e-rph 22, jun. 18 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 22, junio 2018
Concepto | Estudios
 
 
Patrimonio y paisaje cultural del agua en el Valle de Ricote (Murcia)
 
     

 

La Noria Grande de Abarán, fue conocida también como la Noria del Molino de Papel. Antes de que se proyectara la empresa de este complejo hidráulico a principios del siglo XIX en el paraje denominado “de las canales” tenemos ya constancia en 1605 de la presencia en ese mismo emplazamiento de una aceña o una noria. Tal aparato hidráulico fue encargado por Fernández Yepes al carpintero Joan Gómez por el que pagó 20 ducados, aunque desde esta fecha hasta el siglo XIX no se tiene conocimiento o referencia documental de hasta cuando persistió tal artilugio(18). Su amplio historial documental si lo comparamos con el resto de elementos hidráulicos se debe a tres circunstancias históricas: la ayuda adquisitiva y la colaboración del comendador de la Encomienda Santiaguista de Ricote, el Duque de la Roca, en su construcción (Vicente María de Vera de Aragón y Enríquez de Navarra, VII Conde de la Roca, I Marqués de Peñafuerte, I Conde del Sacro Romano Imperio) actuó como una entidad bancaria con el fin de prestar un cantidad de dinero a la comunidad de regantes y ejecutar tal empresa; por otro lado, la implicación directa de un notable arquitecto de Crevillente, profesor de la Real Academia de San Carlos (Valencia), Francisco Licián; y en tercer lugar, el favorecimiento y la elevada utilidad del aparato para el asentamiento y supervivencia de la población, ya que llegó a tener una capacidad de regar cercana a las 160 tahúllas hasta mediados del siglo XIX, mejorando los rendimientos de la agricultura.

La Noria de la Hoya de Don García por su parte fue un heredamiento originado a principios del siglo XIX por un conjunto de hacendados, una comunidad de regantes con propia autonomía. Antes de su establecimiento existe una antecedente fechado en 1728 en el mismo emplazamiento. El artilugio era de propiedad privada, con un riego total de 40 tahúllas(19) pertenecientes a un vecino acomodado de Cieza, Joseph Marín Blázquez de Padilla. Sobre su construcción original no se ha obtenido constancia documental hoy.

Por último las Norias del Candelón y la Ñorica. De la primera no tenemos referencias hasta 1850(20) siendo construida primeramente en madera y más tarde compuesta por material metálico, es interesante comprobar que la cantidad de agua que eleva va a parar a una infraestructura de almacenaje y distribución de agua (balsa). Por otro lado, la Ñorica presenta las mismas características que la de Candelón, aunque se desconoce la fecha de su construcción.

Hasta ahora nos hemos referido a aquellos ingenios tradicionales de elevación de agua que están incluidos en el documento de incoación para la declaración de BIC, sin embargo existen otros restos arqueológicos que no se han tenido en cuenta: la Noria de Francisco de Molina (acueducto) y la Noria de Felix Cayetano (siglo XX).

Ambos casos son de propiedad privada, pero se diferencia en dos atributos: el sistema hidráulico y la distribución de agua en cada una de ellas.




Ilustración 06. Ilustración 6. Noria de Felix Cayetano (A), acueducto y resto arqueológico de la noria de Francisco de Molina (B) y el molino harinero de rio (C). Fuente: Elaboración propia.

En lo concerniente al sistema hidráulico, el medio para que estos artilugios hidráulicos estuvieran en funcionamiento variaba según la zona de la instalación. La Noria de Felix Cayetano poseía un procedimiento y una estructura paralela a las Noria Grande y a la Noria de García. Sin embargo, la Noria de don Francisco de Molina se enmarcaba en la categoría de una noria fluvial. Para su funcionamiento era preciso realizar un acondicionamiento constructivo en la orilla del río. Antes de que se confeccionara la noria, se realizaba la apertura del encofrado de la caz y el canal que conducía el agua del cauce del río hacia la fragua donde estaba instalada el artilugio. Para que el canal condujera una mayor densidad de agua este sistema estaba acompañado por un pequeño dique (azuda) que desviara el agua, lo que producía dos consecuencias en la noria, la primera un mayor dinamismo en la noria por la presión que ejercía la corriente del canal; la segunda, una estructura acorde con la cantidad de agua que podía recogerse y alzar. Este canal era conducido y guiado hasta aquellos terrenos que se querían regar. La fecha de su institución se desconoce, pero en 1725 constatamos su presencia, alcanzando actualmente solamente su acueducto. Este ingenio era de propiedad privada y exclusiva. Como es comprensible el riego de las haciendas se realizaba según la consideración del dueño, aunque éste podía permitir la utilización del aparato para el riego de otros agricultores de la zona a través de un acuerdo, con un aprovechamiento limitado del agua. Es el caso de Francisco de Molina, regidor del concejo de Murcia, quién en 1725 y en 1734 pactó con una serie de hacendados una tanda de riego. Antes de ejercitar el riego, el hacendado estaba obligado a informar a encargado, labrador, mediero o mozo de Francisco Javier Molina en sus haciendas. Además, el arrendador estaba comprometido a no traspasar y arrendar las horas de agua a otros agricultores bajo consecuencia de perder tal derecho. En definitiva, el propietario de la noria exigía compromiso y demostraba recelo a través del control y la vigilancia sobre su correspondiente propiedad. Por otro lado, fue acordada una tasa anual por el servicio que prestaba la noria y la canalización(21).

3.3. Molinos harineros

Dentro del espacio incoado, pero que no se hace referencia en el expediente, se encuentran un molino hidráulico de río con dos piedras de moler que estuvo funcionamiento, al menos que se respalde documentalmente, desde 1549 hasta mediados del siglo XVII. Al parecer la edificación de este molino fue proyectado por un vecino local de la villa, quién tuvo sus diferencias con el comendador de la encomienda santiaguista del Valle de Ricote en la fecha señalada (Trigueros, 2016:61-73). Un segundo molino hidráulico de cubo, asentado en la acequia principal de Abarán, que perteneció a la encomienda santiaguista, quién mando construirlo en 1507. Actualmente el edificio sigue en pie, pero su funcionalidad ha cambiado radicalmente, al convertirse en un establecimiento de servicios de copas y comida. Sin embargo, quedaría todavía hoy reconocible su original función si se aplicara una restauración en el complejo.

3.4. Línea moderna: motor y centrales hidroeléctricas

Otras dos unidades no tenidas en cuenta por la Dirección General de Bienes Culturales de la Comunidad de Murcia son el motor de resurrección y la central hidroeléctrica de Nicolás. Estos dos complejos hidráulicos exhiben una existencia histórica hasta la actualidad subordinada y dependiente al elemento natural hídrico, puesto que sin la presencia del agua, ni la maquinaria de tales aparatos hubiera funcionado, ni desplegado por medio de su actividad beneficio para la población local. No obstante, más allá de sus respectivos ejercicios, estas fábricas reflejan, tanto la interrelación evolutiva entre la sociedad y el elemento hídrico, como la modernización en sus correspondientes sectores (Pérez, Lemeunier, 1984).

El motor de resurrección (Gómez, 2012:56-97) ilustra el avance tecnológico en el sector agrícola y la inclusión eléctrica en la distribución, gestión(22) y extracción(23) de agua. Existieron múltiples motores que sustituyeron en la huerta y campo de la Región de Murcia a otros artilugios tradicionales como respuesta a los inconvenientes de la agricultura tradicional (López, 1999;75-113). El motor de resurrección en concreto no sustituyó a ningún ingenio preindustrial, pero recoge desde 1912 el agua de la acequia principal de Abarán-Blanca y la destina a una extensa área bastante alejada de la ribera del Segura. Ello condiciona notablemente al paisaje, puesto que pasa de una tierra baldía o de un cultivo de secano a una agricultura meramente hídrica, incluyendo, además, el impacto ocasionado por el establecimiento de las infraestructuras hidráulicas. El segundo caso se centra en las centrales hidroeléctricas, específicamente en la fábrica de luz de Nicolás. Esta fábrica de luz desde fines del siglo XIX generaba electricidad, sobre todo luz a los núcleos urbanos(24). Luego, estos dos agentes modernos proyectan, primeramente el influjo de la innovación tecnológica en el progreso de la ciudad, ya que la dota de fuentes de riqueza, tanto en el espacio urbano como rural; seguidamente, el peso que adquirió la ampliación de terrenos regados a la adquisición económica del ciudadano que poseía propiedades por ese sector, como, asimismo, el efecto positivo que produjo en las industrias de conservas y por último, la transcendencia y el impacto que otorgaron ambos dispositivos hidráulicos en el paisaje.

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