La Panera del Valle, un ejemplo del valioso patrimonio etnográfico asturiano y una nueva línea de estudio de sus decoraciones polícromas | Amparo García Iglesias - Luis Rodrigo Rodríguez Simón
1. Introducción.
El hórreo y la panera son artilugios de gran relevancia histórica, artística y etnográfica que, en el Principado de Asturias, son considerados, cada vez más, elementos a proteger y conservar. Los vacíos existentes en lo referente al conocimiento matérico y de técnicas de ejecución de las decoraciones policromas que lo adornan crea una situación peligrosa de cara a su rehabilitación y limita en buena parte la información y vías de estudio que de estos ejemplares se pueden derivar.
Frente a este problema, el presente artículo, que forma parte de una investigación(1) en la que se recopilan diversos ejemplares entre hórreos y paneras, pretende, mediante el estudio analítico, obtener datos precisos que nos permitan identificar los materiales y técnicas pictóricas empleadas, en este caso, para ornamentar la panera del Valle.
2. Breve acercamiento al hórreo y la panera asturianos
Los hórreos y paneras asturianos son elementos constructivos de un significativo valor histórico, sociológico y artístico que representan como ningún otro al campo asturiano, sus tradiciones y cultura desde la baja edad media.
La literatura sobre este tema es, en comparación con la de otros elementos patrimoniales, muy escueta; pues, hasta no hace demasiado tiempo, estas construcciones populares carecían de interés patrimonial. No hay que olvidar que hasta los estudios del polaco Eugeniusz Frankowski(2), que se publicarían en 1918, apenas si se habían dedicado unos pocos párrafos al hórreo en meras descripciones físicas.
De entre todas ellas hay que destacar la del nuestro ilustre Jovellanos(3) que, en sus “Diarios” nos describe su visita a una panera u hórreo recién construido con el carpintero responsable del cual recoge nomenclatura y uso de las principales piezas; o la del Catedrático en Ornitología y curioso viajero Hans Friederich Gadow(4), uno de los primeros viajeros románticos que cruza los Pirineos y recoge las peculiaridades de los hórreos del norte de la Península tras su paso por Riaño (León).
Estos artefactos son elaboradas construcciones, aunque sencillas a la vista, realizadas enteramente en madera ensamblada. [Ilustración 2]
Ilustración 2. Morfología del hórreo asturiano.
Estas ‘cajas’ de madera elevadas del suelo para aislar su contenido de la humedad y los roedores se cubren por techumbres a cuatro aguas, en forma de pirámide de base cuadrada, en el caso de los hórreos y rectangular en el caso de las paneras, que facilitan enormemente la eliminación de la lluvia, de cuyo azote protege a las paredes prolongando notablemente el vuelo de sus aleros.
Estas cubiertas pueden aparecer revestidas con tres materiales: la teja árabe, que es la forma más común, las lajas o lascas de pizarra, especialmente visibles en el occidente de la región, y la cubrición vegetal, ya casi perdida, que aparece en algunos ejemplares que se encuentran en las ‘brañas’ o zonas de alta montaña donde, ya de por si, es menos frecuente su presencia.
En su estructura, con las variantes de uno y de otra, podemos diferenciar tres bloques(5):
El soporte: donde se asienta el ejemplar, que consta de cuatro o más vigas o pilares verticales, de madera o piedra, pegoyos(6) que se separan del suelo por una laja o piedra plana llamada pilpayu(7), y de la propia caja del hórreo mediante otra, de forma similar, denominada muela(8) o tornarratos que cumple la función de impedir el acceso a los posibles roedores que intentasen acceder desde el suelo.
El cuerpo: es el propio cajón de madera en si, reposa sobre las tazas, pequeños tacos de madera interpuestos entre el cuerpo del hórreo o panera que completan y ajustan su nivelado. Esta gran caja está formada por un cuadro inferior que consta de cuatro vigas o trabes(9) machihembradas entre sí, en las que se encaja la tablazón, colondras(10), que conforman las paredes. Estas se cierran en la parte superior mediante otras cuatro vigas, liños(11), de menor tamaño que las del cuadro inferior y ensambladas de igual modo.
La techumbre o cubierta: reposa en los sobreliños(12),cuatro vigas machihembradas situadas sobre el cuadro superior (liños).
El hórreo no es exclusivo de Asturias, pues podemos encontrar ejemplares, con este u otro nombre, en todo el tercio norte peninsular, así como en varios países del norte de Europa como son Suecia, Alemania o Noruega y, aunque más rudimentarios, en otros continentes como África u Oceanía. Walter Carlé en “Los Hórreos en el Noroeste de la Península Ibérica(13)” lo explica así: “... En las más diversas zonas climáticas, sobre todo en la mayor parte de las comarcas atlánticas, aparecen estas cámaras de granos. Los habitantes de Laponia, como los de Kamtschaka, lo utilizan, lo mismo que el campesino del Ecuador, de las Indias holandesas o del Sudán,...”
Todos ellos, con sus propios materiales y rasgos diferenciadores, pero compartiendo una serie de características fundamentales como son su elevación del terreno y su uso para el almacenaje y salvaguarda de las cosechas.
Las aplicaciones de uso que se les dan son innumerables, desde la de almacén de cosecha, quesos y productos de la matanza o ‘Samartín’(14), sin duda las más comunes y las que le dan razón de ser, hasta otras menos habituales como segunda vivienda, taller de oficios, lugar de celebraciones… Otra de las funciones más importantes es la de ‘foro’ del pueblo; en este caso la parte baja, el espacio que se genera bajo el gran ‘cajón’ de madera sustentado por los pilares de madera o piedra, es, especialmente en las jornadas invernales y lluviosas, un lugar de reunión y zona destinada para labores colectivas tanto femeninas (hilado del lino, cardado de lana, aprendizaje del bordado) como masculinas (reparación de aperos de trabajo, aparejos de animales, afilado de las guadañas…) o mixtas (‘esfollaza’ o preparación del maíz para ser almacenado, preparación de la manzana para la sidra… además de ser zonas de reunión y coloquio, celebraciones y cortejo, incluso misas.
Las diferencias entre hórreos y paneras son, únicamente, el fruto de la necesidad de un espacio mayor para almacenar las cosechas de los nuevos vegetales llegados de América. De ahí que el hórreo bajo medieval comience por aumentar proporcionalmente de tamaño para, finalmente, dar paso a las paneras, que no son si no la evolución lógica del hórreo ante la necesidad del campo astur, en un momento concreto de su historia, de un “almacén” de mejores dimensiones para los nuevos cultivos llegados del Nuevo Mundo como el maíz y la patata cuyo consumo se populariza en el siglo XVII.
Se crea mediante la prolongación de la planta cuadrada y aumentando el número de apoyos a seis o más mientras se mantiene la cubierta a cuatro aguas cuyo remate se soluciona ahora mediante un caballete. [Ilustración 3]
Ilustración 3. Diferencias de planta y alzado entre hórreos y paneras.