e-rph 8, jun. 11 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 8, junio 2011
Estudios Generales | Estudios
 
 
El Paseo de los Precursores y los Próceres – Monumento conmemorativo edificado a los Grandes Ilustres Venezolanos – Patrimonio Cultural de Venezuela | María Dolores Ruiz Villoslada
 
     

 

El Monumento Conmemorativo, por lo tanto, adquiere su mayor significación patrimonial en el hecho de demostrar y exaltar con convicción el sentimiento de la nacionalidad como el mejor de los espectáculos de la historia de Nación. En ello reside la importancia de los espacios del bien patrimonial, en los cuales subsiste una simbiosis: “Monumento – Hombre”, ya que conforme se propicia el juego de diálogos entre cada uno de los elementos, durante todo el recorrido por los distintos espacios, se impulsan una serie de emociones que potencialmente van en un aumento gradual y convierten la estancia agradable para los usuarios que la visitan. En virtud a sus cualidades recreativas, es uno de los lugares de la ciudad más frecuentado durante el día, intensificándose los fines de semana, fiestas nacionales, eventos militares, deportivos, o recreativos, lo que lo convierte en un lugar de encuentro y esparcimiento.

En el sitio se entiende claramente el concepto del “juego lúdico” o “el diálogo”, creado por el arquitecto con todos los elementos incorporados en cada uno de los espacios, en los cuales se ofrece la bienvenida al espectador. De nuevo, se hace referencia a lo que cita Pacanins: “Estos suntuosos monumentos traducen en los más nobles materiales, en gigantesco panorama, la historia maravillosa del nacimiento de una nacionalidad surgida en las selvas americanas del contacto febril de tres razas disímiles, que fueron fundiendo, en gestación secular, sus contradictorios elementos hasta florecer al fin, como índice heroico de un nuevo sentir común, en la más deslumbradora epopeya y en el arresto soberano de una bandera, un himno y un escudo, símbolos supremos de las más caras aspiraciones de los fundadores de la República y representación viva de todo cuanto valemos y de todo cuanto soñamos. En ellos palpita el alma misma de la patria y las figuras triunfales que lo encarnan, proyectándose, como en un ímpetu ideal, hacia la altura, constituirán para las generaciones futuras estímulo perenne y permanente lección de fe, de desinterés y de ardor en la defensa de nuestro lar nativo”. (Ibid: 94).

Por su parte, la estética del monumento responde a un tema central, que es el arte de la dictadura, el arte público y político, el escenario para el encuentro entre el mundo civil y militar para festejar la nacionalidad. El ideal militar del prócer mítico, que la patria idealiza, se manifiesta formalmente en el monumento conmemorativo, de forma que los detalles en los elementos formales, de estilo clásico, barroco iluminista y moderno juegan el papel de lo Republicano, mientras que la simetría refiere claramente al orden. En este mismo sentido, el obelisco simboliza la eternidad de los héroes y del monumento, como el centro de equilibrio y referencia. En el Monumento se valoran los ideales del paisajismo francés, programado por el arquitecto, donde se contextualizada el paisaje tropical característico de la ciudad caraqueña y en perfecta armonía y convivencia con el simbólico cerro “El Ávila” (Gurarira Repano), sumándose en una admirable simbiosis con la obra. Es una obra abierta donde las comunidades disfrutan y recuerdan a sus héroes y donde se asocia al dictador con el destino de las grandezas nacionales.

El artículo primero de la Carta de Venecia de 1964 indica, en torno al concepto de monumento que: "...La noción de monumento comprende la creación arquitectónica aislada, así como también el sitio urbano o rural que nos ofrece el testimonio de una civilización particular, de una fase representativa de la evolución, o de un proceso histórico. Se refiere no sólo a las grandes creaciones sino igualmente a las obras modestas que han adquirido, con el tiempo, un significado cultural”. Del cual se desprende la importancia testimonial del patrimonio construido como la identidad cultural de una comunidad” (9).

Por lo tanto, según la misma, esta noción se puede aplicar a todos los bienes culturales que el hombre ha materializado de manera creativa, y de forma individual o colectiva, y que desde la visión histórico-estética, le aportan además la condición de legado del pasado, antiguo o muy cercano, al margen de su mayor o menor belleza. Ello determina la importancia de investigar y ahondar en el concepto de monumento, con el propósito de aprender de él y comunicarnos e identificarnos con la herencia cultural de los pueblos de la Humanidad. Son estos aspectos los que justifican la preservación del monumento, en virtud de su valor como testimonio de la identidad y del legado creado por el hombre, en un tiempo y en un lugar, y, a su vez, los que dotan a la obra aquí estudiada de su condición de obra Monumental Conmemorativa en el espacio público, y, por lo tanto, Patrimonio Cultural de Venezuela.

En definitiva, la antigüedad no es el único condicionante para que un bien patrimonial sea considerado como tal y como Monumento, lo cual se manifiesta en este caso en la condición histórica y testimonial de esta obra que, pese a pertenecer a un pasado muy reciente, representa un momento importante de la Historia de Venezuela, que se ve reflejado en los acontecimientos históricos significativos que conforman la nación, y que se reflejan aquí mediante una apropiación de las fuentes estilísticas de la arquitectura europea. Además forman también parte de él otros determinantes, como los materiales constructivos y el modo de empleo y técnicas en su construcción, dentro de un medio que caracteriza una región particular, en el que no sólo tienen importancia las edificaciones, sino también los espacios ambientales, el paisaje, las costumbres, las actividades de mercado, fiestas patronales, etc., con los que la comunidad vive y participa y que certifican que el pasado es la prueba del proceso histórico de un pueblo, que no son los hechos aislados, sino el conjunto y su origen lo que determina “El Valor de Monumento Patrimonial”.

 

4.- RESEÑA SOBRE LA PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO HISTÓRICO Y ARTÍSTICO VENEZOLANO

Con el empuje que se dio a la modernización de la ciudad de Caracas a mediados del Siglo XX, un importantísimo patrimonio arquitectónico colonial de la ciudad fue demolido para dar paso a las grandes avenidas y edificaciones. En este sentido es importante destacar la opinión del arquitecto Graziano Gasparini (Burelli, 2009): “Yo no he visto ninguna otra ciudad de América Latina, capital sobre todo -que las conozco todas-, que haya destruido tanto de su patrimonio arquitectónico como se destruyó en Caracas. Aquí ha quedado de colonial la Casa Natal del Libertador, por razones obvias, y alguno que otro templo, porque el templo no se vende por metro cuadrado como una casa”.

Como consecuencia de la pérdida de este valioso patrimonio, y ante la tarea de preservar lo poco que quedó, se crea la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación, Órgano dependiente del Ministerio de Justicia, que declara en el año de 1959 Patrimonio Nacional las siguientes edificaciones: La Antigua Corte Suprema de Justicia, Casa Amarilla, Casa Natal del Libertador, Cuadra de Bolívar, Edificio de Correos Esquina de Carmelitas, Escuela de Música José Ángel Lamas, Hacienda La Vega, Palacio de Las Academias, Palacio del Concejo Municipal, Palacio Federal Legislativo, Quinta Anauco Arriba, Quinta Arauco, Teatro Municipal, entre otros.

En virtud de ello, personajes ilustres como Carlos Manuel Moller y Mauro Páez Pumar fueron los pioneros en la conservación del patrimonio edificado, además de presidir la Junta Nacional Protectora. También fueron los promotores de un importante museo: El Museo de Arte Colonial de Caracas, fundado el 28 de octubre de 1942, por el Dr. Alfredo Machado Hernández. Es importante destacar que, desde finales del siglo XIX, existió ya una conciencia por recuperar la memoria histórica: “...hubo personas que tomaron conciencia de la desaparición irremediable de ese legado y comenzaron a recoger objetos, cuadros, muebles, etc., con el fin de salvarlos de la destrucción. Aparecieron entonces los primeros coleccionistas de arte colonial venezolano, quienes se dieron a la tarea de rastrear por las casas de viejas familias, sacristías, casas de empeño y hasta camiones de basura (...) Las colecciones que se formaron entonces fueron heterogéneas, sufriendo las consecuencias del casi total desconocimiento de la conservación y modernas técnicas de restauración. Sin embargo, la pasión y hermandad que provino del refinamiento de los coleccionistas de las primeras décadas del siglo, hizo que se salvaran muchas de las obras maestras de aquel período colonial" (10).

En la década de los sesenta y setenta arrancan planes de recuperación del patrimonio colonial edificado. Es el arquitecto Graciano Gasparini quien marca las pautas de la restauración, interviniendo la gran mayoría de templos, fortines, conventos y demás edificaciones coloniales. Hoy sus intervenciones han sido criticadas. Aun así, su labor académica aportará el camino a unas bases para la protección, conservación y la restauración del patrimonio cultural venezolano desde una visión más científica. En 1995 organiza el Primer Seminario sobre Conservación y Restauración de Monumentos. A su vez, destacan sus grandes aportes al conocimiento y a la valoración de la arquitectura colonial venezolana.

En entrevista realizada por Guadalupe Burelli al arquitecto Graziano Gasparini, le formulada la siguiente pregunta: ¿Antes de usted en Venezuela no se había emprendido seriamente la restauración de obras arquitectónicas? El arquitecto revela su visión: “Que yo sepa, no. El único caso de restauración fue el de la Casa Natal de El Libertador, en 1919, emprendido por un grupo de ilustres donde estaban, entre otros, Malaussena y Cristóbal Mendoza. Pero en aquel momento no se había impuesto todavía el criterio de mantener la autenticidad en la restauración, y sobre todo, cuando había que restaurar la casa de un personaje tan importante como Bolívar, el criterio no era restaurar sino ennoblecer, mejorar, «dignificar»; y entonces las columnas no podían ser de ladrillos redondos revestidos de cal, sino de mármol, y la fachada no podía ser de cal sino de taquitos de mármol también, como está ahora. En fin, son criterios que hay que respetar porque son la expresión de un momento. A lo mejor mañana dirán que nosotros nos equivocamos, pero no creo, porque el criterio que hemos utilizado, que es un criterio muy de los restauradores ingleses, mantiene que es importante no solamente la parte tangible del monumento, sino el valor de la memoria que ese monumento tuvo en nuestros antepasados y que, por lo tanto, nosotros no tenemos el derecho de destruir sino mantener esa imagen para las generaciones futuras. Ese fue el concepto que yo adopté justamente en la restauración de la catedral de Coro, que tanto me criticaron” (Burelli, 2009).

Un dato preciso en este sentido de protección del patrimonio cultural en Venezuela, se valora cuando el Dr. Jesús María Bianco crea, el 22 de enero 1968, la primera Junta para la Restauración y Mantenimiento de las Obras de Arte de la Universidad Central de Venezuela, presidida por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva y conformada por un nutrido grupo de ilustres académicos y personalidades, cuya finalidad fue la de prevenir y tomar acciones de protección del patrimonio artístico de la Universidad Central de Venezuela.

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