De ese modo, se pueden analizar otros aspectos que, por los procedimientos tradicionales, es más difícil obtener. Si bien, todavía quedan por plantear nuevas líneas de investigación surgidas a partir de la información que estas aplicaciones facilitan y que aportan nuevos enfoques de análisis. En el ámbito del retablo, la Geomática ha sido usada, generalmente, para acciones de conservación, restauración y restituciones fotogramétricas (Dávila, 2014; Cantos Martínez et al., 2009; Tabares Esteban et al., 1999). No obstante, estas arquitecturas doradas ofrecen posibilidades inagotables de estudio, algunas de las cuales se explorarán en este trabajo sobre el retablo mayor barroco de San Miguel Arcángel de Murcia, situado en una de las parroquias más antiguas de la ciudad, declarada Bien de Interés Cultural en 2009 (Decreto 83, de 30/04 del Consejo de Gobierno de la CARM; BORM, 99, 2/05/2009, 7220; nº inv. 30174), con incoación en 1982 de expediente como monumento histórico-artístico (BOE, 298, 13/12/1982, 33852). La obra sintetiza valores del patrimonio material e inmaterial, como sucede especialmente con los retablos emplazados en el altar mayor, que suelen ser los más significativos. En consecuencia, conviene indagar y reflexionar sobre los aspectos que contribuyen a una comprensión más certera de los mismos, poniendo el conocimiento al servicio del ciudadano.

El objetivo de este estudio es obtener y difundir la documentación gráfica del retablo mayor de la parroquia de San Miguel de Murcia y, con los datos que tales imágenes proveen, analizar métricamente dicho retablo y ahondar en cuestiones relacionadas con la proporción y la creación artística. Para conseguirlo, se utilizarán diferentes tecnologías geomáticas, en concreto la fotogrametría, el láser escáner y los sistemas de información geográfica. Finalmente se procurará la difusión del modelo tridimensional en una plataforma en la web, para que, de un modo fácil e interactivo y desde cualquier ordenador o dispositivo móvil, se visualice el modelo generado virtualmente y se tenga acceso a la información histórica y artística asociada ( https://skfb.ly/6tMrU ).

2.- El retablo mayor de San Miguel y la devoción al arcángel

El retablo mayor de San Miguel de Murcia es una obra de madera que fue construida en el segundo tercio del siglo XVIII por el tallista Jacinto Perales (Orihuela, 1697–c. 1738), para un templo de nueva planta, bendecido en 1712. Este último fue erigido sobre una iglesia anterior, que se vio muy afectada por la riada de San Calixto en 1651. El conjunto escultórico principal lo hizo Francisco Salzillo (Murcia, 1707–1783), salvo la imagen de San Miguel que había ejecutado antes su padre, el napolitano Nicolás Salzillo (Capua, 1672–Murcia, 1727) en 1708–1709 (Sánchez–Rojas Fenoll, 1977–1978: 255-296; Di Liddo, 2008: 344). En un contexto de impulso devocional a San Miguel como vencedor del mal, reavivado en la Contrarreforma con un planteamiento ideológico y con expresiones de fervor de papas y monarcas católicos y particularmente de la corona española (Mâle, 2001: 279 y ss; García Mahíques (dir.), 2016), el Concejo y el cabildo catedralicio murcianos hicieron voto de acudir en procesión anualmente a la parroquia a la festividad del arcángel. La imagen fue sacado en rogativa con motivo de epidemias de peste y por otras causas (Peña–Velasco, 2012: 336).

Tipológicamente, el retablo se estructura a modo de hornacina con un cuerpo de tres calles, con la central más amplia que las laterales, y un ático que cierra en arco, acomodándose a las dimensiones del testero de la iglesia. Tiene un destacado tabernáculo con soportes antropomorfos y puertas giratorias que acogen seis relieves con escenas del Antiguo y Nuevo Testamento y culmina con el cordero sobre el libro de los siete sellos. El retablo se efectuó según proyecto de Perales, cuyo reconocimiento venía avalado por diferentes encargos en localidades del sur del antiguo Reino de Valencia como Orihuela, Guardamar y otras y antes como discípulo de Juan Francisco Borja en Alicante (Vidal Bernabé, 1990; Sáez Vidal, 1998: 129–145). Perales realizó simultáneamente el retablo mayor de San Antón de Murcia, que contrató en 1730 junto a Nicolás de Rueda (Murcia, 1706–1767) y Francisco Salzillo, ambos oriundos de la ciudad y sobre una década más jóvenes que él. El 14 de octubre de 1731, cuando llevaban hecho un tercio del trabajo en San Miguel, el tallista de Orihuela se obligó ante notario a concluirlo (Sánchez Moreno, 1945: 87-88). Se modificó entonces el diseño, ampliando el camarín e incorporando dos imágenes más de las previstas inicialmente. La estructura en madera es obra destacada por su arquitectura y por su acabado, con riqueza de detalles y repertorio ornamental que incorpora atributos relacionados con el relato bélico de San Miguel y su lucha contra los ángeles rebeldes.

Francisco Salzillo realizó los seis arcángeles y la Fe, con un programa iconográfico de manifestación hierofánica en el que cabe destacar la influencia jesuítica. El colegio de esta orden en Murcia –actual sede de la Presidencia de la Comunidad Autónoma–, en cuyas clases estudió el escultor, se situaba a escasos metros de la parroquia. Precisamente sería un murciano y miembro de la Compañía de Jesús llamado Andrés Serrano (1655–1711), catedrático de Teología en Manila, quien escribió a finales del siglo XVII uno de los libros más difundidos y reeditados sobre los siete arcángeles. Además, Salzillo diseñó una custodia con un ángel en el astil a la manera de los del retablo, que hizo el platero José Jiménez Cisneros (Sánchez Moreno, 1945: 80-81; Pérez Sánchez, 2013). El retablo se doró en los años cuarenta de ese siglo bajo las indicaciones de Salzillo y con protestas de los doradores por el procedimiento seguido en la asignación directa del trabajo y no por subasta pública (Peña–Velasco, 2012: 247-343). En cuanto al acabado, constituye la etapa final en el uso del color, como aquí se presenta combinado con oro, que se impondrá en los años siguientes en toda la arquitectura en madera.

Las primeras biografías sobre Francisco Salzillo ya le asignaron las esculturas, caso de coetáneos como el matemático Luis Santiago Bado o el académico Rejón de Silva –traductor de tratados de Leonardo, Alberti y Winckelmann– (Martínez Ripoll, 2006: 45; Martínez Cerezo, 2014; García López, 2015: 149) y, más adelante, Ceán Bermúdez (1800, VI: 25-32, 287). Sánchez Moreno (1945: 87-88) documentó la autoría de Jacinto Perales en la parte arquitectónica y diversos estudios han resaltado su relevancia (Martín González, 1993: 204; Belda Navarro, 2001: 109; Peña–Velasco, 1992: 280-286 y 2012: 381–412; Ramallo Asensio, 2007: 148-150).

3.- Elección de la obra: conocer y documentar mejor, conservar y difundir

Varios motivos han inducido a elegir esta pieza como objeto de estudio. Por un lado, el mejor conocimiento y difusión de un bien protegido y de un hito patrimonial en Murcia. La iglesia de San Miguel está declarada Bien de Interés Cultural y su retablo mayor es una aportación singular a la historia del retablo barroco en el sureste peninsular español y a la trayectoria del escultor Francisco Salzillo, quien forma parte del imaginario cultural de la ciudad y su producción es un elemento identitario. El retablo constituye un conjunto artístico notable por su arquitectura, por la escultura y por su iconografía, con la presencia de los siete arcángeles y la alegoría de la Fe, excepcional en la producción de Salzillo, centrada en imágenes devocionales. Tipológicamente supone un punto de inflexión en la historia del retablo en la Diócesis de Cartagena, que abandona la columna salomónica e impone el cuerpo único con potente calle central y ático con gran protagonismo (Peña–Velasco, 1992: 96; Belda Navarro, 2001: 109). El retablo sirvió de modelo a otros, en su conjunto –caso del presbiterio de la parroquia de Abanilla– y en los detalles de su arquitectura. Integra el mayor grupo de esculturas en un retablo salidas de mano de Francisco Salzillo. Si bien, este artista proporcionó mayores dimensiones y envergadura a la imagen del titular en los retablos en los que participó. En este caso el autor de San Miguel fue Nicolás Salzillo. Esta obra no habría tenido ese tamaño de haber sido realizada al unísono que la estructura arquitectónica de madera y no con anterioridad, cuando prevalecía una articulación más compartimentada y con superposición de cuerpos.

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