e-rph 9, dic. 11 | ISSN 1988-7213 | revista semestral
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e-rph nº 9, diciembre 2011
Iniciativas ciudadanas | Experiencias
 
 
La Huerta de Murcia. Propuestas y acciones para su conservación desde la movilización ciudadana | José Antonio Moreno Micol

 
 
 

 

3.- PRINCIPALES AMENAZAS

A) El urbanismo devorador

El paisaje de la Huerta ha ido cambiando en función de una mayor rentabilidad económica, pero manteniéndose siempre como espacio agrario. A partir de los años 60 este espacio, que había permanecido inalterable durante siglos, comenzó a perder valor agrario por una serie de circunstancias. La falta de rentabilidad y la aparición de alternativas de empleo no agrícolas, la escasez de inversiones y servicios en las pedanías, la falta de relevo generacional y la visión negativa de la agricultura, junto al crecimiento de la ciudad de Murcia, fueron transformando el paisaje en una mezcla desordenada de huertos, cultivos abandonados, chales, urbanizaciones e industrias. En los últimos años la expansión urbanística de la ciudad y las pedanías ha convertido este suelo en un valor especulativo, agravando con ello la situación y convirtiendo gran parte de este vergel en un lugar insostenible desde el punto de vista socioeconómico, cultural y ambiental, reduciéndose, en los entornos más cercanos a los núcleos urbanos, a solares, escombreras y zonas marginales. [Ilustración 04]


Ilustración 04. Desarrollos urbanos en la huerta Norte (Urbanización Joven Futura).

En el año 2001 el Ayuntamiento de Murcia aprobó el Plan General de Ordenación Urbana de Murcia (PGOU) determinando en el estudio de impacto ambiental la protección de 78.117.368 m2 de suelo de huerta, pero, durante los dos años que duró la tramitación, se eliminaron 4.907.368 m2 quedando definitivamente 73.210.000 m2 protegidos.

En los siete años siguientes se aprobaron una serie de modificaciones que supusieron la pérdida de 400.000 m2, aunque el mayor ataque al suelo de huerta se producirá en 2006 con la adaptación del PGOU a la Ley del Suelo de la Región de Murcia, con la que el Ayuntamiento reclasificó 25.204.000 m2 de suelo no urbanizable, pasando a ser 12.349.000 m2 suelo urbano directo (agrupaciones lineales), y los restantes 12.855.000 m2 a urbanizable (S.U.E.), quedando así en 47.606.000 m2 la cantidad de suelo de huerta protegido. No contentos todavía, ese suelo de huerta que había quedado pasa a ser suelo no urbanizable inadecuado, convirtiéndose así en mero reservorio para futuras necesidades urbanísticas.(2)

Lo más grave de esta situación es que nos encontramos ante un PGOU que en 2001 protegía, tras el estudio de impacto ambiental, 78.117.368 m2 de suelo de huerta, y tan solo seis años después no quedaba ni un metro protegido, y todo ello sin la obligatoria evaluación de impacto ambiental.

Como consecuencia se han creado unas expectativas urbanísticas que no se corresponden con las necesidades reales del municipio, puesto que el PGOU aprobado en 2001 dispuso suelo para 1.000.000 de habitantes en veinticinco años, y, a día de hoy (10 años después), la población no alcanza los 437.000 habitantes. Por tanto, todas esas reclasificaciones para ampliar el suelo disponible nunca han sido necesarias, respondiendo solamente a razones especulativas que han desembocado en un urbanismo completamente irracional.

B) La destrucción de la red de regadío.

A pesar de los valores arqueológicos, históricos, etnográficos, medioambientales y paisajísticos de la red de regadío, y de ser un elemento fundamental para la conservación de la Huerta de Murcia, esta carece de un reconocimiento cultural y una protección específica. A esta desprotección hay que añadir la degradación que junto a la Huerta sufren las acequias y azarbes que la riegan. Se utilizan para tirar basuras y aguas residuales, se ocupan de manera ilegal los cauces y quijeros, la vigilancia, mantenimiento y conservación es escasa, y como única solución la Junta de Hacendados (responsable de la conservación de los cauces) y varias administraciones con competencias han optado por hacerlas desaparecer bajo un plan de entubamiento indiscriminado e ilegal, destruyendo a su paso toda la flora y fauna que depende de estos cauces, y los valores medioambientales, paisajísticos y culturales que los caracterizan, no dudando en derribar edificios protegidos como la noria de Felices del siglo XVIII, en Javalí Viejo, o el molino de Oliver, en Aljucer, que incluía un escudo heráldico declarado bien de interés cultural. Nos encontramos, en consecuencia, ante una falta de concienciación y reconocimiento de esos valores y, por ende, de la propia Huerta de Murcia como paisaje cultural. Curiosamente estas obras de entubamiento se hacen bajo la excusa de la mejora medioambiental, el ahorro de agua y como solución para la supervivencia de este espacio agrario, negando los daños ocasionados que son evidentes a simple vista, y contradiciendo la propia normativa del Plan Nacional de Regadíos en el que se amparan, donde claramente se obliga a la conservación de los regadíos históricos. [Ilustración 05a] [Ilustración 05b]


Ilustración 05a. Tramo de la acequia mayor de Aljufía, con la rueda de La Ñora al fondo (Bien de Interés Cultural), antes de ser entubada, ocasionando un gran impacto medioambiental y paisajístico.




Ilustración 05b. El mismo tramo de la acequia mayor de Aljufía, con la rueda de La Ñora al fondo (Bien de Interés Cultural), después de ser entubada, ocasionando un gran impacto medioambiental y paisajístico.

La aplicación del actual Plan Nacional de Modernización de Regadíos en la Huerta de Murcia debería de haber consistido en la conservación del regadío tradicional y la puesta en valor de sus características ambientales, paisajísticas y culturales, pero la comunidad de regantes, junto con las distintas administraciones competentes en materia de agua, han seguido aprobando proyectos de entubamiento de cauces de manera indiscriminada, aún careciendo de los requisitos legales como son un Plan de Modernización con su correspondiente evaluación de impacto ambiental y los tramites de exposición pública. Al carecer de la aprobación administrativa y de los trámites medioambientales se están incumpliendo las normativas regionales, estatales y comunitarias. De esta manera se han ido destruyendo kilómetros de cauces, lo que ha ocasionado un desequilibrio en el ecosistema de la Huerta (pérdida de biodiversidad, microclima, nivel freático) y una degradación del paisaje. Pero, además, sobre estos cauces se han construido nuevos caminos que cuartean aun más la superficie de la Huerta y abren la puerta a construcciones de viviendas ilegales y futuras reclasificaciones del suelo.

 

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