COLECTIVO ARRAYANES. PROYECTO DE RECUPERACIÓN DE LOS VALORES DEL PATRIMONIO MINERO INDUSTRIAL, EN EL DISTRITO LINARES - LA CAROLINA | COLECTIVO PROYECTO ARRAYANES
Introducción
En 1991, tras un largo declive, la actividad minera desaparece del distrito minero con el cierre de la última empresa dedicada al laboreo minero: “Minas de La Cruz”, Empresa que se había dedicado durante 161 años, a la extracción de los ricos minerales del Distrito.
La situación de abandono y olvido hacia lo que las minas habían llegado a significar, evolucionó de tal forma que tanto la población como sus instituciones fueron arrinconando lo que había supuesto una forma de vivir, una forma de desarrollar una ciudad, unas costumbres y, en definitiva, un impulso vital. Así, la actividad minera, que tiene en el distrito una historia de 4.000 años (como demuestran las investigaciones llevadas a cabo en Peñalosa, Baños de la Encina) y que en 1867 llegó a superar la producción de plomo de toda Inglaterra, acabó difuminándose con tanta rapidez que, cuando en ese mismo año de 1991 nace el Proyecto Arrayanes, muy pocos ya llegaron a creer en él como un medio útil para revitalizar la vida ciudadana.
El Colectivo Proyecto Arrayanes se constituye como una asociación cultural, fundada con tal denominación en 1998. Tiene una larga trayectoria anterior originada en la elaboración y publicación en 1991 de un proyecto, bajo el título de PROYECTO ARRAYANES, a partir del cual se ha venido planificando un trabajo diverso para la valorización del patrimonio minero industrial del Distrito Linares-La Carolina. [Ilustración 1]
Dicho Colectivo está constituido por una veintena de socios provenientes de otra asociación cultural, el Taller de Historia, y se ha ido nutriendo en los últimos tiempos con la participación de antiguos trabajadores de los sectores productivos básicos para Linares: la minería, la industria y el ferrocarril, a los que hay que unir un grupo de profesionales de distintas disciplinas (geólogos, ingenieros industriales, ingenieros técnicos de minas, arquitectos técnicos, geógrafos, historiadores, antropólogos, arqueólogos, profesores de enseñanza secundaria y de enseñanza universitaria, abogados, etc.)
La labor en los primeros años se enfocó en tres líneas concretas: a) el diagnóstico, b) la formación y c) la divulgación, realizándose un número importantes de actividades que, salvo honrosas excepciones, no contaron con el apoyo institucional y que siempre tuvieron una línea argumental básica: crear conciencia sobre la puesta en valor del patrimonio minero industrial de la zona; en suma, convencer, en un lenguaje más coloquial, de que lo que veíamos como ruinas eran nuestra señas de identidad más genuinas.
Con la legalización de la asociación nos propusimos dos objetivos muy definidos:
que, de una vez por todas, se pudieran valorar estos testimonios de nuestro pasado productivo, quedando preservados, a nivel legal, y sobre todo desde un reconocimiento popular que viera en ellos una parte importante de nuestras señas de identidad, lo que, indudablemente, reforzaría la cohesión social; y
disponer de un marco de referencia legal (en este caso una asociación) desde el cual, basándonos en el voluntariado, por tanto no retribuido y generado desde la sociedad civil, pudiéramos ejercer la tutela de una proyecto (el Proyecto Arrayanes) que para nosotros viene obteniendo, e incluso superando, los objetivos iniciales por los que surgió.
Objetivos que han desencadenado en una forma de trabajo basado en el COMPARTIR. Para nosotros lo importante son las ideas sobre las que ese trabajo se asienta, así:
Entendemos que la transformación de un territorio no debe ser cuestión únicamente de quienes ejercen funciones políticas. En tal sentido, los ciudadanos, de manera individual, pero sobre todo asociados, tenemos unas posibilidades y unas responsabilidades en todo ello, y debemos ejercerlas. La opción de participación como sociedad civil es más amplia que la de depositar una papeleta en una urna cada cierto tiempo.
La escasez de recursos económicos, algo que se suele esgrimir como justificación para la inacción, no debe ser nunca razón suficiente para detenernos. Una firme voluntad para hacer que las cosas varíen, un trabajo colectivo desarrollado de forma coherente, la paciencia y la rigurosidad deben ser los mejores aliados en una sociedad cuya dinámica general va en otras direcciones.
Hay que descartar la existencia de “modelos mágicos”. Entendemos que la propia idiosincrasia local representa el punto de arranque básico. Frente a otros modelos, se trata de afirmar la participación inexcusable de quienes tienen conocimientos e intereses –no lucrativos- sobre el territorio objeto de planificación.
Con ser importante el papel que el patrimonio minero industrial puede jugar como recurso para el desarrollo, algo de lo que estamos plenamente convencidos, e implicando ello una participación segura en la diversificación económica local, nos parece mucho más importante trabajar en la autoestima de unos habitantes que han vivido su historia más contemporánea inmersos en un mundo de luces y sombras.
A modo de resumen, la nuestra es una propuesta integral donde el papel de la autoestima y, en consecuencia, de la cohesión social que ello puede implicar, tiene un lugar preeminente, moviéndonos, en definitiva, tratando de aplicar unas sencillas ideas básicas:
Recuperar la memoria histórica para utilizarla como un recurso propio.
Interpretar ese pasado productivo minero-industrial para hacerlo inteligible a la mayoría de la población,
Transmitir los resultados de ese proceso de Investigación / Interpretación mediante un concepto actualizado de museo.
Conseguir la protección legal, mediante las figuras más oportunas, de dichos testimonios y, en consecuencia,
Aprovechar el patrimonio minero-industrial como un instrumento para el desarrollo local.
El compromiso de la sociedad civil
Ante la necesidad de preservación de los restos patrimoniales, el Colectivo como parte integrante de la sociedad civil, se convierte en mediador entre el Patrimonio y la Población, articulado un proyecto de recuperación o plan director enfocado hacia los campos de actuación: territorio, patrimonio, protección, red de conexión entre elementos patrimoniales, centros de interpretación, seguridad en las visitas patrimoniales y conservación del medio ambiente[Ilustración 2]
Ilustración 2. Campos de actuación del Colectivo.
TERRITORIO
El distrito minero Linares- La Carolina
La zona de influencia de nuestro trabajo de investigación se encuentra ubicada al noroeste de la provincia de Jaén y concretamente distinguido por dos subconjuntos con apreciables diferencias geológicas, donde se hayan las poblaciones de Linares y La Carolina, que dan nombre al Distrito minero de fama mundial, agregándose en él las poblaciones hermanas de Bailen, Baños de la Encina, Guarromán, Carboneros, Santa Elena y Vilches, conformando entre todos la extraordinaria historia minera de esta comarca que alcanzó las más altas cotas de producción mundial de galena en el siglo XIX. [Ilustración 3]
Ilustración 3. Plano ubicación del distrito minero Linares - La Carolina.
En un radio de acción bastante pequeño, unos 30 Km., se encuentran situados la concentración de restos patrimoniales minero-industriales más importante de Andalucía, convertidos en una de las señas de identidad de esta comarca norte de la provincia de Jaén.
Paisaje cultural
El paisaje minero industrial del Distrito Linares – La Carolina es una muestra singular del proceso de la minería de metales no férricos, su industrialización y sus consecuencias económicas y sociales. [Ilustración 4]
Ilustración 4. Vista aérea de la Mina San Andrés (Coto La Luz)
Paisaje que ha quedado marcado por la huellas de la minería y por una intrincada red de caminos que lo recorre en todas direcciones. La naturaleza ha ido cicatrizando las impresionantes heridas que supusieron las minas y sus instalaciones y distintas especies vegetales y animales pueblan ya de nuevo los lugares más contaminados y agredidos. Todo ello, está configurando un entorno muy peculiar de enorme valor paisajístico y de riqueza ecológica cada vez mayor.
Queda así el Patrimonio minero-industrial del distrito, a pesar del tiempo transcurrido, inserto en perfecta armonía entre los encinares adehesados presentes en Sierra Morena, o en medio de los extensos olivares en las zonas de campiña. Configura además un singular paisaje cultural como fruto de la actividad humana desarrollada en el territorio a lo largo de su historia.
Historia del distrito minero Linares – La Carolina.
Durante el III y II milenios a.n.e., la cultura argárica, procedente de la costa mediterránea oriental andaluza, colonizó de forma sistemática el territorio de buena parte del Distrito, con un modelo de asentamiento bien estudiado que tenía como finalidad la explotación minera de los filones superficiales de cobre y la transformación metalúrgica de los minerales extraídos para conseguir el metal. Para ello se establecieron poblados y explotaciones en una red que se extendía desde grandes núcleos, situados junto a lo que hoy son Bailén y Linares, ascendiendo por los cauces de los ríos que fluyen desde Sierra Morena. De esta forma, la zona de El Rumblar se convirtió en un gran centro de actividad minera y metalúrgica.
Más tarde, los íberos continuaron la explotación de las minas, trabajando además del cobre los filones de plomo, pues ya conocían la tecnología necesaria para su obtención. Precisamente, la ciudad de Cástulo, junto a la actual Linares, era la capital de la Oretania y de su importante distrito minero. La conocida riqueza en minerales metálicos hizo que tanto los Cartagineses como los Romanos buscaran la asociación con el pueblo íbero para explotar las minas. Aníbal llegó a tomar como esposa a Himilce, hija del rey oretano, para sellar los acuerdos comerciales y mineros. [Ilustración 5]
Ilustración 5. Piedra de Linares (bajorrelieve)
Tras su victoria en la II Guerra Púnica (218-201 a.n.e), Roma extendió su dominio sobre la zona, estableciendo multitud de explotaciones mineras, tanto cerca de Linares (Arrayanes, La Cruz, etc.), como en Sierra Morena (El Centenillo, Salas de Galiarda, etc.), donde la actividad extractiva y metalúrgica fue muy intensa y tuvo una gran importancia, tal como se describe en escritos de Plinio y Estrabón y se ha comprobado a través de restos arqueológicos hallados en diferentes estudios e investigaciones. Los Palazuelos, Salas de Galiarda, Escoriales, El Centenillo (Cerro del Plomo) y el Cerro de las Mancebas son ejemplos de poblados romanos mineros fortificados, que tenían su capitalidad en la ciudad de Cástulo, cuyos trabajos aún perduraban hacia finales del Imperio Romano, siglo V d.C.
Sobre la explotación de las minas durante la dominación árabe y la Edad Media no se tienen muchas referencias. Sin embargo, los registros encontrados relativos a concesiones mineras en la zona en 1563 permiten suponer que siguieron realizándose actividades extractivas en la comarca. A partir de 1749, cuando la corona española decide establecer actividad minera en el Distrito y escoge la Mina de Arrayanes, la minería sufre un nuevo e importante impulso, que también supuso la llegada a nuestra zona de técnicos y trabajadores especializados, formados generalmente en las minas de Almadén. [Ilustración 6]
Ilustración 6. Mina Pozo Ancho.
Pero nuestro Distrito vivió el verdadero “boom de la minería” a partir de la segunda mitad del siglo XIX, propiciado por la importación de la tecnología del vapor desarrollada en Cornwall. En 1849 se instala en Pozo Ancho la primera máquina de vapor de bombeo de la que tenemos noticia; y su eficacia provocó, en breve plazo, que una gran proporción de nuestras minas se equiparan con estas gigantescas instalaciones técnicas. Esto tuvo efectos enormemente relevantes, y convirtió el distrito en uno de los mayores exponentes de lo que llegó a ser la Revolución Industrial en Andalucía.