e-rph 21, dic. 17 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 21, diciembre 2017
Estudios Generales | Estudios
 
 
Los grados de Historia del Arte en España 12 años después del Libro Blanco
 
     

 

Respecto a la condición de exclusividad: ninguna competencia con la deficiencia A del primer análisis puede tener la condición de exclusividad, porque remiten a capacidades alcanzables también por otras disciplinas(11). Pero las que tienen la C tampoco cumplen esta condición de exclusividad, porque si son alcanzables por una sola asignatura, por un número limitado de créditos ECTS, también lo serían mediante un curso independiente del grado. A la 120829 Adquirir nociones de iconografía y aprender a interpretarla en la obra de arte, de Barcelona le ocurre esto. Alguien podría argumentar que esta competencia sería suficiente para profesionalizarse en el sector 4 –aunque solo para un número limitado de bienes culturales, los que tengas características iconográficas-, pero no hace falta acabar un grado y ser un egresado en Historia del Arte para alcanzar la competencia 120829, se puede alcanzar incluso con un taller externo. No es exclusiva por tanto de un egresado en Historia del Arte, no tiene la complejidad de las competencias que solo se alcanzan al terminar los 240 ECTS necesarios del grado.

Finalmente respecto a la condición más significativa para nuestros propósitos, la de suficiencia, habrá que detenernos en algunas reflexiones que desarrollaremos en los siguientes apartados. Pero ya de entrada, las que tienen la deficiencia D, es decir las que pertenecen a los niveles básicos de la taxonomía de Bloom (conocer y comprender) no tienen la condición de suficiencia para ninguna práctica profesional, pues no alcanzan siquiera el nivel de aplicación de ese conocimiento a cometido alguno. Solo conocer o solo comprender, es insuficiente para cualquier práctica profesional, estrictamente ni siquiera la docencia.

Consecuencia de los descartes anteriores y a efectos prácticos para nuestro segundo análisis, lo que nos resta es examinar la condición de suficiencia para aquellas competencias que o no tienen ninguna deficiencia en el análisis 1 o solo tienen la E. Solo estas serán las incluidas en el Anexo II. A continuación desarrollamos esas reflexiones previas que hemos mencionado.

3.3 La suficiencia de competencias redactadas aludiendo al uso de las metodologías de la Historia del Arte sin un contexto finalista

Nuestra disciplina se ha ganado justificadamente el calificativo de científica, por el uso de metodologías que le son propias, consolidadas y contrastadas a lo largo de la evolución histórica de la misma. Sin embargo las metodologías que fundamentan una disciplina con carácter científico pretenden ser un medio para la práctica profesional, no un fin en sí mismas. Se usan para un objetivo o en un contexto profesional, que es, por añadidura, el que les da sentido -y no perdamos de vista que el investigador académico es también un profesional-.

Las redacciones de competencias que hacen referencia a saber usar las metodologías sin añadir más detalles, si no están insertadas en el contexto de una actividad o con algún propósito finalista, no capacitan a priori para ninguna práctica profesional. Como afirma en su exhaustivo análisis Fernández Arenas al analizar nuestra disciplina y sus métodos “la interpretación de la obra de arte será el punto de partida; los métodos serán los caminos para lograr los objetivos impuestos por la disciplina, según los intereses profesionales” (Fernández, 1982:31).

Nuestras metodologías de estudio de la obra de arte (desde el método biográfico, filológico, formalista, hasta el iconológico etc.) nos conducen al fin y al cabo al análisis, la valoración e interpretación estética e histórica de la obra del arte con todos los medios al alcance. Pero análisis, valoración e interpretación para algún fin o actividad profesional.

El fin más inmediato es claramente dar a conocer los propios resultados tras el uso de las metodologías, es decir, publicarlos. Pero ya incluso este primer fin o propósito inmediato como sabemos tiene unas reglas, principios y buenas prácticas, ya se trate de publicación en medios tradicionales o electrónicos, incluso contempla “géneros literarios”(12). No es suficiente con saber usar las metodologías, se hacen necesarias capacidades añadidas por parte del historiador del arte. Si al redactar una competencia no se va más allá, lo que ocurre en este caso de Barcelona y otros casos analizados:

120900 Obtener conocimiento práctico de los procesos básicos de la metodología científica en Historia del Arte

Los réditos profesionales son prácticamente nulos –salvo, y siendo poco estricto, la enseñanza del propio uso de las metodologías en un círculo vicioso y encerrado en lo académico-. Por supuesto que el egresado tiene que acabar siendo competente en el uso de las metodologías, pero poniéndolas en práctica a través de otras competencias que van más lejos y que ya incluyen el uso presupuesto de las mismas.

Si reescribimos una evolución de la anterior competencia de Barcelona a por ejemplo una del tipo:

Generar contenidos aptos para su publicación sobre objetos y temas propios de la Historia del Arte, tanto en medios tradicionales como electrónicos, valiéndose de las metodologías científicas de la historia del arte

tendríamos como resultado que además de incluir la capacidad de la anterior redacción, ya sí podríamos marcar como suficiente a esta competencia para el sector 5. Es más, la última coletilla “valiéndose de las metodologías de la Historia del Arte” ni siquiera sería necesario incluirla, pues se da por supuesta. Y siendo siempre conscientes de que la generación de contenidos publicables vuelve a capacitarnos para la esfera académica; capacitaríamos a nuevos panofskys, estudiosos del arte, pero no tasadores ni gestores de patrimonio.

Un paso cualitativo en esta evolución, que sí trasciende la esfera de lo estrictamente académico, sería por ejemplo una competencia que capacita para la Producción de informes histórico-artísticos. A este contexto finalista se incorpora la valoración “patrimonial” del bien cultural, orientada a alguna intervención sobre él, al respecto de las distintas fases de la tutela. Del mismo modo que para publicar contenidos, para realizar informes histórico artísticos es necesario saber aplicar de alguna manera las metodologías científicas de la Historia del Arte, lo que incluye a la primera competencia pero la trasciende hasta otra claramente profesionalizante. Incomprensiblemente no está entre las 133 competencias específicas de las 7 universidades analizadas.

Esta competencia concreta de producir informes histórico artísticos, descrita en detalle en (Castillo y Gómez, 2009) en cuanto a lo que deben ser y en qué tipos desglosarse, tendría la condición de suficiente en al menos las áreas de patrimonio (sector 1), la de conservación (sector 2) e incluso en parcelas de la difusión (sector 3), cuando intervienen en sus competencias las Administraciones Públicas.

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