e-rph 6, jun. 10 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 6, junio 2010
Iniciativas ciudadanas | Experiencias
 
 
La plataforma Salvem El Cabanyal: doce años de lucha ciudadana | Luis Francisco Herrero García y Maota Soldevilla Liaños
 
 
 

 

Agradecimientos

A la gente de la plataforma Salvem el Cabanyal y a toda la gente que hace posible su existencia.

Introducción Histórica

El Cabanyal es el nombre como se conoce al conjunto histórico que se extiende paralelo a la costa de la ciudad de Valencia, formado por el Canyamelar, cerca del Grau, y el Cabanyal-Cap de França, más al norte.
 
Este conjunto tiene su origen en la ocupación irregular de terrenos públicos (patrimonio real) probablemente desde el mismo momento de la fundación en el siglo XIII del núcleo de Vilanova del Grau por Jaume I. Se tienen noticias de la existencia de un grupo de barracas en el Cabanyal desde 1422 (1) (la ocupación del Canyamelar es más tardía).
 
Poco a poco, el asentamiento fue creciendo: a principios del siglo XVII se contabilizaban 40 barracas y chozas de pescadores (2) y así hasta formar lo que el barón de Bourgoing describe en 1793 como “un poblado habitado sólo por pescadores y formado por modestas barracas”.

Este poblado queda magníficamente reflejado en un plano de 1796 que recoge los efectos de uno de los numerosos incendios que devastaban las barracas. [Ilustración 1]


Ilustración 1. Plano Geográfico de la población de la playa de la ciudad Valencia (Luis de Urbina - 1796); superposición del parcelario catastral del año 2008

Este poblado de finales del siglo XVIII es el origen de lo que en 1837 será reconocido como el municipio independiente de Poble Nou del Mar. El desplazamiento de la línea de costa hacia el este –debido a la acumulación de arena provocada por la construcción del muelle de Levante del puerto desde 1752- permite la ampliación del núcleo originario del nuevo municipio mediante oleadas de barracas en alineaciones paralelas al mar, hasta alcanzar las playas de vías del ferrocarril de las canteras del Puig y las del popular trenet, presentes desde mediados del siglo XIX y que impiden la evolución natural hasta el mar.

En 1875, una normativa municipal impidió la reconstrucción de las barracas, por el peligro de incendios que entrañaba su techumbre de paja, y obligaba a su paulatina sustitución por casas. Como por su tipología la barraca tiene los accesos por los hastiales, se presenta con la cumbrera perpendicular a la calle, por lo que vierte aguas por los laterales. Como por normativa debe verterlas en su parcela, cada barraca retira su pared lateral tres palmos valencianos (68 cm) de la línea divisoria de su propiedad. Y lo mismo la vecina, quedando entre dos barracas contiguas un callejón de seis palmos (136 cm) que, además, sirve para dar salida al corral y para la recomposición de la cubierta (de broza y paja de trigo). Este espacio medianero recibe el nombre de ‘escalá’. Cuando una barraca se derriba y se construye casa en su lugar, no se puede construir en todo el terreno, pues los tres palmos de la ‘escalá’ deben quedar libres para que el vecino pueda recomponer la techumbre de su barraca: se trata de una servidumbre mutua y subsiste mientras subsista uno de los condominantes. Pero al edificar la segunda casa, puede hacerse en todo su terreno, pues ya ha desaparecido la servidumbre de su vecino que, si quiere, vende sus tres palmos al otro para tener pared medianera (en caso contrario queda entre las dos casas un hueco de tres palmos). Toda esta prolija explicación, viene al caso porque a la existencia de la ‘escalá’ se deben los diversos anchos de parcela existentes en la actualidad, provenientes de un loteo supuestamente regular, como correspondería a unos terrenos ganados al mar, sin propietario previo. Así, tomando como punto de partida la barraca de 28 palmos de anchura (640 cm), obtenemos parcelas desde los 320 cm de la media barraca, hasta los más de nueve metros contando con las dos ‘escalás’ laterales completas. [Ilustración 2]


Ilustración 2. Evolución desde la barraca a la casa. En las distintas parcelas resultantes, tienen cabida los modos de vivir actuales: desde la persona sola, hasta las familias numerosas

Cuando en 1897 el municipio fue anexionado por Valencia, tenía totalmente consolidada su estructura urbana y se estaban construyendo las casas que sobre ella se asientan. El Cabanyal pasó a ser un barrio de esta ciudad, precisamente el barrio que conforma su frente marítimo: Valencia llegó al mar por la vía administrativa. Mientras, la futura metrópoli apenas había comenzado la construcción del primer ensanche, tras el derribo de las murallas que la encorsetaron hasta 1865. [Ilustración 3]


Ilustración 3. Campaña topográfica de 1882. Entre Valencia y el municipio independiente de Poble Nou del Mar, sólo existía huerta: ni rastro de la avenida que se imaginará años después

La exitosa evolución hacia la casa, se prolongó hasta bien entrado el siglo XX respetando la estructura urbana de la época de las barracas, tanto del espacio parcelado como el del no parcelado. Buena parte del éxito de toda la operación se debe a esta sabia estructura, que consigue, a lo largo del día, un rato de sol para todas las fachadas y que todas las aceras tengan su rato de sombra. Además, la existencia del patio trasero, heredero del corral de las barracas, permite la doble orientación, con lo que el régimen de brisas marinas ventila las estancias de las casas. También se mantiene la relación directa con la calle que tenían las barracas, pues muchas de las casas son unifamiliares o no tienen elementos comunes tales como zaguán o escalera de vecinos, porque a la planta baja se entra desde la calle y a las superiores por escaleras particulares. El resultado es un conjunto especialmente saludable, bien soleado y ventilado –situación que no es común en los Conjuntos Históricos- donde las calles, poco jerarquizadas y, en general, con un tráfico vecinal escaso y pacificado, encuentran su límite y su definición en el protagonismo que cada fachada de cada casa pretende, para conseguir el marco adecuado a las relaciones sociales que se desarrollan en ellas.
Estas ‘fachadas-mobiliario urbano’ reinterpretaron de manera popular los estilos cultos de las épocas en que se construyeron: el historicismo ecléctico, el modernismo y, a partir de 1930, el racionalismo. Además de fachadas enlucidas o pintadas, algunas se construyen en ladrillo visto de buena factura y, sobre todo, fachadas revestidas de azulejos cerámicos al gusto de cada época y cada propietario, cuya implicación en la construcción de sus casas, otorga una calidad a los acabados impensable en otras circunstancias. [Ilustración 4]


Ilustración 4. Póster de Salvem el Cabanyal. Toda esta popular arquitectura eclecticista, será sustituida por impersonales bloques de 20x20 metros en planta y seis alturas, subvirtiendo la exquisita relación edificio-calle propia del barrio, por otra tipo manzana-avenida totalmente ajena

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