e-rph 22, jun. 18 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 22, junio 2018
Concepto | Estudios
 
 
Patrimonio y paisaje cultural del agua en el Valle de Ricote (Murcia)
 
     

 

4.- Proyecto de restauración, remodelación y rehabilitación

Más allá de los aspectos físicos y visuales, el entorno supone una interacción entre el ámbito natural y las formas de asentamiento humano a lo largo del tiempo, conformando un paisaje (Lozano y otros, 2012; 257). Además de las prácticas sociales, y siguiendo la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural en 2001(25), la unión entre el pasado y el presente, las costumbres, los conocimientos de las tradiciones, usos y actividades ligados al espacio y otros aspectos del patrimonio cultural intangible, crearon y formaron el lugar que hoy constituye la mejor seña de identidad del Valle de Ricote. En este panorama histórico de la evolución de usos hidráulicos como parte de la explotación y de identidad del territorio, ahora puede encontrarse un nuevo contexto dinámico, generador de actividades culturales, sociales y económicas, especialmente a través de los usos educativos, turísticos y patrimoniales.

El Paisaje Cultural es definido en el Plan Nacional redactado y coordinado con el auspicio del Instituto de Patrimonio Cultural Español (desde ahora IPCE) como el “resultado de la interacción en el tiempo de las personas y el medio natural, cuya expresión es un territorio percibido y valorado por sus cualidades culturales, producto de un proceso y soporte de la identidad de una comunidad”. De manera que frente a la consideración fundamentada en el medio natural, donde la conservación de la biodiversidad y la integridad del ecosistema constituyen los énfasis principales de la figura de Paisaje Natural en los Paisajes Culturales el acento está enmarcado en la historia humana, en sus sistema de organización social y económica, la continuidad de las tradiciones culturales y en las aspiraciones y valores sociales además de su huella en el medio sin el cual sería imposible su existencia.

La cuestión del paisaje estaba ya implícitamente planteada en la Convención para la Protección del Patrimonio Mundial Natural y Cultural de la UNESCO (1972) a través del reconocimiento de las figuras de carácter integrador de lo humano en lo natural, especialmente en los Sitios que serían oficialmente calificados como Paisajes Culturales(26). Es por esta razón que desde que España firmó el Convenio Europeo del Paisaje o CEP (Florencia 2000)(27), en el año 2008, el IPCE pone en marcha una nueva línea de trabajo en “justa coherencia con el compromiso adquirido”, encaminada a la identificación, protección y gestión de los paisajes culturales. La intención final es la incorporación de paisaje cultural en la reforma de algunos Estatutos de Autonomía, así como la cooperación internacional, ya que la complejidad del paisaje cultural abarca desde su marcado papel en la formación de la identidad, el derecho de la población a disfrutar de un paisaje de calidad, la consideración como bien patrimonial y la responsabilidad de los poderes públicos en su protección, ordenación y gestión. Todo ello quedó plasmado como texto de referencia en el Plan Nacional de Paisaje Cultural, aprobado por el Consejo de Patrimonio Histórico el 4 de octubre de 2012 para arbitrar los mecanismos apropiados de identificación, protección y gestión. Así a los objetivos tradicionales de las políticas culturales internacionales como son la identificación, la caracterización y la salvaguarda, se unen los específicos de los Planes General de España; es decir, de una parte la sensibilización social y el reconocimiento político, añadiendo, además, la cooperación en todos los ámbitos territoriales, internacional, nacional y autonómica. En esta línea la Carta Iberoamericana del Paisaje Cultural de Noviembre de 2012 y poco después la Carta Puebla sobre la Protección de los Paisajes Patrimoniales de México(28) manifiestan el objetivo de reconocer la importancia de éste en el desarrollo integral y sostenible de su población, la mejora de la calidad de vida y el reforzamiento de su identidad, inspirada profundamente en la Europea al definir el Paisaje Cultural como el rostro, el carácter y el espíritu de un territorio con el valor histórico-cultural conformado por una serie de bienes generados por la relación cultura-naturaleza, es decir, por la relación del ser humano con su entorno, dentro de un proceso histórico y ecológico de alto impacto(…)capaz de generar sentimientos, emociones, valores y significados en un universo de interpretaciones sobre el pasado y el presente(29).

En este contexto el Valle de Ricote formó parte del Programa “Paisajes Culturales” que desde 2003 puso en marcha el IPCE con una de las llamadas “Actuación planificada” dentro de las intervenciones piloto de los Paisajes Culturales españoles, donde se destacaron como valores para su estudio previo la estrecha relación del paisaje marcado por el curso alto del río y su aprovechamiento a lo largo de la historia que ha acaparado, a la vez, el paisaje Mediterráneo singular y único. Asimismo, fue muy valorado su permanencia como un paisaje relativamente aislado con entidad e identidad propias, en el que multitud de elementos formales de naturaleza geológica, geográfica, ecológica, ambiental, cultural e histórica, son claves para explicar sus valiosos significados. Así expresamente resalta que… uno de los principales valores del paisaje del Valle es su propia historia y en ella, la capacidad que posee de mostrar un determinado sistema de aprovechamiento cultural de los recursos del medio (…) Entre las claves esenciales del paisaje del Valle se encuentra el sistema de aprovechamiento y distribución del agua, por tanto el paisaje del valle puede explicarse como resultado del aprovechamiento de su sistema hídrico(30). En 2015 el IPCE vuelve a remarcar la cohesión de este territorio al incluir con el número 65 dentro de una lista inicial indicativa formada por 100 Paisajes Culturales de España en la categoría de Paisajes urbanos, históricos y defensivos (Linarejos, 2015:328).

La ley 4/2007, de 16 de marzo, de Patrimonio Cultural de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia presentó algunas novedades de concepto que quedaron de manifiesto en el preámbulo de la misma destacando para el tema que nos ocupa la referencia a la importancia de manifestaciones propias de la vida tradicional que constituyan formas relevantes de expresión de la cultura de la Región de Murcia (…) protección del paisaje cultural, como porción de territorio rural, urbano o costero donde existan bienes que por su valor histórico, artístico, estético, etnográfico o antropológico e integración con los recursos naturales o culturales merece un régimen jurídico especial(31).

Sin embargo, no hay una referencia expresa a la importancia que han tenido, no sólo en el territorio que nos ocupa sino en gran parte de la Comunidad Autónoma de Murcia, los bienes muebles, inmuebles e inmateriales, aislados o de conjunto, en ruinas o en producción del Patrimonio Agrario. Tampoco existe por tanto una figura de protección específica para el mismo. Así, en el Capítulo 1, art. 3 de la Ley la figura de protección de Lugar de interés etnográfico, aun siendo novedosa, ha resultado insuficiente puesto que se refiere a los parajes naturales, conjunto de construcciones o instalaciones vinculadas a formas de vida, cultura y actividades propias de la Región de Murcia, utilizándose como la mejor opción de protección legal para una parte del territorio del Valle de Ricote.

Por último, y como ya apuntamos al comienzo, debemos añadir que el Paisaje Cultural del Valle de Ricote está sostenido y todavía hoy permite una agricultura de regadío tradicional. Se trata de una muestra viva del hombre que ha sobrevivido al paso del tiempo y debe ser protegida de cualquier agresión en forma de entubamiento, presiones urbanísticas, degradación de espacios naturales (humedales, bosques de ribera y ramblas). Además, requiere necesariamente la implementación de un sistema de protección que, fundamentado en su condición cultural –lo que nos remite a la legislación de Patrimonio Cultural como marco normativo fundamental–, permita articular e interrelacionar todas las dimensiones patrimoniales que concurren en sus bienes, en especial la natural, medioambiental y territorial (Castillo Dir., 2013:29).

Todo ello viene a demostrar, en la línea de la “Cátedra UNESCO Paisajes Culturales y Patrimonio” de la Universidad del País Vasco, que territorio, paisaje y patrimonio configuran tres conceptos indisociables que permiten la valorización simultánea de todos los elementos que califican el paisaje. El conocimiento de cada uno de los elementos en el tiempo y en el espacio, al que pretende contribuir este trabajo, es imprescindible para una planificación territorial sostenible y una sensibilización de sus valores patrimoniales, naturales y culturales, a través del conocimiento que permita la convivencia de pasado y presente de sus pobladores.

5.- Conclusiones

No cabe duda, que el panorama representado en la vega fluvial del río Segura a su paso por el territorio del Valle de Ricote es un paisaje evolucionado orgánicamente, debido a la confluencia de agentes de carácter social, económico y administrativo. El paisaje ha ido prosperando hasta su forma actual como respuesta a la adecuación de su estándar, al continuar una línea condicionada por una cultura histórica protagonizada por el agua. El progreso producido desde el siglo XV hasta mediados del siglo XX significa y personaliza un generador de calidad de vida para el agrupamiento humano del área protegida y que actualmente cumple dos papeles: activo y pasivo. Activo por la dinámica de aquellos complejos hidráulicos que continúan siendo utilizados por la sociedad contemporánea con el modo de vida tradicional y pasivo por la inactividad de otras infraestructuras.

El inicio del procedimiento de incoación para la declaración de Bien de Interés Cultural, con categoría de Lugar de Interés Etnográfico, a favor de una parte del espacio comprendido en la denominada “Ruta de las Norias”, supone un pequeño, pero relevante paso para proteger el medio cultural y paisajístico. No obstante, es posible asignar tanto justificaciones que respaldan a tal procedimiento, como inconvenientes por no considerar otros factores de gran impacto paisajístico y de gran calado social, como se ha analizado.

En definitiva, a la ya consolidada protección de importantes elementos hidráulicos conservados, el Valle de Ricote ofrece una historia documentada que ha permitido ampliar la información sobre otros bienes culturales, tangibles e intangibles, como resultado no sólo de la pervivencia de los elementos en el espacio, sino fuente fundamental para consolidar y generar nuevas líneas de protección y tutela en la comarca, como se ha pretendido mostrar en este trabajo; salvaguardar el valor tradicional de la huerta; potenciar los conocimientos adquiridos, arraigados y trasmitidos de generación en generación; dar a conocer la utilidad vigente de casi todos sus componentes, esto es, su valor vital; potenciar la percepción sensitiva del paisaje y los efectos sensitivos para el espectador (subjetividad). No puede olvidarse, desde luego, que este espacio cuenta con algunos inconvenientes para su total valorización, como el poseer parte de un sistema de canalización entubado y la dificultad para considerar el espacio en su totalidad, debido a que se trata de una amplia superficie que lleva al olvido elementos patrimoniales de gran impacto, tanto industriales (motor y central hidroeléctrica) como tradicionales.

Las iniciativas de protección sobre este espacio, los conocimientos sobre su cultura, la riqueza de elementos que aún se conservan gracias a una combinación entre el aislamiento físico que ha vivido la zona hasta hace pocas décadas y el uso de bastantes de sus elementos, unido a la base legislativa y la teoría patrimonial sobre el concepto de Paisaje Cultural nos permite afirmar, como hemos expuesto, que se trata de un concepto que se puede aplicar al territorio de esta comarca murciana, ya que el marco natural es el denominador común que ha permitido que sus pobladores hayan conservado valores en su mayoría desaparecidos en otros lugares de las culturas mediterráneas actuales, transformándose en un taller de experimentación donde historia, cultura, tradición y valores inmateriales conviven con la modernidad y el futuro. De forma que siguiendo a Linarejos, este paisaje cultural no es únicamente un elemento visible sino la suma de elementos, procedimientos y pérdidas que deben ser tenidas en consideración desde diferentes ámbitos para una conservación integral y desde luego activa (Linarejos, 2015: 16).

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