e-rph 7, dic. 10 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 7, diciembre 2010
Concepto | Estudios
 
 
Visión de la evolución tipológica en ingeniería de puentes metálicos durante los siglos XIX-XX en el ámbito de las provincias de Palencia y Burgos | Roberto Serrano López
 
     

 

Centrándonos en el ámbito geográfico de este estudio, de los puentes colgantes de uso carretero tan sólo queda constancia documental de dos, uno en cada provincia, y que seguramente sean los únicos que hayan existido. De hecho, tan sólo tengo constancia de la existencia de otro en toda la comunidad de Castilla y León: un ingenioso montaje provisional ejecutado en León por D. Eduardo Saavedra en el año 1864 (Abad y Chías, 2008: 390).

En la provincia de Burgos hay numerosas noticias sobre la existencia de un majestuoso puente colgante sobre el río Ebro a la altura del núcleo de Quintanilla-Escalada, proyectado por el ingeniero D. Cipriano Martínez de Velasco (siguiendo los criterios del sistema usado para el puente francés de La Roche-Bernard) (9) y puesto en servicio el año 1847. En cuanto a sus dimensiones, disponía de “235 pies de claro, 22 pies de flecha y 34 pies de altura sobre las aguas bajas”, atendiendo a la reseña publicada en la Revista de Obras Públicas (González de la Vega, 1855: 121). Traducidas a unidades actuales, resultarían aproximadamente unos 65 m de luz.

Su apertura también aparece comentada en algún periódico de noticias madrileño. Parece que este puente continuó en uso hasta comienzos del siglo XX, ya que según se expone en la crónica del viaje realizado por Alfonso XIII relatado por el corresponsal de La Época en septiembre de 1905, en el momento de atravesarlo tuvieron que desviarse por otro provisional: “el gran puente colgante sobre el río Ebro se ha hundido, y se ven los grandes estribos nada más”. Más tarde fue sustituido por otro metálico, que a su vez tuvo que ser reconstruido tras los daños que sufrió al comienzo de la Guerra Civil (10).

En cualquier caso su construcción primitiva tuvo, prácticamente, que solaparse en el tiempo con el de la localidad palentina de Dueñas, la segunda de las referencias encontradas. De éste sí existen publicadas algunas imágenes que permiten tomar idea de su aspecto (sus dimensiones eran algo mayores a las del Ebro) (Arenas, 2002: 648-650). [Ilustración 02]


Ilustración 02. Perspectiva del desaparecido puente colgante de Dueñas (Palencia)

En este segundo caso su longitud alcanzaba los 72 m, siendo concebido por el también ingeniero Andrés de Mendizábal, autor del primer proyecto del Puente Colgante de Valladolid (Navascués, 2007: 62). Se construyó en 1845, y en las diferentes noticias publicadas en la Revista de Obras Públicas se destacaba la introducción de un sistema especial de pozos de amarre que permitía la inspección de los puntos de anclaje de los cables en los estribos (11), y contó con materiales procedentes de talleres de Valladolid y Bilbao (Navascués, 2007: 66). No obstante, un defectuoso mantenimiento hizo necesario su incautación por parte del Estado (ya que anteriormente era competencia municipal), procediendo a una reparación integral en 1874.

Para cruzar sobre el río Pisuerga, el paso poseía una sección transversal de 5,60 m. repartidos en un carril central de 4 m. y dos andenes laterales de 0,80 m cada uno. El tablero, de madera, se alzaba sin pilas intermedias suspendido de un sistema de cables que colgaban de unos pilares en los extremos, sobre cada uno de los dos estribos. Los pilares presentaban una altura de 7,70 m. separados 4,50 m. entre sí, con una sección rectangular de 1,66 x 1,40 m. El arriostrado longitudinal se conseguía mediante una barandilla de madera de roble en forma de cruz de San Andrés, que aumentaba la rigidez de la sección transversal solidarizándose a las vigas mediante barras de hierro.

Durante su vida útil, el puente fue presa de un incendio en el año 1883 que acabó con el entablado de madera, razón por la cual tuvo que ser repuesto un año más tarde (ver nota 11).

Finalmente, el elevado coste asociado a su mantenimiento hizo valorar su sustitución por otra tipología más adecuada a las nuevas necesidades que el tráfico iba requiriendo. En 1924 se comenzó a construir un nuevo puente de vigas de hormigón armado en su emplazamiento, aprovechando la mayor parte de la obra de fábrica inicial. De entre los puentes colgantes construidos en España, se le reconoce como el más longevo: una vida total de cerca de ochenta años (Abad y Chías, 2008: 338).

Todavía hoy es posible contemplar una tercera estructura de esta tipología. Se trata de una pasarela peatonal, en las inmediaciones de Nogales de Pisuerga, construida el año 1921 según diseño de Alberto Corral, ingeniero que participó en las obras de reforma del puerto de Castro Urdiales en 1881 (Ojeda, 2002: 226-227), y promovido por el dueño de la fábrica textil Campo, el conde de Mansilla. Se levantó para poder conectar la instalación fabril con el poblado que se erigía al otro lado del cauce. Consta de un vano de 30 metros de longitud, con un tablero de madera de poco más de un metro de anchura, suspendido de un sistema de cables amarrados en los estribos. Este paso es tristemente recordado por el fatídico acontecimiento acaecido el día 14 de julio de 1927, cuando cedió ante un exceso de carga. [Ilustración 03]


Ilustración 03. Imagen de la pasarela sobre el río Pisuerga tras su colapso en 1927

Mientras se celebraba una romería, un gran número de personas se acumulaba en uno de los lados apoyándose en su barandilla, lo cual provocó que oscilara lateralmente hasta derrumbarse, falleciendo varios de los congregados en el río. El paso fue reconstruido, siendo procesados el ingeniero y el promotor, y teniendo que esperar ambos hasta que en 1929 se demostrara judicialmente su inocencia tras varios informes periciales (12).

B) Puentes viga

Celosía tipo Town

Con esta forma de rejilla, heredera de las soluciones de vigas utilizadas en Estados Unidos con madera, fueron construidos muchos puentes metálicos en las primeras fases de implantación ferroviaria a nivel nacional. En particular, esta fue la opción desarrollada para los puentes de la línea Alar del Rey-Santander (una de las más tempranas de la península), según la dirección técnica del inglés Alfred Jee con el apoyo su hermano Morland (13). Estos puentes fueron retratados durante y tras su ejecución en uno de los primeros reportajes fotográficos que se conocen en nuestro país, la colección que su autor William Atkinson regaló a la reina Isabel II y se conserva en el Archivo de Palacio Real de Madrid (Aguilar, 2007b: 83). La línea se desarrolla además por un maravilloso paraje natural, el desfiladero del Congosto y las formaciones geológicas de Las Tuerces.[Ilustración 04]


Ilustración 04. El puente del Congosto o de Valoria, sobre el río Pisuerga

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