e-rph 22, jun. 18 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 22, junio 2018
Concepto | Estudios
 
 
Patrimonio y paisaje cultural del agua en el Valle de Ricote (Murcia)
 
     

 

1.- Introducción

La utilización de los espacios empleados para la vivencia y convivencia son lugares con testimonios culturales por excelencia. El paisaje del Valle de Ricote, en la Vega del Río Segura, constituye un caso paradigmático de la pervivencia de sistemas de aprovechamientos del agua en condiciones hídricas de escasez extrema en el Mediterráneo desde la Edad Antigua hasta nuestros días. Resulta ser un territorio densamente antrópico, a consecuencia de un largo e ininterrumpido proceso de reconocimiento sobre el valor histórico y cultural de sistemas, edificios y aparatos hidráulicos dispersos en la comarca y que han evolucionado a la par que sus respectivos municipios.

Existe una concienciación del valor y singularidad en un sector amplio de la población constatada con la presencia de asociaciones y grupos relacionados con la defensa de su patrimonio, como la Asociación Carrahila y el Grupo de V Centenario de Abarán, aunque con incidencia desigual entre los municipios en razón a menudo al grado de propiedad de los bienes. Asimismo, desde hace varias décadas se ha potenciado la protección en número y variedad tipológica, especialmente de las norias por sus valores patrimoniales excepcionales,(1) además de su valor como recurso turístico impulsado desde 2002 por el Plan de Dinamización Turística, acompañados de acciones de concienciación y difusión (I Congreso Turístico Cultural del Valle de Ricote, Abarán 2002; 21 Jornadas de Patrimonio Cultural de la Región de Murcia, 2010; Exposición fotográfica Cieza y el Valle de Ricote. Fundación Cajamurcia, Murcia 2010). Además de contar con un patrimonio vivo donde resaltamos la pervivencia de oficios artesanos que permiten mantener en uso una parte importante de su legado agrario, al conjugar tradición y avance técnico acorde con la especialización de cultivo y regadío alcanzados en todo el arco mediterráneo español.

Por ello este trabajo pretende aportar nuevos datos a la historia de la gobernanza hídrica llamando la atención que este rico patrimonio material está sustentado por elementos inmateriales, ligados a la administración del territorio y, fundamentalmente, al agua. Así se ha analizado como las diferentes e independientes actuaciones de la Encomienda del Val de Ricote, entidad administradora de la Orden de Santiago, resultaron fundamentales, no sólo para financiar y sostener la mayoría de las obras vinculadas a la explotación del territorio, sino para asegurar el progreso de algunas de sus villas. La misma denominación medieval de Encomienda del Val de Ricote ha permanecido como denominación original de la comarca actual. Luego, es fundamental analizar y dar a conocer un patrimonio natural y cultural complejo y numeroso, menos valorado por lo desconocido que por sus valores originales y complementarios que debe ser recuperado en su conjunto.

La amplia franja de la vega fluvial que abarca las poblaciones de Blanca (en la época medieval Negra), Ojós, Villanueva del Segura, Ulea, Abarán, Archena, Ricote y Cieza se determina como una unidad orgánica subordinada por el curso del Segura, excepto Ricote por depender su huerta de manantiales y fuentes. Efectivamente, el agua ha sido y es un componente morfológico de primer orden en el sistema paisajístico. Multitud de trabajos y publicaciones respaldan al agua como un elemento dominante de esta comarca homogénea por su utilización e influencia en el colectivo ((Lozano y Méndez, 2012; HernándezRamírez y García, 2013; Hermosilla, 2010; Montoro, 2017; Trigueros 2017). En nuestro caso analizaremos en su conjunto como el aprovechamiento del recurso hídrico para el beneficio de la comunidad ha producido un proceso de ajuste y organización en el espacio cuyo protagonismo ha recaído en infraestructuras y artilugios, tradicionales y modernos, modelando en diferentes periodos el paisaje claramente cultural hasta la actualidad.

Estos elementos hidráulicos alcanzan un protagonismo irrepetible e inusual en los municipios de Blanca y Abarán, como especifica el informe realizado para iniciar el proceso de incoación de declaración de BIC de algunas norias, al que ya nos referimos, y de otros elementos hidráulicos. Del mismo modo, y así intentaremos mostrarlo a continuación, en todo el territorio del Valle se origina un paisaje común con unas fases de tiempos históricos precisos, cuyo origen estuvo marcado por la presencia de colectivos humanos que modelaron el territorio a través del agua, y que han llegado hasta nuestros días como una cultura tradicional y de una herencia vital local, al representar los saberes, las pautas de conductas y las actividades afines de una civilización que ha ido desarrollándose de generación en generación (López Moreno, 2010; García, 2010; Martín Pilo y otros, 2014). Conjuntamente, este proceso evolutivo, a pesar de que gran parte del paisaje se haya mantenido sin cambios drásticos gracias al uso de las unidades tradicionales, ha contado también con otros componentes afines a la revolución industrial y al avance tecnológico fundamentales para su comprensión. Tal argumento, asimismo, se encuentra apoyado por los modos de vida, por las experiencias y necesidades experimentadas por sus habitantes, y que, por obligación, tuvieron que superar, con el propósito de asegurar o mejorar las condiciones de vida.

Por estas razones, no sólo el objetivo es documentar y analizar el territorio reseñado para ser protegido junto a aquellos elementos hidráulicos incluidos en el expediente de BIC, sino ampliar el marco a una unidad superior administrativa y espacial, al ser inseparables del contexto histórico que dispuso cada estructura hidráulica; el proceso evolutivo del paisaje y la manera en que han ido conformándose con el paso del tiempo hasta la actualidad; además de testificar por medio de ellos la evolución social y reflejar su adaptación al momento para poder así interpretar y examinar, desde una perspectiva patrimonial, todo lo que abarca este conjunto originado por la presencia permanente del agua a través del concepto de Paisaje Cultural.

Los resultados parciales de la investigación, que a través del proyecto de I+D+I venimos realizando desde 2016, ha permitido completar información a través de un vaciado de los Protocolos Notariales y las Actas Capitulares, especialmente de Abarán y Blanca, desde 1570 hasta 1800, acerca de una serie de construcciones y artilugios hidráulicos. A continuación, ha sido examinada el área físicamente para reconocer aquellos bienes hídricos que siguen presentes, además de otros que han desaparecido por la mala praxis en el patrimonio agrario del Valle de Ricote como fue el entubamiento de la acequia de la Charrara que ha llevado a la pérdida no sólo de determinados elementos del regadío(2) sino a un impacto negativo sobre el territorio.

Tras este proceso, se ha efectuado una comparación de aquellos elementos catalogados como bienes patrimoniales dentro del expediente BIC, y de aquellos que no se han tenido en cuenta. Estas fases han resultado imprescindibles para hacer una lectura completa de la evolución del paisaje agrario hasta la actualidad. En virtud de ello, se ha estructurado el trabajo en un primer apartado dedicado a los agentes que condicionaron el paisaje. La segunda parte ha consistido en analizar los elementos más destacados (acequia, norias, molinos, motores, centrales hidroeléctricas, entre otros) bien sea por su antigüedad, por su originalidad, su función o por su carácter identitario. Finalmente, se ha procedido a referenciar la amplia normativa, internacional y nacional, en la que hemos basado nuestra hipótesis.

Ahora bien, no puede afirmarse que la historia de la huerta tradicional estudiada haya sido heredada de una época andalusí (Siglo IX-XIII), aunque existieron otros parajes con dicho origen entre la limitación del territorio de Abarán y la demarcación de Blanca (López, 2015). Son tres motivos los que respaldan tal conjetura. De una parte la ínfima población asentada en el territorio en estos siglos, que no es comparable con la situación ciudadana experimentada en Murcia, Valencia u Orihuela. Lo más parecido a la urbanidad fue en forma de pequeños y singulares caseríos o alquerías en el caso de Abarán, hasta que en 1482, con la repoblación mudéjar, y tras el aumento poblacional (Yelo, 1981), cambia el rumbo tanto urbano como hortícola en nuestro territorio gracias a la recuperación e instalación de dicha infraestructura. Años más tarde hubo una expansión del canal aguas arriba del Segura durante el siglo XVII y XVIII. En el siglo XIX, gracias a la demanda de la población por el incremento de la vecindad, se instalaron dos artilugios elevadores de gran capacidad de traslado de agua (Noria de Don García y Noria Grande) pertenecientes a comunidades de regantes. En los lugares donde hoy pueden verse se habían utilizado otros aparatos de menor impacto y con una administración individual, el primero en 1724, y en el segundo caso en torno a 1610, fechas respaldadas por documentación histórica como veremos más adelante. Por otra parte, nos apoyamos en la ausencia de documentación hasta finales del siglo XV que describa o refiera a la acequia Principal de Abarán. A ello habría que añadir la nula referencia a la población por medio de la literatura de viaje de los islámicos. Y el último pilar, y no menos importante, parte del análisis de los restos y estudios arqueológicos.

Los arqueólogos Bazzana, De Meulemeester y Montemessim expusieron a través de distintos artículos una secuencia evolutiva de regadío para esta zona (Bazzana, 1998: 152160; Bazzana y de Meulemeester, 1998: 51-61; Bazzana, 2002: 239-243), tras realizar excavaciones, entre otros lugares, en el paraje del Menjú (entre los términos de Cieza y Abarán, Hoya Don García, donde se ubica la noria del mismo topónimo) hasta el paraje de las Canales (lugar anexado a la Noria Grande) por el método interpretativo de la morfología parcelaria. Confirman que en el siglo IX-X se instalaron pozos y balsas en las laderas de las montañas, que en el siglo X se introdujeron norias y aceñas, poco después la construcción de sistemas tradicionales con azudes y acequias de reducida expansión asociados a las alquerías y, por último, el riego y la expansión durante el siglo XVI y XVII de terrenos más escarpados. Esta hipótesis fue desechada por Arnald Puy Maeso (Puy, 2012) por no haber restos materiales de los sistemas hidráulicos mencionados en las primeras etapas, y, por lo tanto, la propuesta no tenía apoyo según la metodología arqueológica.

Sin embargo, si se ha constatado que la evolución y las características de la Acequia de Abarán sigue las pautas teóricas del arqueólogo M. Barceló (Barceló, 1989: 15-40; Barceló, 1995:25-39) sobre el regadío andalusí. Los sistemas tradicionales de canalización de carácter islámico fueron concebidos y diseñados para su eventual propagación y crecimiento, especialmente en su zona superior, como ocurre en el caso que nos centramos. Este contexto se explica por la propia repoblación mudéjar, que siguieron practicando una política de construcción y configuración de sistemas hidráulicos de canalización semejante a la de sus antepasados.

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