e-rph 21, dic. 17 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 21, diciembre 2017
Patrimonio y Desarrollo | Estudios
 
 
Hotel Castillo de Valdés Salas. Una historia de recuperación patrimonial
 
    

 

La consejería de Educación, Cultura y Deportes se hace responsable del encargo del proyecto, la adjudicación y la recepción de la obra, mientras que el Ayuntamiento de Salas se compromete a ceder al Principado la propiedad del edificio, obteniendo a cambio la cantidad desembolsada en su momento para adquirirlo.

Una vez ejecutados los trabajos, el Ayuntamiento de Salas asume la gestión y gastos de mantenimiento de las zonas del inmueble destinadas a centro cultural público. Las áreas dedicadas a Oficina Comarcal de Turismo se gestionan a cargo de los ayuntamientos beneficiarios de dicho servicio.

Por contrato suscrito entre el Principado de Asturias y la empresa SEDES S.A. en junio de 1986, ésta se compromete a ejecutar las obras de remodelación y ampliación del Palacio de Valdés Salas. El presupuesto del contrato, incluido IVA, asciende a 78.721.210 pesetas. Las partidas se organizan en tres años (1985, 1986 y 1987), correspondiendo al Estado una cuantía total de 23.034.399, al Principado 48.123.820 y al Ayuntamiento de Salas el resto: 7.562.990 pesetas. El plazo de ejecución quedó fijado en 10 meses.

5.- Cesión al Principado de Asturias

En 1988, por acuerdo plenario del Ayuntamiento de Salas, éste cede gratuitamente al Principado de Asturias la casa-palacio de Valdés-Salas y castillo. El conjunto cuenta con una superficie de 778,58 metros cuadrados, y dispone de huerta anexa de 287,94 metros cuadrados que es igualmente donada por el municipio al Principado. La cesión de ambas propiedades se realiza con el compromiso de dedicarlas a “uso cultural, hostelero y turístico”.(8)

Con fecha 27 de diciembre de 1990, la Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Principado de Asturias resuelve incoar expediente para la delimitación del entorno de la iglesia de Santa María La Mayor, Casa-Palacio de Valdés Salas y Torre de la Villa en Salas. Todos los inmuebles habían sido declarados Monumento Histórico Artístico por decreto de 5 de septiembre de 1958 (BOE 1 de octubre). Ello supuso que las actuaciones previstas debían necesariamente contar con la aprobación previa del proyecto correspondiente por la Consejería de Educación, Cultura y Deportes.

El 23 de julio de 1991 se firma acta de afectación de parte de la Casa-Valdés Salas y Castillo a la Consejería de Educación, Cultura, Deportes y Juventud. En ella se explicita que se afecta “el edificio denominado Torre o castillo, para garantizar su conservación y protección, así como para ubicar en el mismo un museo etnográfico; y la parte del edificio denominada Casa-Palacio de Valdés Salas destinada a Casa de Cultura”.

Con la misma fecha se firma otro acta de afectación de parte de la casa-`palacio de Valdés Salas a la Consejería de Industria, Turismo y Empleo. En este caso, las dependencias estarán “destinadas a establecimiento hotelero, y a Oficina de Turismo”. Se incluye además la finca denominada “Huerta de la casa de Salas” físicamente unida al hotel.

6.- Un hotel para Salas

Corrían los años 80, España se abría al mundo y descubría otras formas de comportamiento, otras maneras de relacionarse y de vivir. El turismo, ese de sol y playa, ya se conocía con lo que de desarrollismo desbocado conllevaba. Las costas mediterráneas eran buen ejemplo. Pero de lo que aquí poco se sabía era del aprovechamiento turístico de recursos endógenos para lograr el desarrollo de zonas deprimidas. Del aprovechamiento de áreas rurales para atraer visitantes, de que las gentes de ciudad pagaban por ello, y de los beneficios sociales y económicos que esta actividad conllevaba si se administraba con cordura.

Y España comenzó a fijarse en iniciativas europeas (VALDÉS PELÁEZ, Luis, 2004). En 1981-82 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) pone en marcha su propuesta de turismo rural, eligiendo entre otras zonas piloto Taramundi en Asturias. Por las mismas fechas, el Ministerio de Cultura activa el programa Cultural-Campo (1985): una iniciativa de desarrollo rural a partir de experiencias de turismo y recuperación del patrimonio popular y etnográfico (ADAMS, 2002).




Ilustración 07. Alzado del Palacio de Valdés-Salas antes de la intervención, según proyecto de G. Zarracina y M. Díaz para su transformación en hotel. 1985 (Archivo Principado de Asturias).

Sorprende y extraña que dos iniciativas coetáneas –las de Salas y Taramundi- que obedecen a objetivos similares y con características parecidas, se hayan llevado a cabo sin la más mínima coordinación. En Taramundi los primeros pasos se dieron en 1984, el mismo año en que se firma la escritura de compra-venta del conjunto de Valdés Salas. En ambos casos se trató de recuperar un viejo inmueble (monumental el de Salas, más modesto el de Taramundi) y dotarlo de un uso turístico, por medio de su transformación en hotel. Uso turístico vinculado a un planteamiento de desarrollo sostenible y reactivación económica de un área rural en declive.

De todas formas, sí es preciso tener en cuenta diferencias notables entre ambas iniciativas. En Salas es la Consejería de Cultura la que se hace cargo, mientras que las actuaciones regionales en Taramundi partirán de Turismo. Además, en un caso es la recuperación de un inmueble de indudable valor cultural el punto de partida; y sólo después se decide su transformación en hotel. En Taramundi se busca ubicación para un establecimiento hotelero, y la elección del edificio de la antigua Casa Rectoral (cuya relevancia arquitectónica es comparativamente menor), es un hecho secundario. Lo que importaba aquí era un ambicioso plan de desarrollo rural a partir de recursos patrimoniales endógenos.

En cualquier caso, es en este contexto donde hay que entender la apuesta por un hotel rural en la villa de Salas, aprovechando la rehabilitación de un conjunto emblemático. Y es también en ese ambiente donde hemos de situar la decisión de que las instalaciones albergasen un centro polifuncional que diera servicio a los vecinos, para evitar una segregación de usos y vidas entre lugareños y visitantes.

Conjunto emblemático cuya singularidad y carácter identitario queda patente en la memoria presentada por los arquitectos Zarracina y Díaz. Así, se señala que ha “actuado como polo de identificación cultural y formal en el desarrollo histórico de la villa. Estos elementos urbanos de naturaleza superior y que pueden definirse como elementos emergentes… identificándose a menudo como elementos simbólicos y de carácter con los hechos constituyentes del pueblo mismo”.

Y añaden: “Se entiende por tanto que es extremadamente interesante, además de recuperar en la restauración el objeto arquitectónico en sí, integrar el propio patrimonio artístico, histórico y cultural dentro del contexto social y económico de la comarca de influencia, y confiarle una función activa, compatible con el uso supralocal de interés regional que potencie, descargue y supere la simple utopía de recuperación aséptica abstracta y solamente monumentalística del conjunto”.

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