Primera aproximación al paisaje de la Alhambra. Significado, percepción y oportunidades para su preservación
| Victoria Eugenia Martínez Chamorro
Sin duda, la decisión de habitar las colinas de la Alcazaba Cadima donde se asentó la ciudad antigua y posteriormente la Sabika, desde el siglo XIII, con la idea de fundar en ella la ciudad real de la Alhambra, propició que el Valle del Darro se convertirse en el eje vertebrador del sistema de vida establecido en Granada por la Fundación Nazarí.
Así, al igual que la Acequia de Aynadamar discurre por el Albaycin y la vega de Granada, convirtiendo ambos espacios en núcleos primigenios de vida y riqueza, las acequias que nacen del Darro llevan el agua de una margen a otra del río, desde las áreas más escarpadas a la zona más horizontal de los cerros de San Miguel y del Sacromonte, alimentando a su paso tramos de su vega, todavía hoy milagrosamente inalterados, atravesando el arrabal de Axares y las fincas llamadas desde tiempo inmemorial “Herederos del Darro”y elevándola hasta la colina de la Sabika, para hacer posible la implantación y pervivencia de la Alhambra y el Generalife.
la Acequia de Axares por su margen derecha, desdoblada en la Acequia de Romayla a partir del Carmen de la Peregrina, y la Acequia Real de la Alhambra, que cedió una pequeña parte de su caudal a las fincas conocidas como “Herederos del Darro”. Aguas arriba de la Presa de la Acequia de Axares, el carmen de los Granados y de San José, son regados con el agua de la Acequia de la Solana(5).
La Acequia Real de la Alhambra capta el agua de la presa de derivación que recibe el mismo nombre, situada a algo más de 6 kilómetros de la Alhambra y a una cota superior a los 800 metros sobre el nivel del mar. Esta acequia cruza de la margen derecha a la izquierda del río y se eleva a media ladera hacia la cara norte del Cerro del Sol, desde donde se conduce hacia el Generalife y posteriormente hacia la Alhambra, a través de la Torre del Agua. A unos 2.840 m de la Presa Real, sobre la finca del Carmen del Partidor, se produce su división en la acequia del Generalife, llamada también del Tercio porque sangra de la primera la tercera parte del total de su caudal.
Estudios recientes de los arquitectos Orihuela Úzal y García Pulido han desvelado un error muy difundido, que partía de suponer que los denominados Pozos Altos que existen junto a la Alberca Rota o Albercón del Moro del Cerro del Sol, elevaban el agua directamente desde la Acequia del Tercio, cuando en realidad estaban vinculados con la Acequia de los Arquillos, que toma sus aguas del río Beas, afluente del río Darro, y del río Aguas Blancas.
En su devenir por el Valle, las numerosas bifurcaciones del río Darro tuvieron su propia regulación, que se compiló en las Ordenanzas del conde de Tendilla de 1517. Los derechos históricos contenidos en las mismas y el modo en que se han adaptado y vivificado para atender a las necesidades actuales de las diversas fincas y huertas, que perviven intactas en este espacio de gran belleza, constituyen un patrimonio inmaterial de primer orden(6).
En los siglos posteriores, principalmente del XVI al XX, el río ha ido pautando la secuencia urbana y paisajística de la ciudad baja, pese a que la construcción a orillas del Darro de elementos urbanos emblemáticos como Plaza Nueva, Puerta Real, Reyes Católicos y Acera del Darro han ido ocultando aquellas partes de su recorrido que se adentran en la trama urbana de la ciudad.
Lo cierto, es que el río va haciéndose partícipe de las sucesivas transformaciones que experimenta Granada en sus estratos medieval, renacentista, barroco, modernista y contemporáneo, aunque sin perder su vinculación estética y ecológica con los paisajes del agua, desde las cotas más altas del Valle a las zonas más horizontales y cercanas al cauce.
La expansión de la ciudad hacia la llanura aluvial del Genil, unido a la concurrencia de otras circunstancias como la pequeña dimensión del Darro y la reducida escala del sistema socioeconómico generado entorno al mismo, han hecho posible la preservación natural de todos sus atributos territoriales y permiten aún la lectura cualitativa de su realidad patrimonial.
Afortunadamente este Valle, íntimamente conectado con la Alhambra, no ha resultado alterado por los nuevos usos urbanos que serían hoy incompatibles con cualquier actuación de tutela.
Ahora bien, las tensiones que viene sufriendo este espacio, en los últimos años, en su modelo de relaciones con la ciudad exige de la definición de un marco institucional de trabajo y de unas reglas del juego socioeconómico y político que eviten procesos de deterioro, bien por abandono de la actividad productiva, bien por la construcción de infraestructuras que puedan alterar el ecosistema existente o por la introducción de nuevos usos que pudieran ser incompatibles con la pervivencia de los existentes.
Por ello han de coordinarse esfuerzos que hagan posible el impulso de iniciativas de protección de los yacimientos arqueológicos existentes y de las infraestructuras hidráulicas que aún se encuentran en uso, así como también de preservación de los derechos sobre el agua de riego, de revisión de la regulación de las servidumbres históricas sobre caminos y veredas y en definitiva de conservación de su biodiversidad y de sus rasgos de espacio habitado.
3. Reflexión y debate sobre la inserción del Patrimonio de la Alhambra en las estrategias urbanas y territoriales
Frente a la realidad que hemos descrito, el Patronato se ha posicionado asumiendo la responsabilidad individual y colectiva de respetar, proteger y valorar de forma activa no solo el patrimonio cultural y natural que gestiona y al que se extienden sus límites administrativos, sino también el espacio habitado que lo circunda y que encarna un capital simbólico para la propia comprensión y percepción del Monumento, por la vinculación histórica y ambiental que mantiene con el mismo.
Somos conscientes de que el anterior planteamiento nos introduce de lleno en el debate de la inserción del Patrimonio en las estrategias territoriales y urbanas y en el de la necesaria búsqueda de un punto de convergencia entre éstas y los proyectos patrimoniales. Sin embargo, solo desde esta visión plural se podrán afrontar con eficacia los problemas de presión turística y de usos urbanísticos contrastantes que todavía amenazan a la Alhambra, y será posible contribuir a contextualizar las intervenciones en el territorio con garantía de conservación de sus valores patrimoniales físicos, ambientales e inmateriales.
Ahora bien, la integración en concreto de la gestión de los Sitios Patrimonio Mundial, como es el caso de la Alhambra y el Generalife, en el marco de los proyectos de ciudad y de territorio ofrece con frecuencia dificultades de confluencia y compatibilidad entre los niveles de protección que se promueven desde las esferas local, regional, nacional e internacional, las cuales tienden a superponerse y en ocasiones a contradecirse.
Ejemplo de ello son los Planes Generales de Ordenación Urbana, que no siempre se redactan tomando en consideración los perímetros de protección de los Bienes de Interés Cultural declarados y sus entornos, e incluso que se implementan obviando las cautelas establecidas por la UNESCO para la preservación de los valores de autenticidad e integridad que dieron lugar a la inclusión de un Monumento, un Sitio Histórico o un Paisaje Cultural en la lista del Patrimonio Mundial.