Primera aproximación al paisaje de la Alhambra. Significado, percepción y oportunidades para su preservación
| Victoria Eugenia Martínez Chamorro
AGRADECIMIENTOS:
A Maria del Mar Villafranca Jiménez, con quien comparto, junto al resto del equipo de dirección del Patronato de la Alhambra y Generalife, criterios y esfuerzos por fortalecer y reequilibrar la relación del Monumento con la ciudad de Granada y el territorio, así como por hacer de la valoración y el acceso al Patrimonio uno de los pilares de nuestra gestión.
A D. Ignacio Henares Cuéllar y a D. José Castillo Ruíz por su labor intelectual y su comprometido trabajo desde el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Granada por favorecer la aproximación contemporánea a este legado y caracterizar el significativo fenómeno de su tutela.
A D. Miguel Ángel Molina Bueno, autor de las fotografías contenidas en este artículo.
1. La tradición cultural y las transformaciones materiales y funcionales introducidas en la Alhambra y el territorio.
El papel de la Alhambra como monumento representativo de la cultura hispanomusulmana, en pacífica convivencia con expresiones inigualables del arte renacentista en España, es objeto del culto moderno a los monumentos que arraiga en los viajeros románticos; ha sido también modelo controvertido de administración y tutela, además de fuente de inspiración para formas diversas de entender las artes plásticas, las letras y más recientemente las artes visuales.
Este intenso ciclo, brevemente resumido, concluye con una manera novedosa de afrontar la gestión del monumento a lo largo de buena parte del siglo XX y comienzos del siglo XXI, insertándolo inicialmente en el debate de la restauración y la conservación, posteriormente en el discurso de la protección y por último en el de los usos vinculados a su carácter cultural y social.
El Patronato de la Alhambra, como órgano encargado de su tutela, administración y gestión se configura desde su nacimiento como una institución que presenta un fuerte vínculo con los vestigios materiales del pasado y con las transformaciones contemporáneas que se han ido produciendo sobre sus elementos arquitectónicos o su entorno natural, consecuencia del uso continuado que, a veces, ha quedado anotado con excesos.
La constatación de ese papel flexible y hasta mudable no ha impedido que la Alhambra haya llegado al s. XXI como expresión refinada de una manera de ocupar el espacio y de relacionar estructura artificial y ambiente, convirtiéndose en un referente en tanto que paisaje cultural de alto valor patrimonial.
El órgano de gobierno y dirección del Monumento, por su parte, ha cambiado en su composición y funciones para dar respuesta a las exigencias que ha planteado el compromiso de cumplimiento de esos fines de custodia y conservación del Sitio en el tiempo y en la forma demandada por la sociedad. Seguramente ha llegado el momento de mostrar una vez más la gran capacidad que esta institución tiene de adaptarse a las expectativas que la sociedad actual proyecta sobre el patrimonio cultural, pasando a desempeñar un papel activo.
El Monumento debe ser gestionado hoy como un Bien Cultural, cuyos valores arquitectónicos, paisajísticos y ambientales suscitan tal interés y fascinación, como enclave único para el conocimiento y la inspiración, que exige llevar a cabo estrategias específicas en el terreno de la protección, de la gestión patrimonial y de la conservación, ya que la Alhambra del siglo XXI debe crear anclajes suficientes para garantizar su trabajo en estos ámbitos.
En este orden de cosas, es necesario establecer con claridad las condiciones idóneas para que los ciudadanos se conviertan en partícipes de una gestión moderna, partiendo de la valoración y comprensión de los valores materiales e inmateriales del monumento y su entorno, así como del esfuerzo de sus responsables por garantizar el acceso a los mismos.
El conocimiento y aceptación del medio físico natural y construido de la Alhambra y el Generalife y el modo en que se han ido formalizando los procesos de incorporación y puesta en valor de los bienes que conforman su patrimonio permitirá realizar una aproximación a la gestión llevada a cabo por la propia institución ínter administrativa responsable de la tutela de éste, en una especie de camino de ida y vuelta en constante evolución.
Debemos comenzar diciendo que la Alhambra que hoy conocemos es producto del interés que en su día suscitó entre sus responsables desde final del siglo XIX y durante todo el siglo XX la compraventa y expropiación de innumerables propiedades que por entonces permanecían bajo el dominio privado, movidos por la oportunidad de su conservación, restauración y posterior apertura a la visita pública, así como por la obtención de un sistema de administración más eficaz fundamentado en la unidad de gestión.
El proceso al que aludimos comienza a gestarse en el siglo XIX propiciado por el propio concepto de Patrimonio, que aparece por entonces como un referente genérico y abierto, una vez desvalorizado el objeto en su prístina función como ciudad y revalorizado como Monumento en 1870, en un momento en que se habían desdibujado o destruido parte de sus atributos patrimoniales.
A ello se une la situación denunciada social y políticamente de apropiación de solares e inmuebles dentro del recinto, que se produce a comienzos del siglo XX, entre miembros y amigos de la Junta de Conservación y Restauración del Monumento, muchos de los cuales retornaron nuevamente al Estado tras procedimientos de desahucio o adquisición patrimonial.
Resulta necesario referirse a las transformaciones sufridas en la imagen y morfología de su diáfana estructura, propiciadas por la necesidad de adaptar el lugar como residencia temporal de los escritores, pintores, políticos y personajes ilustres que en distintos momentos pasaron por Granada, movidos por el indudable atractivo del Monumento como lugar exótico cargado de significación histórica. Son también dignos de mención otros cambios resultado de los estragos del tiempo y de una Alhambra vivida por sucesivos inquilinos, supuestamente guardianes de sus delicadas estancias.
Por contraposición a las intervenciones arqueológicas, de conservación y restauración que se constituyeron en un modelo de referencia, por su rigor, son también de obligada mención aquellas otras realizadas sin obedecer a criterios científicos, así como las obras de infraestructura turística y cultural, que establecieron interrelaciones originariamente impensables entre espacios palaciegos o que transformaron radicalmente el uso de lugares dedicados durante siglos al cultivo.
Junto a ello, en el siglo XX, los procesos de desarrollo territorial y urbano que siguen a la guerra civil española y años más tarde la expansión económica que tiene lugar entre 1960 y 1975 propician la destrucción de espacios verdes de gran valor cultural en el entorno del Monumento, los cuales se transforman en áreas de expansión de la ciudad, del comercio y la industria, que crecen paralelos al fuerte avance del fenómeno turístico en Andalucía.