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LA CONSERVACIÓN HONESTA FRENTE A LA CONSERVACIÓN APARENTE
El palacio de Villahermosa. La “conservación aparente”.
[link 20] [link 21] La asignación de un uso inadecuado a la naturaleza del edificio suele llevar a su completa desfiguración arquitectónica y a su radical transformación constructiva. La conservación que APUDEPA defiende, que como ya se ha dicho es integrada y orgánica, se basa también en la “honestidad” de la relación entre la realidad constructiva y la apariencia formal. Ello lleva a considerar la importancia de que la conservación de los sistemas constructivos históricos sea especialmente rigurosa y respetuosa con sus características materiales y mecánicas, aún a costa de limitaciones funcionales cuando éstas puedan asumirse con pequeños esfuerzos de la sociedad usuaria (que en muchas ocasiones ni son necesarios cuando, como decíamos, se acierta con un nuevo uso idóneo a la naturaleza de la vieja arquitectura).
El mantenimiento de la apariencia de los monumentos esconde en muchas ocasiones la transformación inarmónica (es decir, forzada en extremo) de su arquitectura, cuando no su destrucción total. Esta ha sido la experiencia de la gran mayoría de los palacios [link 22] [link 23] o conventos destinados a un uso público y masivo. Es un tipo de intervención que incurre en la incoherencia (desde nuestro punto de vista) de conservar afanosamente ciertas apariencias excluyendo la conservación del soporte que, en realidad, las hace posibles más allá de lo superficial. Sucede que las imágenes que en última instancia persiguen los promotores públicos o privados de tales obras permiten simplificaciones drásticas de la arquitectura.
La lucha contra este tipo de intervención se ilustra en el caso de APUDEPA con la labor realizada para la conservación integral del palacio de Villahermosa, en Huesca, cuyo proyecto inicial preveía incluso la sustitución de la fachada por una “reproducción mimética (…) con ladrillo recuperado de la demolición” (10). La conservación de la fachada original fue fruto de las gestiones de la Asociación, que no consiguió nada más pese a sus numerosas acciones (el resto del edificio fue demolido). De entre ellas destaca la realización de un informe (y su remisión a promotores y administraciones) mediante el que las historiadoras Belén Boloqui y Carmen Morte y el arquitecto Joaquín Soro alertaban sobre “la posible existencia de restos de artesonados o simplemente forjados de viguería labrada”. Pese a que los promotores negaban reiteradamente la antigüedad de la fábrica y la existencia de elementos de interés, durante las obras apareció un impresionante alfarje que vino a datar la estructura del palacio recién demolida en el siglo XIV. Ese alfarje, reubicado en el palacio, toda vez desposeído de su función estructural, de sus características constructivas y del contexto arquitectónico propio que le daba sentido, puede simbolizar esa falta de respeto a los elementos constructivos que convierte a la arquitectura histórica en una naturaleza muerta y que APUDEPA denuncia.
Para una conservación integrada, orgánica y honesta: concienciación de los promotores, formación de los profesionales y método.
La incertidumbre que plantea la respuesta de la construcción histórica a los nuevos usos, con respecto a los más estandarizados sistemas actuales, hace que en la mayoría de las ocasiones quien dirige la intervención opte por una drástica simplificación constructiva, sustituyendo los sistemas tradicionales por otros modernos mucho más “controlables”, aún a costa de la riqueza material, constructiva y arquitectónica del edificio, de su capacidad expresiva y, también, de su autenticidad y carácter documental. Para evitar estas amargas consecuencias, APUDEPA considera imprescindible un decidido reforzamiento del conocimiento de la construcción histórica por parte de los agentes que intervienen en ella, fundamentalmente de los arquitectos. Pero también una potenciación de los oficios y de las técnicas tradicionales que permitan que las “rehabilitaciones” sean algo más que arquitecturas nuevas inspiradas en la apariencia de las precedentes. Si España quiere plantearse en estos momentos la rehabilitación de sus centros históricos e incluso de sus barrios consolidados, lo que requeriría un trabajo ingente, es inexcusable un urgente y potente fortalecimiento de los oficios e incluso del sector artesanal que reoriente la construcción hacia la conservación de lo existente y su compatibilidad con las reformas y mejoras.
Las cuestiones del uso, del profundo estudio y diálogo interdisciplinar previo y del conocimiento de la construcción histórica serán claves para la fortuna de las intervenciones que se avecinan en algunas de las mejores arquitecturas palaciales en Aragón, como el palacio de Morata de Jalón [link 24], de Sabiñán [link 25] [link 26] o el ya citado de Épila. El primero fue expropiado por la Diputación General tras las reiteradas peticiones de APUDEPA y el segundo se mantiene en pie hasta el momento porque esta Asociación exigió la paralización de su derribo e instó su inclusión en alguna de las categorías de protección del Patrimonio Cultural Aragonés.
Después de todo lo dicho, para precisar la naturaleza de la conservación que APUDEPA ha venido postulando, podemos diferenciar sus dos características principales: un componente público y social, por así decirlo, que tiene que ver con su asociación al interés general (conservación orgánica) y un componente complementario (el que rechaza la mera conservación de la apariencia, la conservación honesta) que tiene, en cambio, una raíz doctrinal o disciplinar y derivaciones profesionales.
Pero para que estos objetivos guíen con éxito en la práctica la intervención sobre el patrimonio cultural, sin embargo, es necesario un buen método de trabajo y estudio, que no sólo alcance al arquitecto y a la fase de proyecto y obra sino que se extienda suficientemente a las diversas disciplinas y a los diversos momentos de la intervención (incluyendo su propuesta y su difusión) y, en general, a la sociedad. En esto la Asociación asume la metodología propuesta por Antoni González(11) al respecto.
EL TRABAJO CIUDADANO
La necesidad de transparencia. Participación ciudadana y aportación social de conocimiento.
APUDEPA hace hincapié en la importancia de la aportación social de conocimiento y, en consecuencia, de la participación de los ciudadanos y de sus asociaciones en procesos que deben ser lo más transparentes posible.
La Asociación basa su acción en la participación ciudadana y, si ha sido posible actuar en tantos lugares de la geografía aragonesa es porque ha tenido la colaboración de personas interesadas residentes en los pueblos y las ciudades. Especialmente importante es la participación de asociaciones de ámbito local, que muchas veces no tienen a su alcance los recursos necesarios o los mecanismos básicos para dar respuesta a las amenazas sobre el patrimonio cultural. APUDEPA trabaja en estos momentos en un manual práctico para la protección del patrimonio que poder poner al alcance de todos los vecinos preocupados por el medio.
[Ilustración 15]

Ilustración 15.Acto en defensa de las montañas, con la participación de APUDEPA. Plataforma de las Montañas de Aragón. Foto APUDEPA.
Asimismo, APUDEPA forma parte de Plataformas que aúnan a diversos colectivos, como la Plataforma en Defensa de las Montañas, Stop Gran Scala, la Plataforma en Defensa del Ebro, del Puente de Piedra, Aragón No Se Vende [link 28] o la Plataforma Ciudad Compacta. Y mantiene constante relación con otras asociaciones españolas, como Hispania Nostra, el Observatorio Internacional de Teatro en Riesgo o DOCOMOMO (que han apoyado a la Asociación en reivindicaciones como la del Teatro Fleta), la Federación Acanto, la Federación de Asociaciones en Defensa del Patrimonio de Castilla y León u otras asociaciones locales, en cuyas actividades ha participado ocasionalmente. El Blog de APUDEPA nos ha permitido este contacto con las realidades análogas en otras comunidades españolas, además de la posibilidad de difundir nuestra acción y nuestros planteamientos. [link 29]
En el acercamiento al patrimonio que APUDEPA defiende, la Asociación ha llevado a cabo iniciativas especialmente centradas en la educación, en torno de la pedagogía del patrimonio propugnada desde el Consejo de Europa, con efectos francamente interesantes que no se han visto respaldados, lamentablemente, por la administración educativa. Acercar a los niños y a los jóvenes al patrimonio y al paisaje e intentar con ellos una comprensión profunda y a la vez abierta se nos antoja la solución de hoy para las dificultades de mañana. La creencia en la necesidad de la instrucción mantiene también a los miembros de APUDEPA en un proceso de formación continuo e inacabable. [link 30]
APUDEPA ha participado en actividades realizadas por otras asociaciones, ha otorgado sus premios a las buenas prácticas en materia de patrimonio cultural y ha desarrollado un amplio programa de visitas por el territorio. Son innumerables los comunicados remitidos a los medios, las ruedas de prensa, las protestas, los escritos oficiales, las visitas de inspección, las reuniones con personas afectadas, con instituciones y agentes sociales y las comparecencias en las Cortes. Y aunque todo tiene como un sabor a batalla perdida(12), en el despacho de APUDEPA, en la tercera planta del Edificio Interfacultades de la Universidad de Zaragoza, hay entre cierto desorden un papel tamaño folio discretamente fijado a la pared por una chincheta al que a veces recurrimos cuando nos invade el desánimo. Unas letras infantiles nos recuerdan, en color rojo pasión, que en realidad “no son perdidas más batallas que aquellas que se abandonan".
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